jueves, 4 de junio de 2026

Cartas a Atenea: Una Vida para Pensar

Algo de Valor

Mi apreciada hermana y confidente, me veo en la obligación, a medio camino entre la cortesía y la búsqueda de consuelo, de escribirte una vez más. Busco como siempre en la Infinidad de tu dadivosa Sabiduría el alivio que precisan mis lancinantes Pensamientos; y en tu cálida Presencia y tus inestimables palabras la luz que guíe mi Camino. Agradeceré pues toda instrucción que puedas y desees darme, ya que, al menos aquí, nadie puede hacerlo. Y por descontado nadie puede hacerlo como lo harías tú, mi señora. 


Me encuentro últimamente asolado por una incontenible apatía. Otras veces me he visto en esas, pero nunca por tanto Tiempo como ahora. O quizá siempre lo estoy, pero no es algo que se haga notar tanto como lo está haciendo en estos momentos. No se trata, eso seguro, de una carencia de Propósito o Significado. Tampoco de un vacío en lo personal. Pero sí de una resignación y una tal vez impotencia por no encontrarle una aceptable finalidad a los… Trámites, llamémoslo así, si me lo permites. 


Como ya sabes, porque poco o nada hay que no sepas, los caracteres de la Existencia de alguien de nuestra condición pueden ser muchos y muy variados; y en el particular que a mi me corresponde, me atañe una Naturaleza insuficientemente emocional, pero desbordantemente reflexiva. Atrapado como me veo en las paredes de la prisión de mi propia reflexión, una prisión que Yo mismo parezco haberme creado, solo me queda acudir a la única que puede entenderme más allá de mí mismo, con todas las lecturas, multiplicidades y otredades que eso implica. A ti, mi querida hermana, la única que siento que, siendo más reflexiva aún de lo que soy Yo, puede ayudarme en mis no pocos pesares.


Que quienes no tengamos un lado para lo sentido o no nos dejemos dominar por él y las afecciones que a éste embargan no quiere decir bajo concepto alguno que no tengamos otras inquietudes. Heredados del Pensar en lugar del Sentir, los achaques y malestares que se cargan sobre la Conciencia pueden ser una importante rémora a la hora de proceder. Me pesa, en este sentido y de sobremanera, la sensación de no hacer Progreso incluso cuando el Progreso mismo ha sido consumado; la aflicción de tener un Saber que pocos desearían tener, pero que a buen seguro por volición propia no puedo ni quiero rechazar; y por supuesto la acuciante desidia que acompaña mi tan privilegiada como desafortunada posición. 


Hermana, como alguna vez te he transmitido, me siento cómodo disfrutando del brillo de la admiración que siento por mi mismo. Bebo de él como lo hace mi piel de la Luz de las Estrellas y, como un borracho, olvido cuál es mi posición en este Gran Juego en lo que dura mi ebriedad. Pero lo efímero de la embriaguez me resulta exiguo, por lo temporal de su misericorde Olvido; y por lo insustancial, mas dulce, de la autoindulgencia que puedo llegar a concederme. 


Ahora en plena sobriedad ante tu Divina Presencia, recibo de ti la Iluminación necesaria para finalmente tener mi tan ansiado alivio. Del título de esta misiva extraigo, solo aparentemente ex nihilo, que aún me queda Vida. Toda una Vida. Una Travesía tan interminable como las innumerables inquietudes que me invaden. Por encima de Todas mis Formas siempre me quedará su gran hilo conductor. Siempre me quedará Vida. Una Vida para Pensar. Subvertir el castigo de mi perennidad, convirtiendo el agobio de lo perpetuo en mi única y última Esperanza. Mientras quede un resquicio vital en el Ablativo del Campeón yo seguiré pensando. Propósitos, métodos, finalidades y significados... Que todo malestar y cargo de Conciencia tenga pues la misma solución que su origen. De la reflexión nacerán siempre las Preguntas, pero también las Respuestas. Mi señora, dueña de la visión del mayor de los alcances, con tu Bendición para el buen Juicio todas las complejidades del Mundo resultan simples. Solo espero poder apreciar cuando me tiendas tu mano y, como ahora, no dudaré en tomarla. 


Teniendo toda una Vida para Pensar puedo concluir que la raíz de mi ubicua inapetencia parece radicar en la siempre incierta meta de mis propósitos y Gran Obra, o más que en ellos en los interminables trámites que por circunstancias ajenas incluso a mi Trascendencia precisan. Cómo concluiría en principio resignado cualquier viajero cósmico en mis zapatos... Progresos, éxitos y victorias no traen consigo una satisfacción certera o realización absoluta. Es probable que nunca sepa por qué estoy donde estoy y como estoy. Si mi Paciencia y mi dedicación en la infatigable Búsqueda de Respuestas y Resultados alguna vez se verán justificadas. Pero tal vez exista algo… estimable y digno en la Búsqueda. Algo de Valor.


Algo… más allá… de mi Entendimiento. 


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