La Legendaria Patada
Valentino Rossi es Dios en Italia. Es muy difícil convertirse en una Leyenda dentro de tu propia disciplina deportiva, más difícil aún es convertirse en un Icono Cultural de todo un país y más difícil todavía es hacerlo en un deporte que puede considerarse de nicho como es el motociclismo, por mucho que siempre me haya gustado. Y sin embargo, aquí estoy Yo hablándoles de él. Hoy en Una Mirada Subjetiva les ofrezco una reflexión y mi visión de una figura que nunca dejó a nadie indiferente: Il Dottore, Valentino Rossi.
Por darles un poco de contexto, por si no están ustedes familiarizados con la tradición de MotoGP, siempre he considerado a título personal que el Motociclismo tiene tres grandes focos, uno en relación a la producción, el desarrollo y la manufactura de motocicletas; y los otros dos en relación a los pilotos que las conducen. El primero de ellos es Japón, cuna de los fabricantes y constructores más prestigiosos, ganadores y legendarios de la Historia del Motociclismo como son, sobre todo, Honda y Yamaha. Más allá de la competición, igualmente, siempre ha circulado (y Yo me he encargado de contribuir a ello) la máxima que reza “Si no es japonesa, no es una moto”*, que todavía suscribo a día de hoy. Pero a pesar de haber tenido muy buenos pilotos, nunca han destacado tanto en este ámbito. Es ahí donde entran los otros dos grandes focos del deporte de motor a dos ruedas: Italia y España.
[Nota: Como fanático acérrimo de las deportivas, a veces uso la frase como provocación descarada para los fanáticos de las cruisers, las custom y las choppers. Pero lo que sí es cierto es que los japoneses han dominado históricamente la competición y el mercado de las deportivas con marcas como Honda, Yamaha, Suzuki y Kawasaki. Honda posee 72 campeonatos entre todas las categorías y 25 en la categoría reina; y Yamaha tiene 48 con 14 en la máxima categoría. Suzuki y Kawasaki tienen unos números más modestos con 15 y 9 respectivamente (con solo Suzuki ganando 7 en la categoría reina). Sí que es cierto que los fabricantes italianos también tienen un buen registro, con sobre todo MV Agusta ganando 37 campeonatos (16 de la clase principal), pero si conoces tanto a la propia marca como sus logros probablemente seas una persona muy mayor (su último campeonato fue en 1974) o un jugador del mítico Tourist Trophy de PS2 (el Gran Turismo de las motos). En el presente, Ducati es el fabricante que ha establecido un dominio más férreo en la década de los 20, pero los italianos aún están muy lejos de los japoneses históricamente. Si contamos las victorias en carreras, Japón tiene más de 650, mientras que Italia ronda aún la mitad de esa cifra. Además de esto, las marcas japonesas y asiáticas en general son las más vendidas y populares en todo el mundo, y las que hacen también las motos más famosas o de mayor rendimiento. ¿A quién no le gusta la Kawasaki Ninja en verde lima?]
Los mediterráneos han sabido darle a este deporte sus mejores y más habilidosos pilotos con nombres como Agostini, Márquez y como no, Rossi. Puede discutirse quién es el mejor de todos, pero no cabe duda de que el más mediático, popular, querido y el que más ha trascendido el motociclismo ha sido Valentino Rossi. No se debe menospreciar a países con una gran tradición como el Reino Unido (Hailwood o Surtees, único piloto en la Historia que ha sido capaz de ganar tanto la F1 como el MotoGP) o Australia (Doohan, Stoner); pero no se pueden comparar a nivel histórico y de consistencia con Italia y España.
El hecho de que la mayoría de pilotos destacables sean italianos y españoles es el condimento ideal para el aspecto mediático, publicitario y comercial del producto. O al menos así fue durante la Era Dorada de la que hablaremos aquí. Con el carácter frecuentemente explosivo, arrogante y orgulloso que caracteriza tanto a unos como a otros, los cruces de declaraciones, los gestos, la competitividad y en muchos casos las acciones dentro de la pista le daban a MotoGP un atractivo increíble, algo que si los pilotos fuesen por ejemplo nipones sería muy difícil de replicar y probablemente no tendría. No tanto por falta de talento, sino de viveza. Aunque a veces ha habido grandes pilotos que, sin ser italianos o españoles, también han sabido participar en este juego, como cierto australiano que también vamos a comentar.
Existe cierto debate sobre cuál es la Era Dorada de MotoGP, con muchos postulando que dicha época se corresponde con la Era de los Dos Tiempos y los 500 centímetros cúbicos entre los 80 y los 90. Pero yo me inclino más hacia la Era de la Transición a los Cuatro Tiempos y la “Era MotoGP”, con motores que llegaron prácticamente a duplicar la cilindrada de la Era 500. Entiendo a los puristas que prefieren la exigencia y la pureza de las máquinas de la Era de Dos Tiempos, en la que no habían ayudas electrónicas y se requería una habilidad fuera de lo común; pero algo que me hace inclinarme hacia la Era MotoGP que comenzó en 2002 es que dio paso a una generación irrepetible.
En la Era Dorada del Motociclismo asistimos a una combinación de sucesos idónea para el producto. Por un lado coincidió una generación histórica con una acumulación de talento descomunal con pilotos con personalidad calientes, eléctricas o temperamentales; por otro, el reglamento y las normas eran coherentes, algo que con el Tiempo dejaría de ser tan así; y por último se trataba de una época en la que ni el rendimiento ni la aerodinámica de la máquina eran suficientes para superar a las manos. El talento era lo que marcaba la diferencia. Era la punta de lanza que teníamos quienes preferíamos MotoGP a la F1. Siempre se solía decir aquello de que en las motos gana el piloto, no la máquina.
El propio Rossi se tomó muy en serio esa máxima. No le bastaba con ser ganador en dos eras diferentes*, también quería demostrar que no necesitaba la mejor moto para hacerlo. En el cambio de temporada de 2003 a 2004, Rossi tomó la decisión de dejar Honda por Yamaha para acallar las voces que sugerían que cualquiera podía ganar usando la Honda de aquellos años. Fue llegar y pegar. Rossi ganó con la Yamaha el campeonato de ese mismo año y demostró que el talento estaba por encima de la máquina. El dominio de El Doctor se prolongó durante cinco años. Valentino fue pentacampeón de la categoría reina todos los años desde 2001 hasta 2005 (ambos inclusive).
[Nota: Valentino ganó el último mundial de la categoría 500cc en 2001 y el primero de la categoría MotoGP en 2002]
La racha no se cortó hasta que en 2006 el americano Nicky Hayden se proclamase campeón con una ajustada ventaja sobre Valentino. Rossi perdió ese campeonato por apenas 5 puntos en una temporada en la que curiosamente Hayden solo pudo ganar 2 carreras por las 5 de Rossi, pero en la que al mismo Tiempo el italiano se vio obligado a abandonar en más carreras. Todo se decidiría en la última carrera en el Ricardo Tormo de Valencia, donde Hayden terminó en tercera posición y Rossi acabó decimotercero tras una caída. Un año más tarde sería Casey Stoner el que vencería el campeonato con mucha más autoridad. Pero los dos años siguientes, en las temporadas de 2008 y 2009, Rossi logró otro bicampeonato. El de 2009 sería precisamente su último título, dejando en su palmarés un total de 9 campeonatos, 7 de los cuales fueron en la categoría reina.
Il Dottore siempre fue un tipo ambicioso y con hambre, y nunca le pesó demostrarlo dentro y fuera de los circuitos. Para mi, sin embargo, quedan mucho más en la retina sobre todo sus actos sobre el asfalto. A Rossi se le conoce como el Doctor por la precisión quirúrgica de su pilotaje, pero eso no quita que su estilo tuviese una faceta agresiva y dura. Nunca olvidaré dos incidentes distintos en dos épocas diferentes. Muchos, si sois mínimamente conocedores de este deporte, estaréis pensando en Sepang 2015 porque éste fue quizá el más icónico; pero hay otro hace ya poco más de 20 años que solo recordamos los que ya estamos un poco más mayores. Corría el año 2005, Ernest Riveras todavía tenía pelo y Nico Abad aún no se había abierto canal de Youtube, porque la plataforma ni siquiera había echado a andar*, y daba comienzo en el mes de abril el Campeonato Mundial de Motociclismo en el Circuito de Jerez. La temporada anterior Rossi ganó el título seguido por el español Sete Gibernau, y esta incipiente temporada de 2005 apuntaba a algo parecido. La Honda de Gibernau y la Yamaha de Rossi llegaron a la última vuelta enzarzados en un trepidante duelo por la primera posición. El mejor piloto español contra el mejor piloto italiano en las dos mejores motos japonesas de la parrilla, cabeza con cabeza y codo con codo. Gibernau adelantó a Rossi, Rossi pasó a Gibernau, y éste lo volvió a pasar. Gibernau estaba a una curva de ganar la carrera, pero entonces sucedió lo que Rossi pretendía. Valentino se acercó lo suficiente a Gibernau para que las motos de ambos “se tocaran”. ¿El resultado? Gibernau salió a la grava y Rossi continuó hasta la línea de meta.
[Nota: El primer vídeo de YouTube data del 23 de Abril de 2005; el Gran Premio de Jerez 2005 ocurrió dos semanas antes, el día 10 de ese mismo mes. Ernest Riveras y Nico Abad son dos comentaristas que cubrieron MotoGP para distintas cadenas (Riveras cubrió MotoGP para RTVE entre 2006 y 2011, y para Movistar y Dazn entre 2014 y 2023; Abad lo cubrió en Mediaset entre 2013 y 2018. Ambos protagonizaron hace un par de años una discusión un tanto infantil que opacó al propio motociclismo, ilustrando el mal momento de MotoGP en la presente década. Ninguno de los dos comentaba MotoGP aún en 2005, pero muchos recuerdan todavía a Riveras como “La Voz del Motociclismo en España”]
Este incidente tendría un eco, pero de mucha mayor magnitud, en Sepang 2015. Aunque Jerez 2005 me gusta más (quizá por nostalgia) y es también una de esas instancias en las que se produjo uno de los mejores duelos de la Historia del Motociclismo; Sepang 2015 fue algo muchísimo más significativo por su contexto. Diez años después de lo sucedido en Jerez, el mundo de las motos era uno muy distinto. MotoGP ya había comenzado su transición a la televisión de pago, y la parrilla, las motos y la tecnología eran bastante diferentes a aquellas de 2005. A Rossi ahora le acompañaban nombres muy pesados del motociclismo como Pedrosa, Lorenzo y Márquez, los tres españoles. Márquez venía de ser campeón en 2013 y 2014, augurando lo que estaba por venir; Lorenzo ganó en 2010 y 2012; y aunque a Pedrosa nunca se le terminó dando, siempre fue uno de esos pilotos talentosos que no tuvieron Fortuna (fue subcampeón en tres ocasiones, y tercero en otras tres. Sí, lo sé, Spursy). Durante estos años, Rossi tuvo su fallido paso por Ducati, con una moto todavía muy inferior a las mejores con la que tan solo pudo quedar en sexta y séptima posición, pero tras volver a Yamaha la situación iba a cambiar.
Valentino llegaba a Malasia disputándose el campeonato con Jorge Lorenzo, en ese entonces su compañero de equipo. Rossi lideraba la clasificación con una ligera ventaja sobre Lorenzo, pero Lorenzo venía de recortarle puntos en Philip Island, Australia, y además estaba en un estado de forma excelente para la recta final del campeonato. El italiano sacaba una ventaja de 11 puntos al español a falta de dos carreras, por lo que Rossi tenía el campeonato al alcance de su mano, pero sabía que podía escapársele fácilmente si no tenía cuidado. En la previa a Sepang, Rossi caldeó el ambiente acusando a Márquez de favorecer a su compatriota Lorenzo en Philip Island. Servida la polémica y ya en la carrera, Rossi y Márquez, para ese momento ya rivales consolidados, se vieron envueltos en un duelo de varias vueltas por la tercera posición. Es entonces cuando ocurrió el mítico Incidente de Sepang. Durante la vuelta 13 y en la curva 14, Rossi y Márquez se acercaron lo suficiente como para que Valentino, adelantando por el interior, le tocase y le soltase la pierna en plena curva para hacerlo caer y sacarlo de la pista. Este suceso es probablemente el más famoso, comentado, debatido y analizado en la Historia del Motociclismo de Competición. Todavía se debate la intención del contacto, la intensidad de la patada e incluso si hubo o no patada. Lo cierto es que hay muchos metrajes y en muy buena definición (no en vano ya era 2015) en los que se pueden apreciar los hechos desde distintos ángulos. Y por increíble que parezca aún no está del todo claro qué sucedió, sin haber pruebas concluyentes de la patada de Rossi a Márquez.
Dirección de Carrera llamó a ambos nada más finalizar la carrera y se les pidieron evidencias en vídeo de lo sucedido. Finalmente, se decidió que las acciones de Rossi fueron una conducción irresponsable por sacar intencionalmente a otro corredor. Por ello fue penalizado para el siguiente gran premio, Valencia, el último de la temporada, en el que tendría que salir desde la última posición de la parrilla. Rossi siempre defendió su inocencia y aseguró que sus acciones se produjeron sin ninguna malicia, pero una buena parte del público lo veía y sigue viendo como el responsable de lo sucedido, aunque otros muchos sectores culparon a ambos e incluso solamente a Márquez de lo sucedido. En Sepang, Pedrosa terminó ganando la carrera seguido por Lorenzo en segunda posición, aunque todo eso quedó eclipsado por lo sucedido entre Rossi y Márquez en el duelo por la tercera posición que Rossi terminó asegurando. Todo esto significó un nuevo recorte por parte de Lorenzo a Rossi, quedando el español a tan solo siete puntos de El Doctor.
Ya en Valencia 2015, teniendo que salir desde la última posición en la parrilla y con Lorenzo habiendo logrado la Pole el campeonato parecía estar perdido, aunque muchos decidieron creer en la remontada de Valentino. Ricardo Tormo batió todos los récords de audiencia por televisión de una carrera de motociclismo en la Historia en España e Italia. 6 millones de españoles (más de un 50% de share) se sentó el domingo frente al televisor ya fuese en su casa o en los bares para ver si Lorenzo se consagraba campeón por tercera vez. Casi 10 millones de italianos (prácticamente un 50% de cuota de pantalla también) hicieron lo propio para ver si Rossi lograba la hazaña más grande de su carrera, quién sabe si de todos los Tiempos en el mundo de las motos. No se dió. Rossi logró remontar hasta la cuarta posición, pero no tuvo opciones de adelantar a las Hondas de Pedrosa y Márquez o la Yamaha de su compañero. Lorenzo tuvo que aguantar su posición toda la carrera ante el asedio de sus rivales de Honda, pero finalmente logró su tercer título mundial. Una vez más, Rossi perdía el campeonato mundial por tan solo 5 puntos.
Aunque no ganó el título, Rossi había logrado aquí algo muy importante: Crear una Narrativa. En el Deporte, alejado de su forma más pura y volcado más hacia el entretenimiento (que es el que se consume realmente), son esenciales las Narrativas. Debes acompañar el producto base con algún aliciente para crear un seguimiento, un interés, una base de fans, un reclamo. Puedes preparar un buen plato, pero siempre harán falta especias y condimentos para sazonarlo, para darle sabor. El Deporte, en su esencia más pura, es aquel que se practica, el que se hace cuando sales un domingo a correr, a jugar al fútbol, al baloncesto, al tenis, a aquello que sea de tu interés o preferencia… Pero el deporte, como entretenimiento, es el que pone los culos en los asientos, el que engancha, el que genera. Y para que esto sea así necesitas construir una Narrativa, una Storyline que acompañe lo que suceda en el campo, en la pista, en el circuito. Necesitas rivalidades (un Madrid - Barcelona, un Celtics - Lakers, Federer - Nadal [Aunque pueden añadir a Nole, que sería el Rossi, el Bad Boy del triángulo], Senna - Prost, Alí - Frazier), pero también necesitas elementos que las acompañen y sostengan. Polémicas, cruces de declaraciones, condimentos basados en la Identidad, los Ideales, los Estilos…*
[Nota: No es ningún secreto que le tengo mucho aprecio al Wrestling Profesional no solo por sus aportes conceptuales, sino también por la capacidad de Storytelling en un medio de lo más extraño para contar una Historia: el cuadrilátero. El Wrestling es un deporte-entretenimiento en el que se trabaja en un entorno seguro ensayado como un acto teatral (aunque no exento de riesgos y mucho más físico que el teatro convencional, claro), pero con una dimensión que le añade dinamismo y una carga argumental para nutrir el espectáculo. Con el resto de deportes que tratan de ofrecer un producto “real” si ustedes quieren llamarlo así sucede lo mismo. No basta con establecer una rivalidad con una base normalmente geográfica (como serían los derbis), hay que apelar a la Identidad y lo identificativo. Ninguna rivalidad es buena por sí misma, necesita factores geopolíticos, sociales, raciales… o a veces algo más simple, figuras individuales que la representen. Cristiano Ronaldo y Messi representaron a Madrid y Barcelona siendo los mejores del mundo en su mejor momento; y eso mismo hicieron Chamberlain y Russell o Bird y Johnson para los Celtics y los Lakers en distintas épocas (aunque todos recordemos más a Chamberlain por los Warriors). Por supuesto también hay rivalidad que salen de la Storyline para cimentarse en lo puramente Histórico y político, como suele pasar en las Rivalidades Nacionales o entre atletas representando a una nación (Estados Unidos - Unión Soviética; Serbia - Croacia; India - Pakistán; Corea del Sur - Japón; Grecia - Turquía…). Una Rivalidad debe tener Fundamentos, y por supuesto alicientes y condimentos]
Rossi usó esa supuesta conspiración de los españoles contra él como truco psicológico y para espolear la Rivalidad que mantenía con su propio compañero, pero también con Márquez. En el proceso, consiguió que ese final de temporada fuese uno de los eventos deportivos más seguidos del momento. En este caso podemos apreciar un ejemplo muy claro de lo que trato de decirles. La Rivalidad de Rossi con Lorenzo y Márquez es una manifestación individual de la Rivalidad España - Italia en Motociclismo. Y aquella que tenía solo con Márquez una manifestación de la que existía entonces entre Honda y Yamaha, las más poderosas entonces y las más aclamadas de la Historia.
Valentino es quien me dio a partir del Incidente de Sepang -y espiritualmente del de Jerez por ser el precedente- uno de esos conceptos que tan bien encajan en Apuntes de Terminología, el de La Legendaria Patada. Una muestra de que El Doctor estaba dispuesto a todo para ganar. Como diría el ejecutivo de la NFL Al Davis resumiendo la filosofía de sus Oakland Raiders, popularizada internacionalmente por Eddie Guerrero, “If you are not cheating, you are not trying”. Una actitud y una filosofía que tiene tantos detractores como valedores, y que le ha granjeado a Valentino tantas críticas como alabanzas. La Prueba Final de que para él cualquier cosa era aceptable tanto en los circuitos como fuera de ellos para cumplir con su Ambición. El Fin justificando los Medios. Bastante italiano, sin duda.
Vale volvería a quedar segundo un año más, en 2016 por detrás de Márquez, y tercero ya en el ocaso de su carrera en 2018 por detrás de Márquez y su compatriota Andrea Dovizioso. Después de dos temporadas discretas en 2019 y 2020, Rossi se retiró al terminar el Campeonato Mundial de 2021, con Valencia siendo su última carrera oficial nada menos que a los 42 años de edad, 26 temporadas después de su debut en 1996.
No obstante, la Historia no termina aquí. Hay un último episodio que he querido dejar para el final. Los grandes pilotos de la parrilla entre 2007 y la década de los 2010 nunca se soportaron. No importaba, en muchas ocasiones, que fuesen de la misma nacionalidad. Lorenzo y Pedrosa no se podían ver, siendo obligados en su día por el mismísimo Rey de España -en aquel entonces Juan Carlos I- a darse la mano en Jerez 2008. Tampoco que fuesen compañeros de equipo, como Rossi y Lorenzo, que de tan poco que se soportaban les separaron con una pantalla en el paddock para que no tuviesen que verse entre sí. Pero falta un gran nombre de aquella época que solo hemos mencionado aquí un par de veces de pasada, el del bicampeón Casey Stoner.
Ninguno de estos tipos se caían bien entre sí y no es que se esmerasen mucho en disimularlo. Y eso quedaba claro con episodios como los comentados aquí. Pero faltan los que tal vez sean mis favoritos, protagonizados esta vez por Rossi y Stoner en lo que supuso otra de mis Narrativas favoritas de ese entonces. La Rivalidad entre Vale y el australiano tiene dos momentos definitorios muy memorables. El primero de ellos sucedió en el primer campeonato de los dos que Rossi ganó tras su hiato sin títulos. Y el segundo en Jerez 2011, apenas un año antes del retiro de Stoner.
El primero sucedió en uno de mis circuitos favoritos de todo el automovilismo. El circuito de Laguna Seca en Monterey, California, es uno de los más reconocibles del Mundo y posee una de las curvas más famosas de la Historia. Poco más se le puede pedir. Durante el Campeonato de 2008, Rossi y Stoner llegaron a Laguna Seca separados por 25 puntos, y acaeció que tuvieron que disputarse en la carrera la primera posición en un duelo de mucha intensidad. Como de costumbre, Valentino hizo una de las suyas y adelantó a Stoner en la curva que recién les mencionaba, el archiconocido Sacacorchos, una chicane ciega, rápida y con un descenso de casi 20 metros de altura, equivalente a una caída desde un quinto piso. En lo que muchos consideran el mejor adelantamiento de todos los Tiempos (me incluyo), Rossi hizo la locura de ponerse a la altura de Stoner en el descenso del Sacacorchos, metiéndose por el interior pisando la grava y adelantando así al australiano. Rossi terminó ganando la carrera que cambió el signo del campeonato, asentándose aún más en el liderato hasta ganar todo el campeonato con relativa contundencia. Al hacer su vuelta de victoria, Rossi se bajó de la moto y besó el Sacacorchos. Curiosamente, en 2013 Márquez sería quien emularía al mismo Rossi adelantando al propio italiano en el Sacacorchos, aunque no fuese un episodio de la misma magnitud que el acontecido con Stoner por la importante diferencia contextual.
El segundo ocurrió cuando en la carrera de Jerez 2011, por tratar de forzar un adelantamiento en una curva, Rossi perdió el control de su moto haciendo que tanto él como Stoner cayesen al suelo. La diferencia estuvo en que los comisarios ayudaron rápidamente a recuperarse a Rossi, mientras que Stoner tuvo que retirarse, tremendamente molesto e indignado. Il Dottore había hecho otra de sus meticulosas triquiñuelas. Tras la carrera sucedió lo mejor. Rossi se acercó a ofrecer sus disculpas a Stoner, pero éste no las entendió como sinceras y no las aceptó, espetándole one of the coldest lines de la Historia: “Tu Ambición es más Grande que tu Talento”. Con esto, Stoner soltó sin anestesia una de las líneas más duras que se recuerdan, y desde luego una de las más Legendarias del mundo del Automovilismo en general.
Por muy formidable que me resulte la frase de Stoner, Yo siempre me he preguntado: ¿Era realmente la Ambición de Valentino Rossi más grande que su Talento? Para mí a ratos sí, y a veces no. Lejos de hablar mal de su Talento, el hecho de que su inabarcable Ambición sea comparable a su inmenso Talento, y teniendo en cuenta lo que supone decir esto de un hombre con 9 campeonatos mundiales, lo cierto es que termina resultando más un elogio a ambas características de El Doctor que un menosprecio a cualquiera de las dos. Para muchos, Valentino es el mejor y más talentoso piloto de todos los Tiempos, y para mí también. ¿Pero no puede significar eso precisamente que también era el más ambicioso? No considero que ambas afirmaciones sean mutuamente excluyentes, de hecho, todo lo contrario, creo que tienen un importante grado de compatibilidad y retroalimentación. Ambas, tanto la Ambición como el Talento, se nutrieron entre sí, y terminaron por regar de éxitos una carrera que nunca estuvo escasa de récords, títulos, premios, victorias y reconocimiento. Hay algo aún más importante entre ambas variables, algo fundamental en la dinámica entre ambas: se justificaban entre sí. La Ambición de Vale estaba justificada por lo gigantesco de su Talento; y su Talento precisaba de su tremenda Ambición para expresarse.
Sin suscribir ni desestimar la afirmación de Casey Stoner, no puedo negar que su contenido es bastante sugerente. La Ambición es un Concepto, una Idea, especialmente maltratada por la Psique Humana. De forma prácticamente Universal, todas las culturas y civilizaciones (suele pasar, eh) de las Cuatro Partes del Mundo, como dirían en otras Eras, han interpretado a la Ambición tanto como Virtud y como Vicio, a veces en la frontera de lo pecaminoso.
Piensen ustedes en la Torre de Babel, una Historia sobre la Ambición Humana en busca de Hacerse un Nombre (una expresión que aparece tan pronto como en Gen. 11:4) erigiendo una Torre lo suficientemente grande como para alcanzar el Cielo, para alcanzar a Dios. Y piensen en cómo la Maldición de la Desavenencia subsecuente que la Humanidad recibió como castigo, dispersada y obligada a no entenderse por lo inaceptable -a ojos de lo Divino- de sus ambiciones. Piensen ustedes en Sísifo y Tántalo, condenados a una Infinidad de sufrimiento por sus actos, el primero por engañar a la Muerte para controlar su Destino y evitar su castigo; y el segundo por una secuencia de barbaridades que ciertamente sí que merecían un tormento, aquí se lo concedo a los Dioses*. Piensen, si no les resultan éstos tan familiares, en Ícaro y Prometeo, cuyo Destino en última instancia terminó siendo el que fue por acercarse demasiado al Sol en su ascenso irrefrenable en el caso del primero y por robar el Fuego de los Dioses en el caso del segundo (Interesante analogía en ambos casos, si se fijan). Váyanse más al Este si quieren, donde la Trampa del Deseo (Raga, Dvesha, Avidya…) es literalmente la que alimenta el Ciclo del Renacimiento, el Samsara. También en Oriente, en una de las Épicas más antiguas que conoce este Mundo, Gilgamesh termina su viaje en fracaso terrenal y material, sin lograr la Inmortalidad que anhelaba. Aunque, como ombligo del Mundo que piensan los Occidentales que son (está feo, por mucho que tengan argumentos para ello), los que quizá sean los mejores ejemplos y los más claros están aquí y son los más extendidos, diría Yo. Lucifer es la máxima expresión de la Ambición, el Portador de la Luz (siempre es el elemento recurrente, si se fijan) que quiso superar a Dios en lo que el Altísimo consideró un Acto de Soberbia. Pero no fue suficiente con éste ejemplo, por lo que Adán y Eva cometieron otro acto de rebeldía y desobediencia en su Ambición de ser como Dios comiendo el Fruto Prohibido.
[Nota: Tántalo es con toda probabilidad uno de los burros irrecuperables más irrecuperables de todos los planos de existencia. No sólo era un psicópata de mucho cuidado, sino que además de eso pensaba ser más listo de la cuenta. Tántalo traicionó la confianza de los Dioses filtrando diferentes secretos; sirvió a su propio hijo desmembrado como banquete para tratar de comprobar si los Dioses eran Verdaderamente Omniscientes; y robó el Néctar y la Ambrosía para tratar de convertirse en Inmortal. Por suerte, los Dioses advirtieron inmediatamente que Tántalo les estaba tratando de servir a su hijo, Pélope, en un banquete y lo resucitaron de entre los muertos inmediatamente. Por todas sus fechorías entre las que se incluyen canibalismo, filicidio, robos, Hybris (Soberbia, arrogancia, desmesura) y transgresión de la Xenia (Sagrada Hospitalidad) fue condenado en las profundidades del Tártaro a tener unas Infinitas Sed y Hambre en un lago lleno de árboles frutales. Cada vez que quisiera comer un fruto o beber del agua, éstos se retirarían para que no pudiera hacerlo. Puede verse como algo un tanto más cruel de la cuenta, pero desde luego motivos sobran para condenarlo a ello.]
Simbólicamente, y si ustedes entienden sus propias Leyendas, los mortales solo tienen permitida la Ambición si es para aquello que se considera oportuno. Pueden ustedes hacer lo que quieran, pero hay Límites. Aunque hay también otras formas de ver a la Ambición incluso en las mismas Historias que parecen condenarla. Una lectura diferente, más positiva. Virtuosa. Tomen el ejemplo de Prometeo, cuya historia es en realidad la celebración de la Evolución de la Humanidad y su desarrollo científico y tecnológico, por mucho que acabe mal para él, no es tan así para la Humanidad. Mi querido Prometheus es, esencialmente, un Símbolo del Progreso. Del mismo modo, en el Hinduísmo se incentiva ser ambicioso siempre y cuando sea para buenos fines, siguiendo la rectitud y buscando cumplir con los Purusharthas (Dharma, Artha, Kama, Moksha/Rectitud, Prosperidad, Amor, Liberación). Tanto es así, que la Historia del Rey Sabio Bhagiratha gira en torno a su Deseo y Ambición de traer el río Ganges desde el Cielo a la Tierra para liberar las almas de sus ancestros, comenzando para ello una penitencia y meditación de mil años para conmover a Brahma y Shiva, quienes, movidos por la devoción de Bhagiratha, accedieron a traer a la Diosa Ganga -con la que vendría el río- desde el Cielo, con Shiva sujetando el torrente para evitar la destrucción de la Tierra. Por otro lado, Gilgamesh no logra la Inmortalidad que deseaba, pero sí una aceptación de su Naturaleza, una madurez que le hace comprender que para los mortales, la Inmortalidad se encuentra en el bien que hacen y el legado que dejan para los demás. Y es que tal vez los sumerios fueron los que mejor entendieron el carácter dual de la Ambición, o a quienes mejor se lo supieron transmitir.
Mi Historia favorita en ese sentido es el Descenso de Inanna, la Diosa del Amor y la Guerra. Inanna, deseosa de aumentar su Poder y Soberanía, desciende al Inframundo, gobernado por su hermana Ereshkigal. Inanna no era nueva en esto de volverse más Poderosa, previamente había robado los Mes* a Enki tras un divertido concurso de bebida. Pero en esta ocasión la jugada no le salió tan bien. Inanna debía desprenderse de sus atuendos y adornos para atravesar las Puertas del Inframundo, y cuando llegó ante Ereshkigal, lo hizo sin Poderes ni protección alguna. Su hermana entonces la miró con el Ojo de la Muerte y pronunció su Juicio, poniendo fin a su Vida. Enki tuvo que resucitarla, pero Inanna debía pagar un precio equivalente al de su Vida para que se le permitiese dejar el Inframundo. Alguien que ocupase su lugar. Es entonces cuando su Consorte, Dumuzi, fue reclamado por el Inframundo e Inanna regresó de entre los muertos. Esta Muerte de Inanna a causa de su Ambición tiene un significado simbólico interesante. Representa la aceptación de sus propios límites, pero también la Transformación y la capacidad de crecer más allá de lo anterior. Inanna integra con este Viaje el Amor, la Guerra, la Vida, la Muerte y el Renacimiento, y es lo que consagra a la Diosa como la Reina de los Cielos.
[Nota: Los Mes son un concepto cargado de polisemia y difícil de definir en términos simples. Puede decirse que un Me es una Fórmula Abstracta, un Atributo de Divinidad, un Decreto Divino, un Ritual, un Poder Sagrado o inclusive objetos físicos que sirven para representarlos o transportarlos aunque sean Conceptos Abstractos. Se trata de los sustentos del Cosmos en un sentido Divino y de la Civilización en el mundo más terrenal, en el que se verían reflejados en las normas, instituciones, prácticas, tecnología…]
Historias como éstas en las que la Ambición tiene un carácter ambiguo que puede verse positiva o negativamente hay muchas y en distintas partes del Mundo. Lugalbanda, Arjuna, Psyche, Aeneas… Incluso los Skyfathers como Zeus y Odín tienen una Ambición que podemos catalogar como positiva en la que buscan Poder en el primer caso y Conocimiento en el segundo para preservar el Orden Cósmico o evitar el Fin del Mundo.
¿Y qué hay de ustedes? Sabemos lo que vuestras narraciones religiosas y míticas nos dicen de la Ambición. ¿Pero qué es lo que nos dicen los actos de la Humanidad? A mi Juicio, algo muy parecido a aquellas Historias de las Divinidades, a las que con mucha frecuencia parecen reflejar. Por un lado, Evolución y Progreso tal vez sean dos Ideas incomprensibles o mejor dicho inconcebibles de no ser por la Ambición que existe detrás de ellas. Pero por otro, también es cierto que toda guerra y conflicto en la Historia de la Humanidad, y buena parte de las miserias del Mundo que ésta habita, son una consecuencia directa de ella. De nuevo existe aquí una retroalimentación entre ambas partes, y en última instancia una Transformación. Hay guerra, destrucción y Muerte como consecuencia de las ambiciones humanas, sí; pero también hay Progreso, avances y desarrollo, a menudo como consecuencia directa o indirecta de esas guerras y miserias varias. No justifico con esto la desmesurada y precisamente injustificable tendencia de los hombres a matarse los unos a los otros por y para la satisfacción de deseos personales o colectivos. Pero tampoco puedo negar una parte de la realidad fundamental de la Evolución. Las innovaciones, invenciones y otros grandes progresos del mundo mortal han sido consecuencia de las ambiciones de quienes los impulsaron. Precisamente con esta idea juegan las leyendas de todas partes del Mundo. Un Progreso, que podemos simbolizar con la Luz (Lucifer), el Sol (Ícaro) o el Fuego (Prometheus); elementos todos ellos innegablemente necesarios para la Vida y el desarrollo, pero que mal gestionados, entendidos o tratados pueden tener consecuencias terribles para quienes pretenden adueñarse de ellos o se identifican con ellos. Lo mismo sucede con la Torre, cuyo papel representa por un lado el progreso de la Técnica, la Tecnología y la Ciencia; pero por otro las maldades que pueden hacerse con ellas. Por supuesto, Yo no considero que hacer una Torre (no puedo hablar por otros, eso sí) sea una de esas maldades, pero por ejemplo una bomba termonuclear o un arma biológica de laboratorio lo mismo sí.
Repasemos ya que estamos grandes nombres de vuestra Historia. De hecho, podemos rescatar a varios de los que se mencionaron en la última (y primera) entrega de Una Mirada Subjetiva. Augustus, por ejemplo, es un claro caso de persona ambiciosa que supuso un punto de inflexión en la Historia. Y eso mismo puede aplicarse con cualquier gran líder anterior o posterior. Sargón, Ramsés, Ciro, Alejandro, Gengis, Julio, Carlomagno, Justiniano, Guillermo I, Mehmed II, Isabel I, Carlos I, Felipe II, Luis XIV, Napoleón, Catalina, Victoria, Hitler, Stalin, Mao, e incluso Trump si se quiere por tener un caso actual… No hace falta ser un renombrado conquistador para entrar en esta lista. Los afamados Libertadores, Padres Fundadores y Próceres Nacionales lo son a menudo por haber sido capaces de manifestar sus ambiciones de liberación -y sus propios intereses implicados en ellas, todo hay que decirlo- para sentar las bases de un proyecto nacional. Bolívar, Washington, San Martín, Garibaldi, Bismarck, Sun Yat-sen, Ataturk, Lenin, Gandhi, Ho Chi Minh… Igual con los Héroes Nacionales. Por empezar, ustedes saben que Yo la quiero muchísimo a Jeanne d’Arc, la amo, pero ella no habría podido luchar por su causa e ideales si no fuese movida por su Ambición, como tampoco lo habrían hecho por los suyos Nevsky, Díaz de Vivar, Mandela, Nevsky, Nobunaga, Wallace, Boadicea, Sejong, Yue Fei, Shaka, Nkrumah, Lumumba, Menelik II… En muchos casos, estos grandes líderes, conquistadores, libertadores, fundadores y héroes no eran solamente una de éstas cosas, lo cual es lógico atendiendo a la Ambición que caracterizaba a éstas figuras. A menudo nos encontramos con que los Héroes o los Padres de una Nación eran también conquistadores o guerreros.
Cuidado, esto no quiere decir que justifico las acciones o comparto los ideales de todas estas figuras. En algunos casos sí, en otros no. A algunos les tengo aprecio, y a otros los puedo detestar. Algunos tenían una Ambición noble y virtuosa, y otros tenían unas tendencias más cuestionables. Muchos de ellos acabarán protagonizando alguna Mirada Subjetiva y ahí ya veremos qué pasa en cada caso. Pero de lo que no cabe duda es que para aquellos que están destinados a definir una Era, una Nación o transformar el Mundo y la Realidad que les toca vivir, es necesario que se produzca una combinación de factores bastante improbable. Ya se habló cuando tocó la entrada de Augustus, se necesita Destreza, Habilidad, Talento, y por supuesto Suerte. Pero también es imprescindible la Ambición. Una Ambición que puede conducirse para bien o para mal.
No necesitamos irnos exclusivamente a figuras de la magnitud que hemos considerado hasta ahora. He puesto ejemplos de cómo es la Ambición en relación a Dioses, Héroes, Líderes y Leyendas, pero como diría Andrew Ryan, aquí ni siquiera hacen falta ni Dioses ni Reyes, solo el Hombre. Esta entrada está dedicada de hecho a Valentino Rossi, un piloto de motociclismo. Podría haberlo estado de forma similar a Jordan, Cristiano Ronaldo o Nole; a los cuales también tilda o ha tildado el público de ambiciosos. E incluso con ellos apreciamos la misma ambivalencia que presenta el concepto que se les atribuye. Hay quienes les aman, hay quienes les odian. Hay quienes ven su Ambición como un ejemplo a seguir de persistencia, Determinación y constancia; hay quienes la entienden como una obsesión insana, como arrogancia, Soberbia o como una forma de engrandecer su ya dilatado Ego. Si me preguntan a mí, estoy más cerca de lo primero que de lo segundo, pero también comprendo la postura contraria y en cierto modo considero que ambas caras conforman una misma moneda. Puedes ser ambicioso por una buena causa, por el bien común o por cualquier efecto positivo, y por ello ser un ejemplo a seguir; pero también puedes hacerlo -de forma no excluyente- por tu propia satisfacción, para ser el mejor, para saciar tu Deseo, y por ello ser, como poco, cuestionado. Es más, la Ambición también se presenta en figuras que poco o nada tienen que ver con la competitividad propia del Deporte (sí con otras competitividades, quizá) o con el Heroísmo y la Grandeza de líderes y leyendas. Miren ustedes a los grandes pensadores, artistas, descubridores, inventores, científicos e innovadores. Porque no se piensen ustedes que Galileo, Miguel Ángel, Newton, Aristóteles o Leonardo no eran ambiciosos, tal vez lo fuesen más que muchos generales y comandantes. De una forma u otra, todos fueron sujetos de grandes ambiciones que trataban de resolver un problema, mejorar la calidad y condiciones de vida, satisfacer una Necesidad, cumplir un Sueño, contribuir al Progreso, entender o mejorar el Mundo que les rodeaba o simplemente obtener mera realización personal aún si por el bien común o para cumplir un propósito ésta fuese. No hay figura de estas características ya sea en Ciencias, Artes o cualquier tipo de disciplina u oficio que haya estado libre de ambiciones e intensas aspiraciones. La razón por la que hemos escogido a Rossi por sobre todos los demás es porque Casey Stoner nos lo puso en bandeja y nos ha dado mucho juego. Y por la Legendaria Patada, para qué mentirnos. A fin de cuentas la Legendaria Patada es un Acto de pura Ambición.
La Ambición como Impulso, empuje y motivación es al final algo que cualquiera puede tener sin importar cuales sean sus obligaciones, implicaciones u ocupaciones. Tan ambicioso puede ser un pintor como un comandante, o un comandante que empiece como pintor, ¿no les parece? Puede sonar como una alusión exclusivamente a Adolf, pero les sorprendería la cantidad de generales y comandantes a lo largo de la Historia que han tenido también inquietudes culturales y artísticas. Hasta Bob Ross fue un sargento bastante gritón antes de enseñar a pintar con su característico y somnífero tono. Aunque creo Yo que el bueno de Bob puede calificarse de todo menos ambicioso, eso sí.
Lo problemático de esto son las consecuencias de esa Ambición ya sea a nivel personal o para con los demás. Si algo puede aprenderse de muchos de los casos aquí expuestos, es que ser ambicioso puede reportar grandes beneficios ya sea para uno mismo o para el Mundo en general; pero ese mismo Impulso que te lleva a hacer algo Grande es el que puede llegar a destruirte. Hay dos malos caminos por los que puede llevarte la Ambición. Uno es el de la extralimitación, y otro el de la traición.
El primer caso es algo que podemos apreciar con claridad en la anécdota de Rossi con Stoner. La extralimitación conduce a muchos lugares, ninguno de los cuales recomiendo visitar. Al exceso de confianza. A la sobreestimación de las propias capacidades y subestimación de las ajenas. Al error de cálculo. A cruzar líneas. Todo eso como consecuencia directa de una Ambición desmedida que no se ha sabido controlar. Este es un hecho bastante reconocible y que puede encontrarse en la caída de muchas de las grandes figuras de la Historia. El ejemplo tradicional siempre será Napoleón y su accidentada invasión de Rusia, que incluye un poco de todo lo que les digo. Tiene un exceso de confianza en su Grande Armée; una sobreestimación de sus tácticas y una subestimación de las condiciones geográficas, climáticas y estratégicas del terreno enemigo y del propio enemigo en sí; y un error de cálculo descomunal en toda su campaña. Pero hay muchos otros casos. Hitler hizo un mirror de Napoleón con la Operación Barbarroja y el consecuente fracaso de la campaña contra la Unión Soviética. Pero antes de que Rusia tuviese el honor de ser el Cementerio de Ambiciones de Europa, Persia ocupó durante siglos ese lugar. En lo que algunos llamamos “Síndrome de Alejandro Magno” numerosos líderes y emperadores de la Antigüedad Clásica y Tardía trataron de emular al macedonio iniciando desastrosas campañas contra el Imperio Parto y luego el Imperio Sasánida. Craso, Marco Antonio, Valeriano y Juliano se vieron fuertes y pensaron que podrían conquistar lo que hoy en día es Irán (algunas cosas no cambian nunca) pero nunca estuvieron ni cerca de lograrlo, y con frecuencia les costó enormes pérdidas o la propia vida. Algo parecido ha sucedido tradicionalmente con Afganistán, conocido históricamente como el Cementerio de Imperios por resistir los embates del Imperio Británico, la Unión Soviética y los Estados Unidos. Creyendo todos ellos que la conquista del montañoso país asiático sería un paseo y pensando que su superioridad logística y tecnológica les daría una victoria fácil, la realidad terminó siendo otra muy distinta y terminaron en un cenagal del que tuvieron que huir. Hay que saber no extralimitarse, o al menos hacerlo con cierta Gracia. Cuando Stoner le espetó a Rossi que su Ambición era más grande que su Talento lo que le dijo es que se había extralimitado, que había cruzado una línea que no debió haber cruzado. Y que probablemente nunca habría cruzado si no fuese un tipo ambicioso.
El segundo caso también es recurrente en vuestro Mundo, y lo mejor es que funciona en las dos direcciones. Me explico. La Ambición puede conducirte a ser traicionado, pero también a que seas tú el perpetrador de la traición. Tradicionalmente y desde que Shakespeare lo dramatizase hay un ejemplo que lo ilustra a la perfección. Caesar fue traicionado en cierto modo por su embriaguez de Poder. El último de la República se nombró a sí mismo dictador perpetuo (cruzando líneas y extralimitándose, por cierto) aceptando de esta forma un poder cuasi-monárquico que naturalmente no gustó al Senado. Alimentados por la tendencia autocrática de Caesar y por supuesto por su propia Ambición de conservar el Poder que tradicionalmente habían ostentado, los senadores le asesinaron con ensañamiento poniendo fin a su periodo al frente de la República Romana. Este fenómeno no nos es ajeno en Una Mirada Subjetiva, ya que en la anterior entrega vimos como esos que podíamos considerar “segundas espadas” que tanto ayudaban y apoyaban a los grandes nombres de la Historia eran traicionados o finalmente despreciados por sus propios líderes o por otras figuras que ansiosas de asegurar una posición mejor o con mayor Poder y riqueza no dudaban en eliminar a todos aquellos que considerasen rivales u obstáculos. Ahora, curiosamente, podemos verlo desde el otro lado también. Podemos ver quién es traicionado y por qué es traicionado; pero también podemos ver el punto de vista de aquellos que lo traicionan. Sus inquietudes y ambiciones. Consideren muchos casos a este respecto con nombres que ya hemos visto ya sea en esta o en la otra entrada. Belisarius y la señorita Jeanne fueron traicionados o abandonados por quienes detentaban el Poder por temor a que su influencia y popularidad creciese. Otros como Viriato o Wallace fueron vendidos por bienes y riquezas. Y otros como Robespierre lo fueron tal vez por miedo. Pero en todos los casos subyace el mismo motivo: una Ambición. Tanto es así que la que probablemente sea la traición más grande de todos los Tiempos fue una por un puñado de monedas. Fue en definitiva la Ambición la que puso fin a la vida del Señor Jesucristo, pero no fue la suya, sino la de quienes le rodeaban. Aunque pueda ser un gran Impulso personal, tener un carácter ambicioso también puede hacerte más susceptible a la manipulación, más impulsivo, más agresivo y desde luego mucho menos cauto.
La Ambición realmente no tiene una carga natural. Ni positiva, ni negativa. Eso, además de ser opiniones y Juicios de valoración humanos, corresponde más bien y responde a para qué se usa esa Ambición y a cómo se usa. Es una cuestión pertinente a los objetivos, medios y fines de la misma, más que a la Ambición per se. Valentino Rossi, que recordemos que es con quien empezó esta historia, siempre fue alguien ambicioso y por supuesto nunca trató de disimularlo. Estaba dispuesto a todo para ganar, y no se puede decir que no lo lograse en hasta 9 ocasiones. La condición de ambicioso al final tiene un vínculo muy estrecho con el Ego, la validación y la satisfacción; pero también acaba siendo un factor determinante para definir el nivel de “hambre” de una persona. Hambre de títulos, de riquezas, de Poder, de reconocimiento… Y eso, salvo casos de personas con condiciones fuera de lo ordinario (no necesariamente para bien), tiende a fomentar un espíritu competitivo, voraz e intenso. Te convierte, como poco, en un sujeto llamativo, y como máximo en uno afamado y exitoso.
Preliatore, siempre alejado de las consideraciones conceptuales de los que aparentan ser sus pares pero no son tales, no tiene como explicó este tipo de aspiraciones mundanas, y posee una Ambición un tanto diferente. Desmarcada de lo habitual. Anticompetitiva. No obstante, aplican los mismos términos y condiciones que para aquellas ambiciones competitivas y con un objetivo mundano. Como las aspiraciones terrenales, las de Preliatore no tienen una carga moral de ningún tipo, más allá de la que uno quiera darle por cuestiones subjetivas. Y también cómo esos deseos pertinentes al Mundo Material, la Ambición que los empuja puede ser el Impulso que lo lleve a hacer algo Grande; pero también el que puede destruirle. Puede llevarle, si es que no lo ha hecho ya acaso, a la extralimitación; y también, si es que no ha incurrido ya en ello como sujeto activo o pasivo, a la traición. Pero lo que no puede otro tipo de Ambición y sí puede la de Preliatore es tomar su mano y conducirlo a un Vacío incierto. De nuevo, sin ningún tipo de atribución o carga que pueda decirse perspectivista; pero qué es lo que sucede cuándo tu Impulso es el de no tener Impulsos. Haciendo la circular, porque todo puede cerrarse o al menos eso me gusta pensar, vuelve a darse el dilema. Hay una Ambición que es Vicio y Pecado, pero hay otra que es Virtud. Pudiera ser que la Ambición de no tener Ambición, una de tantas que me puedan resultar tan sugerentes como aquella de conseguirlo Todo, sea una de estas Virtuosas, pero no por ello deja de ser Ambición.
A título personal -de eso va esta sección después de todo- lo que sí les puedo ofrecer es mi opinión respecto a esto. Creo que es bastante autoevidente por lo que escribo de la Ambición y de aquellos que poseen una remarcable que tengo una perspectiva inclinadamente positiva en líneas generales. Inclinada, pero no decisivamente. Porque uno siempre se reserva el derecho de reconsideración dependiendo de según qué cosas. Puede que me muestre favorable en principio, incluso puedo llegar a entender las extralimitaciones y el exceso de confianza, tal vez incluso los comparta. No obstante, hay una línea roja o dos que conviene no cruzar. Por una parte, la traición es algo que bajo ninguna circunstancia puedo apoyar si el vínculo a romper es sano y/o si la causa de la misma no es Justa. Por otra, hay una traición peor que la que puedes hacerle a los demás, y es la que te haces a ti mismo y tus Principios. Digamos que ¿De qué sirve ser ambicioso, que esencialmente es uno de muchos posibles Actos de Voluntad, si quien lo es va a acabar superponiendo una Voluntad a otra? ¿Qué dice eso de quien se traiciona a sí mismo? Si tan fácil le resulta a uno quebrar su propia Voluntad (sus Principios) por medio de sí misma (su Ambición), ¿Por qué no iba a ser igualmente fácil de quebrar su Ambición?
No es solo la siempre cuestionable traición lo que amerita una revisión. También lo es el objeto de Deseo. Lo que se pretende lograr. Y aquí, en líneas generales, es donde no suelo dar la derecha tan fácilmente. Ya he enfatizado cómo lo que más rechazo genera del concepto de Ambición y lo que más ha influido a la hora de retratarla como un reflejo de distintos defectos del carácter y la personalidad es en realidad lo que rodea a la Ambición más que la Ambición en sí. Pero Yo lo veo de otra forma. Para mí es mucho más importante el fondo que la forma. Y por ende es mucho más significativo la consideración de si aquello que se busca es digno de alabanza. Ganarse mi elogio -por si no es evidente en mis escritos- es casi imposible (a menos que formes parte de LOS, por lo que sea). Puede que tenga una tendencia favorable a la Ambición como Idea, pero pasa justo lo contrario con las aspiraciones de aquellos que la poseen. Lo cual no deja de resultarme un poco triste, si es que algo de veras pudiera entristecerme. Pónganse en mi lugar y lo entenderán. Vean una y otra vez pasar a decenas, cientos o miles de sujetos que poseen tanto el Talento como la Ambición precisa para hacer algo excepcional sólo para terminar desperdiciando, o mejor dicho, desorientando ambas cosas. Por supuesto esto depende de cómo uno interprete lo que se considera como excepcional. A menos que tengan una mala Suerte terrible, quienes poseen tanto la Ambición como el Talento terminan teniendo carreras muy exitosas en aquello a lo que se dedican. Pero la tendencia de los mortales a calificar la Fama y la riqueza como éxito no es algo que resuene mucho con mis valoraciones al respecto. Una Ambición pobremente malversada en lo Temporal nunca será una buena. Incluso aquella que se tiene por el Poder -indistintamente de para qué se use luego ese Poder- no deja de ser en este Mundo una cuestión de Tiempo.
Eso no quiere decir que no pueda hacer cierta apreciación de la persistencia que muestran algunos con sus deseos. Hay quienes muestran una resiliencia y una insistencia increíbles una vez que se han fijado un objetivo, y eso al menos tiene un mínimo de mérito. De hecho, en contadas ocasiones el encomiable esfuerzo que existe detrás del intento de cumplir con un anhelo me puede resultar casi impresionante. Casi. Y lo mismo con la consecución de cualquier tipo de proeza. De la mayoría, como poco.
Tomen como referencia la que ustedes prefieran. En esta entrada hay muchos casos, y se ha puesto especial atención al de Valentino. El Eterno 46 construyó, Ambición y Talento mediante, un éxito material y terrenal. Ganó 9 campeonatos; una cantidad más que importante de dinero; es el único que ha podido ganar el campeonato de 125, 250, 500 y MotoGP; es el piloto con más podios del Motociclismo; el que más carreras disputó; el que más vueltas rápidas tiene y el que más ganó en la categoría reina. Pero también supo construir algo más que eso. En el proceso de lograr todo lo anterior, Rossi pudo probarse a sí mismo y a todo el mundo que era capaz de ganar en cualquiera de las circunstancias. Que las Manos (Heh, ¿Recuerdan?) eran lo que le hacían salir victorioso. Fue el más longevo, ganando con 21 años y con 38 en la máxima categoría. Haciéndolo además en distintas eras, en distintas generaciones y con distintos reglamentos, motocicletas y competidores. Más allá de todo éxito material y tangible Vale logró, además de realizarse como persona y piloto, construir un Legado imborrable como Leyenda absoluta del deporte de motor. Se hizo un Nombre y es Nombre quedará en el Recuerdo. Su 46 fue retirado oficialmente de la competición para que no pueda volver a usarse, su palmarés habla por sí solo, y el simple hecho de tener Una Mirada Subjetiva a su… Nombre también. Eh, tal vez esta sección -y este blog de un un tipo ido y desquiciado en algún rincón perdido de internet- no tengan el Prestigio como para que tener hueco aquí sea una hazaña; pero ya saben ustedes que nosotros no nos guíamos por el Prestigio, sino por el Valor Real de Las Cosas. No vengo con esto a decir que aparecer aquí sea un logro equiparable a ganar Campeonatos Mundiales (tal vez sí), pero no debe andar muy lejos. Il Dottore tiene todo eso y más. Su Ambición le ha reportado un éxito material e inmaterial, algo que pertenece a lo Temporal y algo que perdurará en el Recuerdo y la Memoria. Puede que inconscientemente hayas sido el ejemplo elegido por tu capacidad de representar mediante tu Ambición lo mejor de los Dos Mundos, así como sus ventajas y desventajas, o sus aspectos como Virtud y como defecto. Has hecho un gran trabajo, Doctor. Reformulando a Casey, y para ser Justo contigo, tu Ambición es tan grande como tu Talento. Estoy casi impresionado. Casi.








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