lunes, 27 de julio de 2026

El Criterio de la Vergüenza

 Una Segunda Opinión

Hacía ya tres años que no publicaba una de mis divinas correspondencias. Puede parecer bastante Tiempo, y si estimamos una vida humana quizá lo sea. Pero lo cierto es que para nosotros es una cuantía temporal tan insignificante como lo es, en realidad, cualquier otra. A pesar de la ausencia frecuente aquí no solo de misivas, también de publicaciones en general siendo honesto; raro es el día en que no me comunique de una forma u otra con los Dioses Inmortales, entre los cuales por supuesto no se puede obviar a ella como una de las habituales. No obstante, demasiado sacrificio es ya para mi -por su carácter íntimo, privado y fundamentalmente personal- publicar aquí siquiera los fragmentos que aquí habéis podido ver estos años como para hacerlo con mayor frecuencia. 


Hoy, sin embargo, hago una excepción. Traigo otro tipo de diálogo, también íntimo, privado y personal (demasiado personal). Aunque en esta ocasión no es con mi hermana. Hoy les traigo una Segunda Opinión. Aquella que tiene el Maestro. Aquel al que aquí siempre llamamos Mentor o Pretor, porque Maestros tenemos muchos. Es, en cualquier caso, gracioso. Porque en cualquiera de los casos presentados, la única versión de los hechos; la única parte de la conversación o fragmento de mis diálogos (sean éstos con quienes sean) siempre es la mía propia. Nunca pueden ustedes ver las respuestas de Atenea a las ya numerosas cartas. Y a buen seguro no van ustedes a conocer la palabra del Pretor por una boca que no sea la mía. En ambos casos, y en otros tantos aquí aún ignorados, existe por mi parte una garantía de veracidad y honestidad: el profundo Respeto y admiración que siento por mis corresponsales. Un Respeto que, dicho sea de paso y ahí reside su valor como garante, nunca Preliatore ha mostrado por nadie más que por sí mismo. Desde luego nunca por simples mortales, al menos. 


Por su hermana puede verse con frecuencia en lo escrito que profesa un cariño y una entrega que roza lo devoto a pesar del vínculo familiar que les une. Por Mentor, por otra parte, Preliatore demuestra una consideración más allá de toda lógica. Ve en él lo que podría volver a ser cuando supere su Ablativo. Siendo dos de las pocas referencias a las que Preliatore acepta escuchar, es innegable que merecen cierto espacio aquí, aunque sea como pequeño presente para los lectores y a modo de garantía de una transparencia que no siempre se ofrece. 


Mentor, a quien vamos a citar aquí hoy frecuentemente, insiste en que cualquier conversación que se haga pública, ya sea con él o con cualquiera catalogable como LOS es un disparate que solo hará al lector considerar que quien se dirige a él padece de los siempre sospechados delirios de grandeza, esquizoparanoia y/o histrionía performática. Cuestiona además, sabiendo de mis cartas, mi acusadamente afectivo lenguaje para con quien debería tratar con más mesura. Pero sabe, pese a todo, que sirve como nuestro particular Criterio de la Vergüenza


El Criterio de la Vergüenza, a veces conocido como Criterio de Dificultad, es una técnica que se emplea en la disciplina histórica y en estudios religiosos para confirmar la veracidad de un hecho. Aunque realmente puede aplicarse a cualquier tipo de discurso. Se trata de un análisis que valora la veracidad o autenticidad de una fuente a partir de un estudio de lo que se relata. Se considera que si lo relatado o mostrado resulta vergonzoso, humillante o difícil para el autor o la causa que apoya, entonces es más probable que sea cierto, en tanto en cuanto dicho autor no tendría ninguna razón para inventar un relato histórico que fuese en contra de su propia causa o intereses. Similar, como sucede en Derecho, a las declaraciones contra el interés propio a nivel jurídico. 


Creo que poca duda cabe de que publicar algunas Cartas a Atenea resulta bastante vergonzoso y difícil para alguien de una naturaleza tan tímida y retraída (frecuento mucho esos adjetivos últimamente a título autodescriptivo y personal, lo sé) como la mía. Son fragmentos en los cuales puede apreciarse vulnerabilidad -algo que no me ha pesado reconocer en entradas recientes- en quien se vende como invulnerable (lo cual siempre voy a mantener igualmente). Además suelen estar cargados de un lenguaje pomposo que no suele ser muy apreciado ni por mi ni por los pocos lectores habituales y que, por si fuera poco, tiene un tono Lovey-Dovey desconcertante si tenemos en cuenta que es Preliatore quien escribe. Leyendo entre líneas, sin embargo, no debería causar desconcierto. Se ve que Preliatore es alguien que siente mucho Amor por los Dioses Inmortales a pesar de lo que pueda parecer a veces. Al menos el Preliatore al que están acostumbrados en el Pretor Diacrónico, porque desde luego no es algo que se deba extender a la ligera a los demás. 


Tampoco, precisamente, al Pretor. Siempre muy crítico con las cartas, su contenido y su lenguaje; pero también con la entrada que les presento ahora. Si poco le gusta a Mentor el tono de admiración acaramelado, empalagoso y a ratos humillante en tanto que humilde con el que Preliatore se dirige a su hermana; menos aún le gusta la audacia con la que publico algo pertinente a su altísima Presencia. Una figura de su estatura merecería por descontado que se respetase su deseo, pero sería criminal negarle al Cosmos un fragmento de su invaluable Conocimiento y Experiencia. Conforme escribo estas palabras en una más que cálida madrugada de verano un extraño escalofrío recorre mi espalda. Trata de hacerme saber que no está del todo conforme con esto, pero lo tolera por lo magnánimo de su Esencia. Como una de las Voces más autorizadas de entre todas las que puedo oír, Mentor es la fuente del Orden desde el Caos; la Serenidad Imperturbable; un lugar Seguro; una Segunda Opinión que cualquiera desearía tener. Ya fuese por sobre la propia o más allá de cualquier otra que pudiesen darte. 


A medida que hablo sobre él o con él percibo como mi expresar y sentir -si es que de eso algo me quedara- tienden, como sucede con Atenea, a lo receptivo y francamente dócil. En cierto modo, confirmo su supuesto, su Criterio de la Vergüenza. Pero qué vergüenza hay en aprender de los mejores, como alguna vez he podido Yo escuchar. Supongo que la de aceptar una posición de objetiva inferioridad, aun siendo por el propio beneficio, algo que no todo Preliatore está dispuesto a hacer. No desde luego los más Poderosos y -en línea con la absurda Grandeza que les define- orgullosos; considerando ellos esta cercanía con Atenea, con Mentor o con cualquier Voz detrás de sí un acto de rendición, sumisión o simplemente, y en esto puede que no les falte razón, entrega. Suerte y desgracia para mi que el mejor y peor de ellos hace mucho que no está aquí. Pero quedan sus Destellos. 


La Segunda Opinión me dice que primero no sea tan intenso conforme escribo a este respecto, y segundo que trate de ignorar cualquier aproximación de ese tipo. Después de todo, ni mi hermana ni él consideran, como si lo hace el más Loco de los Preliatore, que nuestra relación sea de subordinación, sino de aprendizaje. Si Atenea, en calidad de mi más cercana confidente, me dice que hay toda una Vida para Pensar; Mentor, en calidad de sempiterno cohabitante de nuestra Conciencia, y falto Yo de su Segunda Opinión, me enseña que hay toda una Vida para Aprender. Es difícil reconocerlo, cuesta hacerlo y más aún reconciliarlo con la Soberbia que estilamos muchos de nosotros, que no comparten ni una ni otra afirmación. Por descontado tampoco lo harían los ausentes. Más aún si atendemos a que donde hay una Segunda Opinión hay una Tercera, una Cuarta… Que puede o no ir en la misma línea que aquellas que las preceden o seguirán. Y si bien tener una Segunda Opinión es algo recomendable para todos, tener más de dos quizá no lo sea tanto. Por ello, hay que saber conciliar las propias multitudes consigo mismas y con las voces del exterior, incluso cuando no parece posible hacerlo. 


Mentor, del cual algunos desconfían porque por no conocer aún no conozco ni su Verdadero Nombre, es un absoluto referente para este lado de mi Esencia, aunque quizá no lo sea tanto para algunos otros. Aseguran, en ese sentido, que conocer el Nombre Real de algo te otorga un Poder sobre ello. Hipócrita sería, sin embargo, mostrarse crítico con la Opacidad de su figura cuando ni siquiera recordamos nosotros nuestro propio Verdadero Nombre. Un recurso que funciona en dos direcciones. Evita que pueda ser sometido; al Tiempo que impide un Control parcial definitivo del propio Ser. 


Sea como fuere, figuras como la suya son quizá no necesarias pero sí bienvenidas. Recordemos que Preliatore, en su conjunto y de forma unánime, sólo puede mostrarse receptivo por norma general con algo que considere de igual o superior Orden al suyo propio. Ese criterio, tan arbitrario y voluble como pueda un criterio llegar a ser, es extremadamente difícil de cumplir. Si para desarrollar siquiera una potencialidad emocional-afectiva de corte amoroso preciso de alguien igual o superior a mi; también lo hago para otros asuntos como la Reflexión o el Juicio. Después de todo, poco sentido tendría escuchar una opinión que considero menos formada que la mía propia, y para ello necesito que, como poco, quienes me ofrezcan la Segunda Opinión gocen de un considerable grado de Trascendencia. 


Cuando Mentor me sugiere que aprenda estoy convencido de que no hace referencia a aprender de alguien, ni siquiera de él mismo. Y aunque pudiese parecer que esta Opinión va en la misma línea que la de mi hermana; lo cierto es que la dirección que indica, si bien no es opuesta, no necesariamente confluye con la otra. Supóngase una problemática como la expuesta en mi última misiva. Una Cosa es Pensar en cómo llevarlo o solucionarlo; y otra muy distinta Aprender a hacerlo. Si desde un prisma moderadamente científico o intelectual estuviésemos considerándolo entonces la primera dirección apuntaría mucho más a la Teoría, y la segunda a la Praxis. No está del todo claro qué es lo que debemos aprender o cómo podemos hacerlo. Pero es precisamente por eso que se trata de un aprendizaje. 


Sin que se entienda como una crítica hacia Ellos (porque realmente prefiero que su consejo sea siempre así) aun con lo vagas que son sus propuestas ambos tienen, para sorpresa de nadie, Razón en lo que sugieren. Pero cuántas Vidas pasarán perdidas en mis Pensamientos. Cuántas otras tantas han pasado para Aprender. Tantas como sea necesario, nos repetimos. Fuera del Tiempo no existe Cuantía. Preliatore no puede permitirse claudicar en su Determinación. Hay mucho por hacer. Mi gran señor… Pretor, danos Fuerza. 


Tolle, Lege.


jueves, 4 de junio de 2026

Cartas a Atenea: Una Vida para Pensar

Algo de Valor

Mi apreciada hermana y confidente, me veo en la obligación, a medio camino entre la cortesía y la búsqueda de consuelo, de escribirte una vez más. Busco como siempre en la Infinidad de tu dadivosa Sabiduría el alivio que precisan mis lancinantes Pensamientos; y en tu cálida Presencia y tus inestimables palabras la luz que guíe mi Camino. Agradeceré pues toda instrucción que puedas y desees darme, ya que, al menos aquí, nadie puede hacerlo. Y por descontado nadie puede hacerlo como lo harías tú, mi señora. 


Me encuentro últimamente asolado por una incontenible apatía. Otras veces me he visto en esas, pero nunca por tanto Tiempo como ahora. O quizá siempre lo estoy, pero no es algo que se haga notar tanto como lo está haciendo en estos momentos. No se trata, eso seguro, de una carencia de Propósito o Significado. Tampoco de un vacío en lo personal. Pero sí de una resignación y una tal vez impotencia por no encontrarle una aceptable finalidad a los… Trámites, llamémoslo así, si me lo permites. 


Como ya sabes, porque poco o nada hay que no sepas, los caracteres de la Existencia de alguien de nuestra condición pueden ser muchos y muy variados; y en el particular que a mi me corresponde, me atañe una Naturaleza insuficientemente emocional, pero desbordantemente reflexiva. Atrapado como me veo en las paredes de la prisión de mi propia reflexión, una prisión que Yo mismo parezco haberme creado, solo me queda acudir a la única que puede entenderme más allá de mí mismo, con todas las lecturas, multiplicidades y otredades que eso implica. A ti, mi querida hermana, la única que siento que, siendo más reflexiva aún de lo que soy Yo, puede ayudarme en mis no pocos pesares.


Que quienes no tengamos un lado para lo sentido o no nos dejemos dominar por él y las afecciones que a éste embargan no quiere decir bajo concepto alguno que no tengamos otras inquietudes. Heredados del Pensar en lugar del Sentir, los achaques y malestares que se cargan sobre la Conciencia pueden ser una importante rémora a la hora de proceder. Me pesa, en este sentido y de sobremanera, la sensación de no hacer Progreso incluso cuando el Progreso mismo ha sido consumado; la aflicción de tener un Saber que pocos desearían tener, pero que a buen seguro por volición propia no puedo ni quiero rechazar; y por supuesto la acuciante desidia que acompaña mi tan privilegiada como desafortunada posición. 


Hermana, como alguna vez te he transmitido, me siento cómodo disfrutando del brillo de la admiración que siento por mi mismo. Bebo de él como lo hace mi piel de la Luz de las Estrellas y, como un borracho, olvido cuál es mi posición en este Gran Juego en lo que dura mi ebriedad. Pero lo efímero de la embriaguez me resulta exiguo, por lo temporal de su misericorde Olvido; y por lo insustancial, mas dulce, de la autoindulgencia que puedo llegar a concederme. 


Ahora en plena sobriedad ante tu Divina Presencia, recibo de ti la Iluminación necesaria para finalmente tener mi tan ansiado alivio. Del título de esta misiva extraigo, solo aparentemente ex nihilo, que aún me queda Vida. Toda una Vida. Una Travesía tan interminable como las innumerables inquietudes que me invaden. Por encima de Todas mis Formas siempre me quedará su gran hilo conductor. Siempre me quedará Vida. Una Vida para Pensar. Subvertir el castigo de mi perennidad, convirtiendo el agobio de lo perpetuo en mi única y última Esperanza. Mientras quede un resquicio vital en el Ablativo del Campeón yo seguiré pensando. Propósitos, métodos, finalidades y significados... Que todo malestar y cargo de Conciencia tenga pues la misma solución que su origen. De la reflexión nacerán siempre las Preguntas, pero también las Respuestas. Mi señora, dueña de la visión del mayor de los alcances, con tu Bendición para el buen Juicio todas las complejidades del Mundo resultan simples. Solo espero poder apreciar cuando me tiendas tu mano y, como ahora, no dudaré en tomarla. 


Teniendo toda una Vida para Pensar puedo concluir que la raíz de mi ubicua inapetencia parece radicar en la siempre incierta meta de mis propósitos y Gran Obra, o más que en ellos en los interminables trámites que por circunstancias ajenas incluso a mi Trascendencia precisan. Cómo concluiría en principio resignado cualquier viajero cósmico en mis zapatos... Progresos, éxitos y victorias no traen consigo una satisfacción certera o realización absoluta. Es probable que nunca sepa por qué estoy donde estoy y como estoy. Si mi Paciencia y mi dedicación en la infatigable Búsqueda de Respuestas y Resultados alguna vez se verán justificadas. Pero tal vez exista algo… estimable y digno en la Búsqueda. Algo de Valor.


Algo… más allá… de mi Entendimiento. 


lunes, 20 de abril de 2026

Ases de Bolsillo

 Partir con ventaja

La Suerte es por mucho el factor más decisivo y determinante en la trayectoria vital de cualquier persona. No es el único, claro. Tampoco es una Sentencia o una Condena en sentido estricto. Pero sí algo que se le parece. Tener mejor o peor Fortuna en una serie de cuestiones hará que tu vida sea un infierno en la tierra o un paraíso terrenal. Por supuesto, y gracias a los Dioses, es algo contra lo que uno puede luchar, aunque las probabilidades nunca van a estar de cara. Suena algo pesimista, pero a mi modo de ver sólo estoy siendo tan realista como puedo ser. 


En el Póker, en su variante Hold’em claro está, la mano más fuerte de salida antes del flop (las tres cartas que se colocan en mesa) recibe el nombre de Ases de Bolsillo. Y es exactamente lo que parece ser por su nombre, una pareja de ases. Si tienes la Fortuna de que tus cartas sean unos Ases de Bolsillo tus probabilidades de ganar crecen enormemente. Aunque no debe engañarte el hecho de que la pareja de ases sea la mejor mano inicial posible, no son invencibles y el riesgo de perder siempre está ahí si no juegas con cautela. 


Normalmente, quien por gusto del Azar tiene la buena Fortuna de partir con ventaja tiende a restar importancia a su propia Suerte y a todo aquello que le ha venido dado por causas y motivos que escapan a su control. Pero la Realidad es que alguien en esa situación debería ser extremadamente incompetente para fracasar, y hacer lo mínimo para prosperar. De la misma forma, alguien que parte con pareja de ases lo tiene más fácil para ganar y más difícil para perder.

La Vida en cierto modo guarda bastantes parecidos con ese juego. Ya saben que la vida en este Mundo también es un juego muy perverso. A mi me lo parece, desde luego. La Suerte, que muchos se empeñan en desacreditar como factor de primer orden en lo que se refiere a determinación para la Vida, está presente en muchos de los aspectos básicos y esenciales de vuestra existencia. No elegís ni la familia en la que nacéis, ni el lugar, ni las condiciones socioeconómicas, ni la genética, ni la estética, ni las aptitudes y cualidades físicas y/o mentales que vais a tener o dejar de tener a lo largo de vuestra vida. Eso es algo que os viene dado y sobre lo que no tenéis ningún tipo de control, autonomía, efecto o capacidad de decisión. Tampoco lo tenéis sobre la herencia que os acabará llegando, pues esto depende de las decisiones y acciones que quienes vinieron antes que tú tomaron o no tomaron. Y no hablo solo de la herencia material o económica, aunque esta sea la más importante a efectos prácticos. En el juego perverso que todo el mundo debe jugar, cada persona tiene diferentes manos iniciales, y aunque todos quieren ganar, es indiscutible que quienes han tenido mejor mano inicial disponen de una ventaja significativa sobre aquellos que no. 


Si has tenido buena Fortuna en varios de los aspectos antes mencionados o solo en uno pero de forma desmesurada, entonces tu “mano inicial” puede considerarse buena. Si la has tenido en todos ellos, y encima has tenido la buena Suerte de recibir una gran herencia, entonces tu mano inicial puede decirse que son unos Ases de Bolsillo. Aquellos bendecidos por la pareja de ases y otros muchos con otras buenas manos tienen la buena Fortuna de partir con ventaja. 


La Suerte no lo es Todo, por supuesto. Simplemente ocurre la desgracia de que es tremendamente importante. Pero como en todo juego que se precie, incluso aquellos con unas malas condiciones iniciales pueden ganar. Entran aquí (precisamente) en juego la habilidad y la estrategia. Alguien que tenga unas pésimas condiciones iniciales puede dar la vuelta a su situación si tiene la maña necesaria. La cantidad de tanto esfuerzo como Talento (para el cual también se precisa de Suerte) necesarias para ello dependerá de cuán malas fuesen esas condiciones iniciales, a más mala la salida, mayor lo requerido para su remontada. En función de la dedicación que se ponga y las decisiones que se tomen, los resultados pueden dar un vuelco hacia una buena meta a pesar de lo mala que fuese la posición inicial. Lo mismo sucede a la inversa, quien tuviese unas condiciones iniciales idóneas puede, si toma las peores decisiones, terminar en un doloroso derrotero hacia una meta incierta. Mucho deberá, claro está, esforzarse para ello. Tanto como lo hace quien está en una mala posición inicial para salir de ella. Y también necesitará de Talento, aunque se trate de Talento para obrar siempre en la dirección equivocada. 


Pero fíjense cómo incluso en esto vuelve a incidir la Suerte. En algunos casos no será necesario que esto suceda. Las cualidades de los sujetos y su dedicación serán suficientes para la consecución de sus objetivos. Pero en la mayoría, un golpe de Suerte aquí o allá será preciso para que los resultados sean favorables. Y lo mismo en dirección contraria, lo que la Suerte te ha dado también te lo puede arrebatar. Partir con ventaja no significa necesariamente que vayas a ganar, pero sí que tienes más posibilidades de hacerlo. 


Exactamente eso mismo sucede en el póker. Si tú partes con la mano inicial más fuerte -esos Ases de Bolsillo- tu Suerte antes del flop ha sido increíble. Si tú partes con, convengamos, un 2 y un 7 de distintos palo y color (una de las peores manos posibles) entonces has sido muy desafortunado. Pero todo puede cambiar durante el transcurso de la partida. Supongamos que después del flop, las tres cartas en mesa son más beneficiosas para quien tiene la mano más débil. En nuestro ejemplo particular, entiéndase que sean un 2, un 7 y un -por ejemplo- 4. En esta situación, el que tiene la peor mano inicial pasa a tener una mejoría significativa, con dobles parejas. Y el que tenía la mejor mano inicial sigue teniendo unas posibilidades sólidas de ganar, pero no tiene esa ventaja inicial que era tan grande. Aquí ya ha incidido la Suerte de nuevo, dando esta vez una segunda vida a quien empezó mal y poniendo ahora dificultades a quien empezó bien. Pero más allá de la Suerte, también serán decisivas, a falta de dos cartas más, las decisiones y la estrategia tomada por quienes tienen ambas manos. Si una de las dos cartas restantes es un as, entonces quien tenía la ventaja inicial terminará ganando. Si por el contrario no sale ese as, entonces ganará quien tenía la peor mano. Pero las Estadísticas y las Matemáticas nos dicen que, por lo general, este supuesto no se va a dar con tanta frecuencia, y aun dándose debemos considerar que las probabilidades siempre van a estar en contra de quien tenía la peor mano. Antes del flop, matemáticamente hablando y estimando que hay -como suele pasar- más de dos jugadores (8 por ejemplo y solo para la referencia) el jugador con la pareja de ases tiene muchas probabilidades de ganar, mientras que el del 2 y el 7 lo tiene francamente difícil. La baraja tiene 52 cartas, de las cuales se reparten 16 para los 8 jugadores. Hay 4 ases, de los cuales el que ha recibido los Ases de Bolsillo tiene la mitad. Suponiendo que ningún otro jugador ha recibido un as, los otros dos siguen estando en el monto restante. Con el 2 y el 7 no sucede lo mismo. Teniendo en cuenta que se reparten entre 16 cartas, y restando las dos propias y las dos del que tiene los ases (aunque ningún jugador sabe las cartas del otro) hay 12 cartas restantes en las que puede haber un 2 o un 7 (o varios en ambos casos) en las manos de otros jugadores. Teniendo en cuenta que para vencer una pareja de ases el que tiene el 2 y el 7 necesita como mínimo dobles parejas, sus posibilidades son muy bajas. Después del flop (suponiendo que salga como en el ejemplo que he utilizado), a pesar de que el que posee el 2 y el 7 tiene ahora dobles parejas, las probabilidades de que el que tiene los Ases de Bolsillo reciba otro as para tener trío (y superar las dobles parejas) siguen siendo relativamente altas, y las que tiene el del 2 y el 7 de obtener un full serían mínimas. Obviando el notoriamente importante factor psicológico y estratégico que hay en una partida y centrándonos solo en lo puramente estadístico y matemático, este ejemplo nos sirve para ilustrar cómo tener un buen o mal punto de partida es extremadamente importante en el devenir de los acontecimientos. Dicho de otra manera, para perder, quien tiene la pareja de ases tiene que tener tomar una serie de malas decisiones (ahí entraría ya lo psicológico y estratégico) y tener además de eso una Suerte horrible. Para ganar, quien tiene la mano inicial mala debe tomar las mejores decisiones posibles y, además, tener una Suerte considerable. 


Este extenso y detallado ejercicio mental que les he propuesto me sirve para demostrarles que lo mismo sucede en el videojuego divino que es la Vida. Quien tiene las mejores condiciones iniciales deberá obrar siempre de la peor manera para empeorar su situación; para perder, básicamente. Y aun con todo deberá incidir la mala Suerte para ello, especialmente si las condiciones iniciales son óptimas. Y quien tiene las peores condiciones deberá ejecutar siempre a la perfección las mejores estrategias y tomar las mejores decisiones para mejorar su posición; para ganar, en esencia. Y aun con todo necesitará de una muy buena Fortuna para ello. Ambas cosas son factibles, pero probabilísticamente atípicas, por decirlo de forma sutil.


Hasta qué punto puede sonreír o fruncir el ceño a una persona la Emperatriz del Mundo es algo que solo sabe ella misma. Pero estos son los Hechos. Mi mano inicial en mi presente Forma está lejos de ser la ideal, y aun así dudo mucho que pueda quejarme teniendo en cuenta lo miserable de otras muchas a lo largo y ancho de todo el Mundo. No puedo hablar de las vuestras, porque no conozco la totalidad de sus circunstancias. Aunque algo me dice que en su mayoría serán más buenas que malas. Teniendo en cuenta eso, aquellos que tienen la Suerte de partir con ventaja solo tienen que preocuparse de una cosa, y es mantenerla. Si bien no existen garantías en ninguna de las direcciones, ni hacia la Prosperidad, ni hacia la Ruina; los caminos en ambos casos están muy bien marcados y definidos por los caprichos del Destino. 


"Oportunidad y Remordimiento", Girolamo da Carpi, 1541. Girolamo escoge para su alegoría de la Fortuna al siempre atractivo y bien parecido Kairos. A diferencia de las representaciones habituales que se valen de la imagen de Diosas femeninas como Tyche o Fortuna; Kairos, o Caerus según prefieran, es un Dios que representa un momento específico asociado con la Suerte o la Fortuna: la Oportunidad; el Momento Favorable. Sus atributos y particularidades son bastante familiares. Posee unas pequeñas alas en los talones como aquellas que tiene Hermes; usa una navaja de afeitar para cortar los cabellos de su frente (la Oportunidad) cuando alguien trate de agarrarlos; y camina siempre rápido (más de lo que se puede imaginar) y de puntillas, en este caso sobre una esfera que simboliza la inestabilidad y volubilidad de la Fortuna, así como su Movimiento Perpetuo. Le acompaña una joven mujer que representa, siguiendo a Caerus, el Remordimiento por haber perdido la Oportunidad ya pasada, el Arrepentimiento, la Metanoia. Caerus y Metanoia son el Momento y su Reacción.

Eso desde una perspectiva neutral, claro, no desde la mía. Como alguien que por lo menos a ratos se debe a la precisión matemática y estadística, y por supuesto a los Resultados; no puedo si no volcarme hacia un fuerte Fatalismo. No se puede luchar contra el Destino. Puedes decidir qué hacer con tu mano, pero no cambiar las reglas del juego. Ya sea yendo desde lo próspero a lo miserable o desde la ruina hacia la holgura, siempre lo harás formando parte de un juego con posibilidades limitadas, predefinidas y preestablecidas. Por lo que tener éxito o no termina siendo simplemente irrelevante. Si se tiene, es porque ha sido posible. Si no se tiene, es porque no lo ha sido, y al mismo Tiempo porque existe la posibilidad de no tenerlo. Pero bueno, ignorando esta cuestión podría decirse que lo más importante es vuestra Suerte con la mano inicial, y luego lo que hagáis con ella. La única variable es la dificultad que corresponde a unos y otros prosperar con ella. En definitiva uno se debe durante su Vida a las Oportunidades que le son concedidas, tras las cuales, de no haberlas aprovechado, solo resta el Remordimiento.


Dicho todo esto, consideren a la hora de jugar sus cartas qué clase de juego están jugando y por qué lo están jugando. Tanto los que tienen la Suerte de partir con ventaja como los que por el contrario tienen la mala Fortuna de tener el viento en contra ignoran que, al final, por el mero hecho de jugar, todos son perdedores, pues todos juegan a un juego en el que no se puede ganar. 


Hasta la próxima, jugadores.