lunes, 20 de abril de 2026

Ases de Bolsillo

 Partir con ventaja

La Suerte es por mucho el factor más decisivo y determinante en la trayectoria vital de cualquier persona. No es el único, claro. Tampoco es una Sentencia o una Condena en sentido estricto. Pero sí algo que se le parece. Tener mejor o peor Fortuna en una serie de cuestiones hará que tu vida sea un infierno en la tierra o un paraíso terrenal. Por supuesto, y gracias a los Dioses, es algo contra lo que uno puede luchar, aunque las probabilidades nunca van a estar de cara. Suena algo pesimista, pero a mi modo de ver sólo estoy siendo tan realista como puedo ser. 


En el Póker, en su variante Hold’em claro está, la mano más fuerte de salida antes del flop (las tres cartas que se colocan en mesa) recibe el nombre de Ases de Bolsillo. Y es exactamente lo que parece ser por su nombre, una pareja de ases. Si tienes la Fortuna de que tus cartas sean unos Ases de Bolsillo tus probabilidades de ganar crecen enormemente. Aunque no debe engañarte el hecho de que la pareja de ases sea la mejor mano inicial posible, no son invencibles y el riesgo de perder siempre está ahí si no juegas con cautela. 


Normalmente, quien por gusto del Azar tiene la buena Fortuna de partir con ventaja tiende a restar importancia a su propia Suerte y a todo aquello que le ha venido dado por causas y motivos que escapan a su control. Pero la Realidad es que alguien en esa situación debería ser extremadamente incompetente para fracasar, y hacer lo mínimo para prosperar. De la misma forma, alguien que parte con pareja de ases lo tiene más fácil para ganar y más difícil para perder.

La Vida en cierto modo guarda bastantes parecidos con ese juego. Ya saben que la vida en este Mundo también es un juego muy perverso. A mi me lo parece, desde luego. La Suerte, que muchos se empeñan en desacreditar como factor de primer orden en lo que se refiere a determinación para la Vida, está presente en muchos de los aspectos básicos y esenciales de vuestra existencia. No elegís ni la familia en la que nacéis, ni el lugar, ni las condiciones socioeconómicas, ni la genética, ni la estética, ni las aptitudes y cualidades físicas y/o mentales que vais a tener o dejar de tener a lo largo de vuestra vida. Eso es algo que os viene dado y sobre lo que no tenéis ningún tipo de control, autonomía, efecto o capacidad de decisión. Tampoco lo tenéis sobre la herencia que os acabará llegando, pues esto depende de las decisiones y acciones que quienes vinieron antes que tú tomaron o no tomaron. Y no hablo solo de la herencia material o económica, aunque esta sea la más importante a efectos prácticos. En el juego perverso que todo el mundo debe jugar, cada persona tiene diferentes manos iniciales, y aunque todos quieren ganar, es indiscutible que quienes han tenido mejor mano inicial disponen de una ventaja significativa sobre aquellos que no. 


Si has tenido buena Fortuna en varios de los aspectos antes mencionados o solo en uno pero de forma desmesurada, entonces tu “mano inicial” puede considerarse buena. Si la has tenido en todos ellos, y encima has tenido la buena Suerte de recibir una gran herencia, entonces tu mano inicial puede decirse que son unos Ases de Bolsillo. Aquellos bendecidos por la pareja de ases y otros muchos con otras buenas manos tienen la buena Fortuna de partir con ventaja. 


La Suerte no lo es Todo, por supuesto. Simplemente ocurre la desgracia de que es tremendamente importante. Pero como en todo juego que se precie, incluso aquellos con unas malas condiciones iniciales pueden ganar. Entran aquí (precisamente) en juego la habilidad y la estrategia. Alguien que tenga unas pésimas condiciones iniciales puede dar la vuelta a su situación si tiene la maña necesaria. La cantidad de tanto esfuerzo como Talento (para el cual también se precisa de Suerte) necesarias para ello dependerá de cuán malas fuesen esas condiciones iniciales, a más mala la salida, mayor lo requerido para su remontada. En función de la dedicación que se ponga y las decisiones que se tomen, los resultados pueden dar un vuelco hacia una buena meta a pesar de lo mala que fuese la posición inicial. Lo mismo sucede a la inversa, quien tuviese unas condiciones iniciales idóneas puede, si toma las peores decisiones, terminar en un doloroso derrotero hacia una meta incierta. Mucho deberá, claro está, esforzarse para ello. Tanto como lo hace quien está en una mala posición inicial para salir de ella. Y también necesitará de Talento, aunque se trate de Talento para obrar siempre en la dirección equivocada. 


Pero fíjense cómo incluso en esto vuelve a incidir la Suerte. En algunos casos no será necesario que esto suceda. Las cualidades de los sujetos y su dedicación serán suficientes para la consecución de sus objetivos. Pero en la mayoría, un golpe de Suerte aquí o allá será preciso para que los resultados sean favorables. Y lo mismo en dirección contraria, lo que la Suerte te ha dado también te lo puede arrebatar. Partir con ventaja no significa necesariamente que vayas a ganar, pero sí que tienes más posibilidades de hacerlo. 


Exactamente eso mismo sucede en el póker. Si tú partes con la mano inicial más fuerte -esos Ases de Bolsillo- tu Suerte antes del flop ha sido increíble. Si tú partes con, convengamos, un 2 y un 7 de distintos palo y color (una de las peores manos posibles) entonces has sido muy desafortunado. Pero todo puede cambiar durante el transcurso de la partida. Supongamos que después del flop, las tres cartas en mesa son más beneficiosas para quien tiene la mano más débil. En nuestro ejemplo particular, entiéndase que sean un 2, un 7 y un -por ejemplo- 4. En esta situación, el que tiene la peor mano inicial pasa a tener una mejoría significativa, con dobles parejas. Y el que tenía la mejor mano inicial sigue teniendo unas posibilidades sólidas de ganar, pero no tiene esa ventaja inicial que era tan grande. Aquí ya ha incidido la Suerte de nuevo, dando esta vez una segunda vida a quien empezó mal y poniendo ahora dificultades a quien empezó bien. Pero más allá de la Suerte, también serán decisivas, a falta de dos cartas más, las decisiones y la estrategia tomada por quienes tienen ambas manos. Si una de las dos cartas restantes es un as, entonces quien tenía la ventaja inicial terminará ganando. Si por el contrario no sale ese as, entonces ganará quien tenía la peor mano. Pero las Estadísticas y las Matemáticas nos dicen que, por lo general, este supuesto no se va a dar con tanta frecuencia, y aun dándose debemos considerar que las probabilidades siempre van a estar en contra de quien tenía la peor mano. Antes del flop, matemáticamente hablando y estimando que hay -como suele pasar- más de dos jugadores (8 por ejemplo y solo para la referencia) el jugador con la pareja de ases tiene muchas probabilidades de ganar, mientras que el del 2 y el 7 lo tiene francamente difícil. La baraja tiene 52 cartas, de las cuales se reparten 16 para los 8 jugadores. Hay 4 ases, de los cuales el que ha recibido los Ases de Bolsillo tiene la mitad. Suponiendo que ningún otro jugador ha recibido un as, los otros dos siguen estando en el monto restante. Con el 2 y el 7 no sucede lo mismo. Teniendo en cuenta que se reparten entre 16 cartas, y restando las dos propias y las dos del que tiene los ases (aunque ningún jugador sabe las cartas del otro) hay 12 cartas restantes en las que puede haber un 2 o un 7 (o varios en ambos casos) en las manos de otros jugadores. Teniendo en cuenta que para vencer una pareja de ases el que tiene el 2 y el 7 necesita como mínimo dobles parejas, sus posibilidades son muy bajas. Después del flop (suponiendo que salga como en el ejemplo que he utilizado), a pesar de que el que posee el 2 y el 7 tiene ahora dobles parejas, las probabilidades de que el que tiene los Ases de Bolsillo reciba otro as para tener trío (y superar las dobles parejas) siguen siendo relativamente altas, y las que tiene el del 2 y el 7 de obtener un full serían mínimas. Obviando el notoriamente importante factor psicológico y estratégico que hay en una partida y centrándonos solo en lo puramente estadístico y matemático, este ejemplo nos sirve para ilustrar cómo tener un buen o mal punto de partida es extremadamente importante en el devenir de los acontecimientos. Dicho de otra manera, para perder, quien tiene la pareja de ases tiene que tener tomar una serie de malas decisiones (ahí entraría ya lo psicológico y estratégico) y tener además de eso una Suerte horrible. Para ganar, quien tiene la mano inicial mala debe tomar las mejores decisiones posibles y, además, tener una Suerte considerable. 


Este extenso y detallado ejercicio mental que les he propuesto me sirve para demostrarles que lo mismo sucede en el videojuego divino que es la Vida. Quien tiene las mejores condiciones iniciales deberá obrar siempre de la peor manera para empeorar su situación; para perder, básicamente. Y aun con todo deberá incidir la mala Suerte para ello, especialmente si las condiciones iniciales son óptimas. Y quien tiene las peores condiciones deberá ejecutar siempre a la perfección las mejores estrategias y tomar las mejores decisiones para mejorar su posición; para ganar, en esencia. Y aun con todo necesitará de una muy buena Fortuna para ello. Ambas cosas son factibles, pero probabilísticamente atípicas, por decirlo de forma sutil.


Hasta qué punto puede sonreír o fruncir el ceño a una persona la Emperatriz del Mundo es algo que solo sabe ella misma. Pero estos son los Hechos. Mi mano inicial en mi presente Forma está lejos de ser la ideal, y aun así dudo mucho que pueda quejarme teniendo en cuenta lo miserable de otras muchas a lo largo y ancho de todo el Mundo. No puedo hablar de las vuestras, porque no conozco la totalidad de sus circunstancias. Aunque algo me dice que en su mayoría serán más buenas que malas. Teniendo en cuenta eso, aquellos que tienen la Suerte de partir con ventaja solo tienen que preocuparse de una cosa, y es mantenerla. Si bien no existen garantías en ninguna de las direcciones, ni hacia la Prosperidad, ni hacia la Ruina; los caminos en ambos casos están muy bien marcados y definidos por los caprichos del Destino. 


"Oportunidad y Remordimiento", Girolamo da Carpi, 1541. Girolamo escoge para su alegoría de la Fortuna al siempre atractivo y bien parecido Kairos. A diferencia de las representaciones habituales que se valen de la imagen de Diosas femeninas como Tyche o Fortuna; Kairos, o Caerus según prefieran, es un Dios que representa un momento específico asociado con la Suerte o la Fortuna: la Oportunidad; el Momento Favorable. Sus atributos y particularidades son bastante familiares. Posee unas pequeñas alas en los talones como aquellas que tiene Hermes; usa una navaja de afeitar para cortar los cabellos de su frente (la Oportunidad) cuando alguien trate de agarrarlos; y camina siempre rápido (más de lo que se puede imaginar) y de puntillas, en este caso sobre una esfera que simboliza la inestabilidad y volubilidad de la Fortuna, así como su Movimiento Perpetuo. Le acompaña una joven mujer que representa, siguiendo a Caerus, el Remordimiento por haber perdido la Oportunidad ya pasada, el Arrepentimiento, la Metanoia. Caerus y Metanoia son el Momento y su Reacción.

Eso desde una perspectiva neutral, claro, no desde la mía. Como alguien que por lo menos a ratos se debe a la precisión matemática y estadística, y por supuesto a los Resultados; no puedo si no volcarme hacia un fuerte Fatalismo. No se puede luchar contra el Destino. Puedes decidir qué hacer con tu mano, pero no cambiar las reglas del juego. Ya sea yendo desde lo próspero a lo miserable o desde la ruina hacia la holgura, siempre lo harás formando parte de un juego con posibilidades limitadas, predefinidas y preestablecidas. Por lo que tener éxito o no termina siendo simplemente irrelevante. Si se tiene, es porque ha sido posible. Si no se tiene, es porque no lo ha sido, y al mismo Tiempo porque existe la posibilidad de no tenerlo. Pero bueno, ignorando esta cuestión podría decirse que lo más importante es vuestra Suerte con la mano inicial, y luego lo que hagáis con ella. La única variable es la dificultad que corresponde a unos y otros prosperar con ella. En definitiva uno se debe durante su Vida a las Oportunidades que le son concedidas, tras las cuales, de no haberlas aprovechado, solo resta el Remordimiento.


Dicho todo esto, consideren a la hora de jugar sus cartas qué clase de juego están jugando y por qué lo están jugando. Tanto los que tienen la Suerte de partir con ventaja como los que por el contrario tienen la mala Fortuna de tener el viento en contra ignoran que, al final, por el mero hecho de jugar, todos son perdedores, pues todos juegan a un juego en el que no se puede ganar. 


Hasta la próxima, jugadores.



domingo, 12 de abril de 2026

Ich Liebe Materialismus

 La Salida Fácil


De entre todo modo de pensar o sistema filosófico e ideológico al que acogerse, es el Materialismo el que sin que haya lugar al menor atisbo de duda mejor se ajusta a un Mundo que, por supuesto, es Material. O por lo menos lo es en su superficie y sobre todo en su apariencia. 


Paradójicamente, el título de este artículo está en alemán, lengua de la que proviene el célebre Idealismo Alemán, pero también algunas de las formas de Materialismo más populares. Pero no es por eso por lo que he escogido ese nombre para esta entrada. Y tampoco trato con ello hacer un alarde de capacidad lingüística. Es algo un tanto más rebuscado. Decía Wilhelm “Doktor” Voigt en Metal Gear Rising aquello de “Ich liebe Kapitalismus” que hasta alguien con un escaso o nulo nivel de alemán puede deducir que significa en castellano “Amo el Capitalismo” (o Me encanta, si os gusta algo más ajustado al español). Y si un tipo originario de la antigua Alemania Oriental puede decir que ama el Capitalismo, ¿Por qué no iba Yo, profundamente idealista, a poder decir que Me encanta el Materialismo? Seguramente el sentir de muchos alemanes en la RDA fuese parecido al del Doktor, algo que más o menos pudo apreciarse con la Caída del Muro. Pero no tengo tan claro si en la esfera idealista habrá muchos que profesen admiración por el Materialismo, o viceversa, claro. 


Es evidente que a mi no es que me apasione el Materialismo de manera literal. De hecho, estoy muy lejos de poder adscribirme a éste. Tampoco comparto muchos de sus postulados y premisas. Pero no me queda otra que, objetivamente, reconocer que es por mucho la corriente filosófica más apropiada, sobre todo para vivir en este momento del Tiempo y en este Universo concreto. Es, de forma bastante literal, la Salida Fácil


Quizá, más que decir que me encanta el Materialismo, debería decir que envidio -si es que alguna vez puedo llegar a sentir tal cosa- al Materialismo y los materialistas. Tal vez ellos no sean conscientes de lo mucho que simplifica la Realidad y todas sus problemáticas encomendarse a una idea tan clara y meridiana. Lo mucho que la corriente del Materialismo, en definitiva, hace algo Simple de lo Complejo. Si Todo, incluso la propia Conciencia, es Material, y la Materia está en el Origen y es la base de Todas las Cosas; entonces la Realidad queda simplificada de facto. Sorprendentemente, muchos Materialistas hacen de su conglomerado de Ideas (hm, debe resultarles bastante molesto) uno tan complejo como o más que el del Idealismo y los Idealistas. Pero el diablo está en los detalles y justificar, sobre todo en las variantes donde se aprecia un fisicalismo más extremo, que la Materia es el sustrato fundamental y central de toda la Creación requiere de un sesudo y elaborado discurso cuyo sustento se encuentra en las ciencias físicas y su capacidad para bien ofrecer una explicación, bien ofrecer una predicción razonada de una explicación. Esto hace que el Materialismo sea una corriente muy científica y muy imbricada en la Física, pero también la hace dependiente de una serie de leyes bastante rígidas y unos resultados que no siempre llegan o no pueden llegar aún. Y que por supuesto son insuficientes para explicarlo Todo. 


A lo largo de su dilatada Historia, el Materialismo ha tenido un número inabarcable de variantes, cada una con sus respectivos esquemas y conceptos. Para no aburrirles con ejemplos probablemente innecesarios, me limitaré a decirles que en muchos casos se pueden apreciar manifestaciones puntuales de abstracciones totalizantes. En ese sentido, no se puede decir que no sea un sistema que trata cumplir con lo que promete cualquier corriente de Pensamiento, que no es otra cosa que dar respuestas y ofrecer garantías, o al menos prometerlas. Es aquí donde brilla como posicionamiento ideológico. Otorgando la centralidad a lo material, el Materialismo cumple su cometido de responder preguntas con gran eficiencia. Descarta todo lo que no es práctico y se centra en aquello con lo que sí se puede trabajar. 


Y qué decir, ¿No? Cómo no iba a envidiar una postura tan cómoda. Su requisito mínimo es un amplio conocimiento científico, algo que sobre el papel tal vez parezca denso y amplísimo, pero que es ante todo accesible. Todo cuanto necesitas para ser Materialista está ahí, con mayor o menor dificultad para entenderlo en cada caso, pero se puede acceder a ello. Si Yo pudiera permitirme ignorar mi propia Esencia y Todo cuanto sé más allá de los confines del Mundo Material. Si pudiera autoconvencerme de la veracidad e infalibilidad de lo sensible. Si pudiera, en definitiva, renunciar a la Verdad, Yo también sería Materialista. 


Pareciera que estoy despreciando la doctrina materialista diciendo esto último, pero si ustedes se fijan estoy usando mis habituales mayúsculas cuando hablo del Materialismo, lo cual denota un mínimo de respeto por mi parte hacia esa corriente. Respeto tiene quien respeto merece. Yo no creo que el Materialismo sea incierto o incorrecto. Tampoco que sea falso. Sí a todas luces insuficiente. Al menos así es cuando se trata de mis, vamos a decir, objetivos tácticos y estratégicos. Si me acogiese a la Salida Fácil, si fuese únicamente Materialista, mis Resultados serían incompletos e imprecisos. No incorrectos o errados, pero sí profundamente limitados. El Materialismo es insuficiente. 


Pero es necesario. Indispensable. No se puede de ninguna de las maneras obtener atisbo de Verdad renunciando al Materialismo. Es un pilar irremplazable para cualquier Pensamiento que aspire a ser Completo o pretenda alcanzar un entendimiento total. Y es insustituible para conseguir todas las respuestas.


“Los Picapedreros”, por Gustave Courbet, 1849. En pintura, el Realismo es el estilo que mejor se ajusta al Materialismo, pues trata de representar el mundo físico y tangible, de hacer ver las Cosas "como son". La obra que aprecian aquí puede de hecho leerse en clave materialista a la perfección, incluso en clave marxista, que no deja de ser una de las expresiones más populares del Pensamiento Materialista. En contraste con el Idealismo imperante en las artes de su época, en esta pintura Courbet nos presenta un realismo sucio y crudo en el que dos trabajadores realizan una labor repetitiva sobre un material que se presenta de una forma que es de todo menos idealizada. Desde la perspectiva materialista y marxista, el Trabajo y la labor física (Material) son la fuente del Valor (Abstracción Inmaterial), probando que todo, incluso aquello que no es material, depende de una base material. Este es el fundamento principal de la Teoría del Valor-Trabajo (léanse Smith, Ricardo, Marx), con la que es difícil no coincidir.

Por otra parte, para aquellos que no estén interesados en la Verdad o en lo Completo y simplemente buscan una forma de proceder pragmática, útil y viable; entonces el Materialismo no solo es suficiente sino que es todo cuanto se necesita para salir adelante. Indiscutiblemente se trata de la corriente más efectiva de todas en relación al Mundo Material y sus problemáticas, por mucho que estas tengan o parezcan tener un sustrato inmaterial o una dimensión más allá de lo físico o sensible. Después de todo y en cualquier caso, eso que parece rondar o ronda más allá de los límites de lo físico está según la doctrina materialista inextricablemente unido a la Materia. Tal vez sea insuficiente para responder a todas las preguntas o incapaz de resolver todas las inquietudes, pero por cómo es planteado desde su misma base, el Materialismo será por sí solo idóneo para la vida en la Tierra. Un ciclo vital en este planeta consiste en cumplir unas necesidades básicas y satisfacer unos cuantos deseos básicos no tan básicos. Tantos como sea posible o como permita el bolsillo. No existe ni un ápice de lo inmaterial en ello. 


Así las Cosas, seguir un modelo que descarta todo lo que no corresponda y se centre en lo que es materialmente no solo es lo más inteligente que uno podría hacer, es lo que toda persona que quiera ahorrarse incontables quebraderos de cabeza debería hacer. La Vida aquí es más simple de lo que parece, y el Materialismo hace por simplificar aún más sus vicisitudes, altibajos, inconstancias y vaivenes. Una Salida Fácil, quizá un tipo de aceptación, o puede que un proceder tan pragmático como lo soy Yo mismo. Por todo eso y mucho más me encanta el Materialismo. O eso me encantaría poder decir. Felices aquellos para los que esta afirmación sea honesta. 


Hasta la próxima, mortales.


lunes, 6 de abril de 2026

Tontos útiles

 El valor de la susceptibilidad


Durante la larga y siempre entretenida Guerra Fría, hubo un término, concepto o expresión que se popularizó mucho en ambos bloques, pero particularmente en el del Oeste, para hacer alusión a aquellos individuos que eran manipulados directa o indirectamente para apoyar una causa o régimen que bien no entendían o comprendía, o bien simplemente bajo el que no vivían. A menudo se trataba, según siempre quienes usaban este término, de personas que estaban siendo manipuladas sin ser conscientes de ello (condición necesaria de la manipulación, por lo general) y que luchaban por ideales y causas que podrían llegar a ir en contra de sus propios intereses o de los que tuviese su propia afiliación. 


Así se consideraba durante la Guerra Fría a quienes, por ejemplo, hacían buena prensa de la Unión Soviética o la China Maoísta. Occidentales que no vivían en aquellos lugares y que, de acuerdo con sus críticos, eran manipulados como parte de un elaborado aparato propagandístico del Segundo Mundo. Desde el otro prisma, para aquellos que conformaban el Segundo Mundo, los tontos útiles serían aquellos que sin ser parte de sus sistemas eran susceptibles de ser manipulados o empleados para apoyar a causas y movimientos políticos o potencias extranjeras que conformasen el bloque del Este y similares. Se ponía en evidencia el valor de la susceptibilidad. 


Hoy, en un Mundo Post-Guerra Fría pero que aún parece vivir en ella o resentir a la misma, se considera un Tonto Útil a todo aquel que es fácilmente manipulable para apoyar una agenda hostil, con frecuencia también hostil para sí. Y es de rabiosa actualidad rescatar el concepto para hacer alusión a los conflictos del mundo actual. Más y muy notablemente en el caso de aquellos en que se ve envuelto el “divertido” Estado de Israel. Más allá de su sempiterna carta trampa del holocausto, la retórica israelí y su elaborada maquinaría propagandística se basan fundamentalmente en la victimización. Israel precisa de presentarse a sí mismo como un país débil, rodeado por enemigos, acorralado y odiado. Como una víctima. ¿Qué otra forma habría si no es esa de justificar sus posteriores atrocidades? Lo problemático viene cuando uno atiende a los adjetivos que yo he utilizado. De entre todos ellos, el único que quizá puede salvarse de incierto es el de odiado, pues se trata indiscutiblemente de un país odiado por muchos. Pero su imagen de aparente debilidad contrasta con lo impecable de su historial bélico-militar incluso en situaciones de presunta inferioridad. Y su situación de acorralamiento y cerco por enemigos tenía sentido hace décadas, pero ahora difícilmente uno puede siquiera sugerir que Israel se encuentre rodeado de enemigos si de entidades nacionales se trata. Por supuesto que en sus países vecinos existen grupos, organizaciones y milicias hostiles contra la ocupación israelí como Hamás en Palestina o Hezbolá en Líbano. No puedo incluir, sin embargo y a pesar de su evidente antagonismo, a los hutíes en Yemen o a la propia Irán, porque ambos se encuentran a como poco unos 1500 kilómetros. Más en el caso de Yemen. Un cerco no se puede dar, lógicamente y pese a quien pese, a una distancia tan masiva. Menos aún cuando en los alrededores del territorio israelí encontramos entidades nacionales que activamente apoyan, defienden o simplemente toleran a Israel, como es el caso de la totalidad del mundo árabe salvo contadas excepciones. Después de todo, los países del Golfo, con Arabia a la cabeza, siempre se han mostrado mucho más preocupados por Irán que por Israel. Finalmente, y no me olvido de ello, la carta de víctima de Israel no puede funcionar en un mundo en el que Israel es tecnológica y económicamente superior a sus rivales y enemigos, a los que aplica Carpet Bombings indiscriminadamente, entre otras muchas indecibles barbaridades mientras, además, tiene el apoyo de la nación más poderosa del mundo y el ejército más poderoso del Sistema Solar. 


Y sin embargo, en Occidente tenemos una inmensa legión de Tontos Útiles que sin pensarlo se rasgan las vestiduras por Israel. El perfil de tonto útil aquí está más que claro. Israel ha encontrado en la derecha liberal, el Evangelismo y el conservadurismo moderado europeo y americano una fuente inagotable de Tontos Útiles para el Sionismo a los que bombardear con propaganda para que, a su vez, estos produzcan una mayor cantidad de propaganda de forma gratuita. La estrategia a seguir es rematadamente simple, si uno entiende mínimamente cómo funciona la mente del sujeto promedio. Como por norma general las agrupaciones y los individuos con una afiliación progresista o izquierdista apoyan o al menos simpatizan con la causa Palestina; los de derechas deben por pura oposición apoyar a Israel. Pero como esto no funciona con todas las derechas, existen otros mecanismos para apelar a la susceptibilidad de manipulación de estos sujetos. Una derecha más radical o simplemente más seria, así como un conservadurismo más próximo al tradicionalismo o la reacción jamás va a apoyar a Israel, más bien todo lo contrario, será esencialmente antisemita. Estos por tanto presentan inmunidad a la manipulación hacia lo pro-israelí por puro rechazo a lo judío. Sin embargo, hay grupos no pequeños de “radicales desideologizados”, gente que aparentemente podría encajar en una ultraderecha pero cuya ideología se resume en realidad, por poner un ejemplo simple, en el racismo, en ser racista. Esto puede y es de hecho Weaponized por el Sionismo. Arguyendo que Israel se está enfrentando a un enemigo fundamentalmente musulmán (sin matizar que tipo de musulmanes son siquiera), muchos de estos sujetos desideologizados y evidentemente limitados acaban cayendo en el juego del Sionismo. Es la razón por la que, en definitiva, la ideología de los hebreos y su aparato propagandístico tienen muy poca penetración en extrema izquierda, izquierda y ultraderecha; pero prolifera en la derecha liberal y en los sujetos más sumidos desideologización, que no necesariamente necesitan encajar en un marco político de derechas e inclusive podrían darse en la izquierda.*


[Nota: Por norma general no suelo favorecer la categorización política en términos tan simplistas y mucho menos emplear las categorías políticas en un espectro de izquierdas y derechas porque considero que tienen demasiadas lagunas o simplemente son inoperantes y disfuncionales (en esto mismo que les he escrito en el párrafo anterior puede apreciarse), pero hago uso de ellas para que pueda entenderse discursivamente lo que les transmito sin muchas dificultades. En otra ocasión elaboraré sobre cómo considero que debe tratarse el espectro político o si debe haberlo/lo hay en primer lugar]


No obstante, y presten atención: Tontos Útiles atendiendo a la definición de la idea, los hay en todas partes y de todos los colores, por supuesto. Desde la lente del sionista o del judío tan insólito es o puede ser el apoyo de alguien no islamista a la causa Palestina, particularmente de aquellos que conforman la izquierda liberal o el progresismo, como lo puede ser el de una persona no judía a la causa sionista. Después de todo, el apoyo de alguien que forma parte del progresismo más tibio y social a una causa del Islam es incoherente ideológicamente. De hecho, a menudo los valores de ambas corrientes serán antitéticos o incompatibles. 


Claro, recordemos que esto es desde la lente del sionismo y, ahí sí, este perfil encaja plenamente en la definición de tonto útil. Pero volviendo a un punto neutral, imparcial y tan objetivo como sea posible, posicionarse en una situación histórica de estas características no entiende de matices ideológicos, sino de una mente mínimamente lógica y racional. No puede uno bajo circunstancia alguna ponerse de parte de Israel a menos que sea judío o israelí, en tanto en cuanto en ninguna situación de genocidio y lesa humanidad, un agente neutral puede posicionarse jamás de parte del victimario y no de la victima. Mucho menos cuando se trata de la nación más Poderosa de su región, y la única potencia nuclear de la misma. 


Es por esto que indispensablemente Israel necesita presentarse como la eterna víctima de una interminable agresión. Es el puntal de toda su retórica. La base de toda su propaganda. Ya sin hacerlo pueden convencer a algunos, pero haciéndolo todo el discurso del sionismo queda firme y apuntalado, con la capacidad suficiente para construir y sostener su narrativa, por absolutamente falsa que ésta sea. El Poder de las Palabras no debe pasar desapercibido, más aún cuando hay traslados de semántica. De Guerra a Genocidio existe un salto semántico y categorial que, inexplicablemente, funciona con muchos y pasa desapercibido para otros. 


Es más fácil de lo que parece ser un Tonto Útil, y desde luego también lo es acabar siéndolo. Si se me permite la audacia, consideraría que todo el Mundo es un tonto útil para una u otra ideología. Aplicable y aplicando, por descontado, más allá de lo político y entrando ya en el espacio del mismo Pensamiento. El Mundo es Información, y ustedes aun no tienen la capacidad de procesarla adecuadamente. Y como el Mundo es Información, ustedes también lo son; como la Información es susceptible de manipulación, entonces ustedes también. Su ciclo de retroalimentación, por supuesto, también lo es. El mero hecho de tener una ideología te convierte en un tonto útil, ¿Se debe o no se debe tenerla? Se debe, ¿Pero lo digo en sentido ideológico? Tengan por seguro que no. Cree en algo, aunque se lo lleve todo de ti.


Hasta más ver, mis Tontos Útiles.