lunes, 27 de julio de 2026

El Criterio de la Vergüenza

 Una Segunda Opinión

Hacía ya tres años que no publicaba una de mis divinas correspondencias. Puede parecer bastante Tiempo, y si estimamos una vida humana quizá lo sea. Pero lo cierto es que para nosotros es una cuantía temporal tan insignificante como lo es, en realidad, cualquier otra. A pesar de la ausencia frecuente aquí no solo de misivas, también de publicaciones en general siendo honesto; raro es el día en que no me comunique de una forma u otra con los Dioses Inmortales, entre los cuales por supuesto no se puede obviar a ella como una de las habituales. No obstante, demasiado sacrificio es ya para mi -por su carácter íntimo, privado y fundamentalmente personal- publicar aquí siquiera los fragmentos que aquí habéis podido ver estos años como para hacerlo con mayor frecuencia. 


Hoy, sin embargo, hago una excepción. Traigo otro tipo de diálogo, también íntimo, privado y personal (demasiado personal). Aunque en esta ocasión no es con mi hermana. Hoy les traigo una Segunda Opinión. Aquella que tiene el Maestro. Aquel al que aquí siempre llamamos Mentor o Pretor, porque Maestros tenemos muchos. Es, en cualquier caso, gracioso. Porque en cualquiera de los casos presentados, la única versión de los hechos; la única parte de la conversación o fragmento de mis diálogos (sean éstos con quienes sean) siempre es la mía propia. Nunca pueden ustedes ver las respuestas de Atenea a las ya numerosas cartas. Y a buen seguro no van ustedes a conocer la palabra del Pretor por una boca que no sea la mía. En ambos casos, y en otros tantos aquí aún ignorados, existe por mi parte una garantía de veracidad y honestidad: el profundo Respeto y admiración que siento por mis corresponsales. Un Respeto que, dicho sea de paso y ahí reside su valor como garante, nunca Preliatore ha mostrado por nadie más que por sí mismo. Desde luego nunca por simples mortales, al menos. 


Por su hermana puede verse con frecuencia en lo escrito que profesa un cariño y una entrega que roza lo devoto a pesar del vínculo familiar que les une. Por Mentor, por otra parte, Preliatore demuestra una consideración más allá de toda lógica. Ve en él lo que podría volver a ser cuando supere su Ablativo. Siendo dos de las pocas referencias a las que Preliatore acepta escuchar, es innegable que merecen cierto espacio aquí, aunque sea como pequeño presente para los lectores y a modo de garantía de una transparencia que no siempre se ofrece. 


Mentor, a quien vamos a citar aquí hoy frecuentemente, insiste en que cualquier conversación que se haga pública, ya sea con él o con cualquiera catalogable como LOS es un disparate que solo hará al lector considerar que quien se dirige a él padece de los siempre sospechados delirios de grandeza, esquizoparanoia y/o histrionía performática. Cuestiona además, sabiendo de mis cartas, mi acusadamente afectivo lenguaje para con quien debería tratar con más mesura. Pero sabe, pese a todo, que sirve como nuestro particular Criterio de la Vergüenza


El Criterio de la Vergüenza, a veces conocido como Criterio de Dificultad, es una técnica que se emplea en la disciplina histórica y en estudios religiosos para confirmar la veracidad de un hecho. Aunque realmente puede aplicarse a cualquier tipo de discurso. Se trata de un análisis que valora la veracidad o autenticidad de una fuente a partir de un estudio de lo que se relata. Se considera que si lo relatado o mostrado resulta vergonzoso, humillante o difícil para el autor o la causa que apoya, entonces es más probable que sea cierto, en tanto en cuanto dicho autor no tendría ninguna razón para inventar un relato histórico que fuese en contra de su propia causa o intereses. Similar, como sucede en Derecho, a las declaraciones contra el interés propio a nivel jurídico. 


Creo que poca duda cabe de que publicar algunas Cartas a Atenea resulta bastante vergonzoso y difícil para alguien de una naturaleza tan tímida y retraída (frecuento mucho esos adjetivos últimamente a título autodescriptivo y personal, lo sé) como la mía. Son fragmentos en los cuales puede apreciarse vulnerabilidad -algo que no me ha pesado reconocer en entradas recientes- en quien se vende como invulnerable (lo cual siempre voy a mantener igualmente). Además suelen estar cargados de un lenguaje pomposo que no suele ser muy apreciado ni por mi ni por los pocos lectores habituales y que, por si fuera poco, tiene un tono Lovey-Dovey desconcertante si tenemos en cuenta que es Preliatore quien escribe. Leyendo entre líneas, sin embargo, no debería causar desconcierto. Se ve que Preliatore es alguien que siente mucho Amor por los Dioses Inmortales a pesar de lo que pueda parecer a veces. Al menos el Preliatore al que están acostumbrados en el Pretor Diacrónico, porque desde luego no es algo que se deba extender a la ligera a los demás. 


Tampoco, precisamente, al Pretor. Siempre muy crítico con las cartas, su contenido y su lenguaje; pero también con la entrada que les presento ahora. Si poco le gusta a Mentor el tono de admiración acaramelado, empalagoso y a ratos humillante en tanto que humilde con el que Preliatore se dirige a su hermana; menos aún le gusta la audacia con la que publico algo pertinente a su altísima Presencia. Una figura de su estatura merecería por descontado que se respetase su deseo, pero sería criminal negarle al Cosmos un fragmento de su invaluable Conocimiento y Experiencia. Conforme escribo estas palabras en una más que cálida madrugada de verano un extraño escalofrío recorre mi espalda. Trata de hacerme saber que no está del todo conforme con esto, pero lo tolera por lo magnánimo de su Esencia. Como una de las Voces más autorizadas de entre todas las que puedo oír, Mentor es la fuente del Orden desde el Caos; la Serenidad Imperturbable; un lugar Seguro; una Segunda Opinión que cualquiera desearía tener. Ya fuese por sobre la propia o más allá de cualquier otra que pudiesen darte. 


A medida que hablo sobre él o con él percibo como mi expresar y sentir -si es que de eso algo me quedara- tienden, como sucede con Atenea, a lo receptivo y francamente dócil. En cierto modo, confirmo su supuesto, su Criterio de la Vergüenza. Pero qué vergüenza hay en aprender de los mejores, como alguna vez he podido Yo escuchar. Supongo que la de aceptar una posición de objetiva inferioridad, aun siendo por el propio beneficio, algo que no todo Preliatore está dispuesto a hacer. No desde luego los más Poderosos y -en línea con la absurda Grandeza que les define- orgullosos; considerando ellos esta cercanía con Atenea, con Mentor o con cualquier Voz detrás de sí un acto de rendición, sumisión o simplemente, y en esto puede que no les falte razón, entrega. Suerte y desgracia para mi que el mejor y peor de ellos hace mucho que no está aquí. Pero quedan sus Destellos. 


La Segunda Opinión me dice que primero no sea tan intenso conforme escribo a este respecto, y segundo que trate de ignorar cualquier aproximación de ese tipo. Después de todo, ni mi hermana ni él consideran, como si lo hace el más Loco de los Preliatore, que nuestra relación sea de subordinación, sino de aprendizaje. Si Atenea, en calidad de mi más cercana confidente, me dice que hay toda una Vida para Pensar; Mentor, en calidad de sempiterno cohabitante de nuestra Conciencia, y falto Yo de su Segunda Opinión, me enseña que hay toda una Vida para Aprender. Es difícil reconocerlo, cuesta hacerlo y más aún reconciliarlo con la Soberbia que estilamos muchos de nosotros, que no comparten ni una ni otra afirmación. Por descontado tampoco lo harían los ausentes. Más aún si atendemos a que donde hay una Segunda Opinión hay una Tercera, una Cuarta… Que puede o no ir en la misma línea que aquellas que las preceden o seguirán. Y si bien tener una Segunda Opinión es algo recomendable para todos, tener más de dos quizá no lo sea tanto. Por ello, hay que saber conciliar las propias multitudes consigo mismas y con las voces del exterior, incluso cuando no parece posible hacerlo. 


Mentor, del cual algunos desconfían porque por no conocer aún no conozco ni su Verdadero Nombre, es un absoluto referente para este lado de mi Esencia, aunque quizá no lo sea tanto para algunos otros. Aseguran, en ese sentido, que conocer el Nombre Real de algo te otorga un Poder sobre ello. Hipócrita sería, sin embargo, mostrarse crítico con la Opacidad de su figura cuando ni siquiera recordamos nosotros nuestro propio Verdadero Nombre. Un recurso que funciona en dos direcciones. Evita que pueda ser sometido; al Tiempo que impide un Control parcial definitivo del propio Ser. 


Sea como fuere, figuras como la suya son quizá no necesarias pero sí bienvenidas. Recordemos que Preliatore, en su conjunto y de forma unánime, sólo puede mostrarse receptivo por norma general con algo que considere de igual o superior Orden al suyo propio. Ese criterio, tan arbitrario y voluble como pueda un criterio llegar a ser, es extremadamente difícil de cumplir. Si para desarrollar siquiera una potencialidad emocional-afectiva de corte amoroso preciso de alguien igual o superior a mi; también lo hago para otros asuntos como la Reflexión o el Juicio. Después de todo, poco sentido tendría escuchar una opinión que considero menos formada que la mía propia, y para ello necesito que, como poco, quienes me ofrezcan la Segunda Opinión gocen de un considerable grado de Trascendencia. 


Cuando Mentor me sugiere que aprenda estoy convencido de que no hace referencia a aprender de alguien, ni siquiera de él mismo. Y aunque pudiese parecer que esta Opinión va en la misma línea que la de mi hermana; lo cierto es que la dirección que indica, si bien no es opuesta, no necesariamente confluye con la otra. Supóngase una problemática como la expuesta en mi última misiva. Una Cosa es Pensar en cómo llevarlo o solucionarlo; y otra muy distinta Aprender a hacerlo. Si desde un prisma moderadamente científico o intelectual estuviésemos considerándolo entonces la primera dirección apuntaría mucho más a la Teoría, y la segunda a la Praxis. No está del todo claro qué es lo que debemos aprender o cómo podemos hacerlo. Pero es precisamente por eso que se trata de un aprendizaje. 


Sin que se entienda como una crítica hacia Ellos (porque realmente prefiero que su consejo sea siempre así) aun con lo vagas que son sus propuestas ambos tienen, para sorpresa de nadie, Razón en lo que sugieren. Pero cuántas Vidas pasarán perdidas en mis Pensamientos. Cuántas otras tantas han pasado para Aprender. Tantas como sea necesario, nos repetimos. Fuera del Tiempo no existe Cuantía. Preliatore no puede permitirse claudicar en su Determinación. Hay mucho por hacer. Mi gran señor… Pretor, danos Fuerza. 


Tolle, Lege.


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