Aquel que Todo lo Quiere, para sí
Preliatore es alguien consumido por su Ambición. Como lo es por muchas otras cosas. Y sin embargo, se presenta a sí mismo como alguien aparentemente anticompetitivo. El motivo subyacente a esta en principio contrariosa actitud y paradójica situación se encuentra en cómo entiende, para sí, el concepto de Ambición. Generalmente, el paso de las Eras y el uso por parte del vulgo, han hecho que el de Ambición sea un concepto asociado al Poder, la riqueza o la Fama. Y así mismo lo recogen los diccionarios en la que suele ser la primera de sus acepciones. Esto irremediablemente le ha otorgado un cariz profundamente materialista. Pero no siempre fue así.
Y es que como también recogen los diccionarios, la segunda acepción del concepto de Ambición se corresponde con su forma más pura, amplia y completa. Aquella que más se corresponde con su Significado Original. Aquí, la Ambición sería algo que se desea con vehemencia. Lo que se entiende generalmente por Ambición, su primera acepción digamos, es una lectura en clave material del deseo, algo que podemos relacionar con la Codicia y la avidez. Lo que Preliatore entiende por su Ambición es, por otro lado, lo que nos transmite su segunda acepción. El Deseo, la Aspiración, el Anhelo.
La pulsión por lo material, que fuerza a aquel que la padece a proyectarse, es la forma más extendida de Ambición. Pero para Preliatore un Deseo Inmaterial, por intenso que sea, no precisa de proyección alguna. Sin embargo, ¿Qué es lo que anhela Preliatore? A esta pregunta él mismo se responde: Todo. Esa aspiración, tan noble como aviesa, debe incluir algún aspecto material, pues Todo, a Todo abarca. Y quien esto piense parte de Razón debiera tener. Pero ese Deseo va mucho más allá de lo aparente. Preliatore lo quiere Todo, pero lo quiere para sí. Y Todo cuanto quiere para sí, puede querer para más allá de sí.
En líneas generales, cuando alguien quiere algo, no suele bastar con obtenerlo. Suele ser necesario que venga acompañado de una reválida. Cuando insisto en la necesidad de la proyección en lo que al Deseo Material concierne, lo hago porque cuando alguien se suele considerar a sí mismo ambicioso y simultáneamente es considerado como tal por otros, es porque ese alguien quiere demostrar lo logrado y lo obtenido. Necesita ese Reconocimiento. Precisa de ese Prestigio. Ser el mejor. El que más posee. El de mayor Orden. No basta con obtener lo que se busca, necesita que sea ratificado por tantos como sea posible.
Esta necesidad convierte a la Ambición en sinónimo de competitividad, o al menos en algo semánticamente vinculado a ella. Si quieres esa Fama, tienes que luchar por ella, y luchar por ella implica más veces de las que no hacerlo contra algo o alguien. Mas no es esto lo que sucede con Preliatore. Su Ambición se presenta, de hecho, Anticompetitiva. Y esto es algo que no se debe a su cada vez más adusto y esquivo carácter por cada Era que pasa. Esto está en realidad relacionado con algo que quizá a todos convenga replantearse.
¿Qué es Todo para él, cuando no significa Nada para mi? Por seguro puede tenerse, claro está, que lo que es, es por encima de, o al menos más allá de, su Significante. Cada quién puede referirse a algo distinto cuando habla de Todo en tanto en cuanto lo haga para sí mismo; y Preliatore quiere Todo, es cierto, pero para sí. El Deseo de Preliatore, lo que es Todo para Él, se mueve entre lo quimérico y lo manifiesto. Es algo tan Imposible como lo es él mismo. Un Anhelo que habita en el terreno de lo inenarrable. Y sin embargo, sus indecibles pretensiones son por curioso que resulte las más anticompetitivas de cuantas puedan haber. Osadas, pretenciosas, valientes e insolentes; pero no competitivas.
Pretendo con esto hacerles ver que, aún cuando se trate de la más alta de las aspiraciones; la atribución de competitividad y su para muchos mortales irrevocable relación con la Ambición depende única y exclusivamente de cual sea esa Ambición. Especialmente cuando se trata de lo material, que por proyectado siempre necesita de alardes. Pero aún no sabemos cual es el Todo de Preliatore o si éste tiene alguna implicación de tipo material. Y sin embargo nos dice el Maestro, en su habitual retórica críptica y evasiva que incluso si así fuese, al ser por sí y para sí, y evitando su proyección, no sería desde luego competitivo en ninguna circunstancia más que, precisamente, para consigo mismo. Puede que quizá, internamente, esto contravenga su mismo planteamiento, porque qué mayor competencia puede tenerse que aquella que mantienes contigo mismo. No obstante, si uno pudiera competir contra sí, nunca resultaría de forma última vencedor o perdedor, sino más bien ambas cosas. Pues uno gana contra sí en un Momento determinado, pero pierde en otro distinto. Preliatore asegura que en Esencia él es el mismo en todos los puntos de su compleja y ambigua existencia, por lo que el estadío resultante de una confrontación entre sus aspectos puntuales no puede ser otro que la neutralidad del empate. Si Yo pierdo, Él gana; si Yo gano, Él pierde. Si Él mismo fuese Otro, eso sí, siempre ganaría contra Él mismo. Pero Preliatore dice no competir contra sí, y Yo no puedo corregirle, porque es Imposible. En ese caso, ¿Contra quién compite? Contra Todo.
El Maestro está siendo especialmente intrincado en esta materia. Pero siendo algo que tanto nos define no puedo permitirme, a pesar de los dificultoso de seguir su ritmo, expresarlo de la mejor manera que sé, que lejos está de ser la mejor. Si Todo es lo que quiero, y contra Todo es contra lo que compito, entonces la Ambición Anticompetitiva que nos caracteriza lo es por su propia naturaleza. Al menos así es trabajando con la asunción de equivalencia entre uno y otro Todo, que así parece ser. Si Todo ha de ser para nosotros, y además ha de serlo a pesar de Todo, entonces solo nos queda seguir buscando. Lo que buscamos trasciende las barreras del entendimiento y la expresión; lo que buscamos es Indefinido aquí, y tal vez también allí; lo que buscamos nunca fue nuestro, pero debió serlo. Y a pesar de Todo… Yo solo busco Respuestas. Nadie puede, en cualquier caso, reconocer el Fruto de nuestro Deseo; porque solo para nosotros puede ser presentado. Pero siempre puede ser compartido. En lo anticompetitivo de nuestro propósito se encuentra, puede ser, lo más competitivo que puede haber. ¿Qué es lo que Tú deseas y por qué lo haces? ¿Qué me quisiste decir con esto? Por descontado, mucho más de lo aparente. Tendrás lo que buscas, pues ambos lo tendremos. Todo cuanto podemos, o al menos parecemos Querer. Para ti y para mi. Para sí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario