sábado, 15 de agosto de 2026

Una Mirada Subjetiva: Augustus y la Suerte

Posibilidad sobre lo Posible


La última misión de Nioh 2, uno de mis juegos de referencia en lo que a su género se refiere, tiene por Nombre In the Eye of the Beholder, que inteligentemente fue traducido y localizado al castellano como Una Mirada Subjetiva. Desde hace mucho tenía pensado traerles una nueva sección al blog, pero hasta ahora me había resistido a hacerlo por dos motivos. El primero es que tiendo a jactarme con insistencia de mi Objetividad, y esto, como el nombre indica claramente, va a ser una sección esencialmente personal, subjetiva y de opinión. El segundo, por supuesto, es que aún no tenía pensado un nombre. Pero desde hace ya lo suyo tenía preparadas diversas entradas, así que no se extrañen si ven muchas seguidas en la misma línea. 


Las Miradas Subjetivas van a seguir siempre un patrón similar. Se escogerá a una Persona, Personaje o Entidad real, ficticia o histórica y se relacionará a ese personaje con un Concepto, Idea, Suceso o Hecho. Por norma general serán personas o personajes a los que Yo quiera mucho o me despierten un interés especial sin necesidad de que exista una conexión más allá de eso con ellos. 


Faltaba pues, una vez escogido el nombre y la estructura o el formato que se seguirá, una entrada digna de ser la inaugural. Hemos optado por lo más sencillo. Un personaje que ya conocemos (bastante, además) y un concepto con el que ya hemos trabajado (y mucho). Augustus y la Suerte. Para una entrada piloto al final es lo más conveniente, ya que ayuda a que el lector pueda familiarizarse con el formato. 


Se decía en el ya decadente Bajo Imperio y durante la coronación de los nuevos emperadores en el Senado una frase que aludía a un Pasado que siempre fue mejor. Felicior Augusto, Melior Traiano. Deseando así al nuevo Emperador que sea más afortunado que Augusto y mejor que Trajano. La referencia que toma esta fórmula es simple. Trajano fue el Emperador durante la época dorada y el cénit del Imperio, cuando éste alcanzó su máxima extensión allá por el 117. Y Augusto fue el Fundador del Imperio coincidiendo con el punto transicional de la Era Común (del Nacimiento de Cristo, si se prefiere). Si bien ambos fueron líderes muy competentes, Trajano fue recordado por los notables aciertos de su gestión; mientras que Augusto lo sería por eso mismo, pero con el aliciente de que siempre parecía sonreírle la Fortuna. Naturalmente Augustus entendió las reglas del juego como nadie, pero no se puede decir que la Suerte no estuviese de su parte cuando más la necesitó. Desde la Cuna a la Tumba. 


Octavio siempre tuvo un nosequé en su trayectoria vital que parecía estar de su parte. Pero este nosequé no es una cuestión de mera Suerte. La implicación del concepto latino Felix tiene una connotación más Trascendental. Cuando se dice que Augustus tenía Suerte, no se hace en alusión a la Suerte que uno tiene cuando encuentra una moneda o gana una partida en un juego. Felix implica una protección Divina, y lo que se trata de implicar con la fórmula que hemos visto previamente es que Augustus tenía una Protección Divina o Celestial, ya fuese por capricho de Fortuna misma o de cualquiera de los Dioses Inmortales. Adoptado de forma sorpresiva por Iulius Caesar; Octavio heredó una descomunal fortuna de éste, tuvo una muy longeva vida para su época y supo evadir todo tipo de enfermedad, traición y guerra que pudo haberle llevado por delante. Sorprende cómo algunas personas parecen haber sido elegidas por la propia Fortuna para que todo les salga bien sin reveses de magnitud. 


“Fortuna y Amor”, por Giovanni y Elisabetta Sirani, c.1660. Si por lo que sea la Suerte se encariña de ustedes, intenten mantenerla contenta, pues tenerla a vuestro lado hará que todo sea mucho más fácil. Pueden estar seguros de ello.

Y es que aunque el Imperio de Augustus no estuviese exento de desastres militares como Teutoburgo o crisis políticas como la sucesoria (foreshadowing de algo que lastró al Imperio hasta su último día), sucesos como este nunca superaron ni en cantidad ni en importancia a aquellos que pueden considerarse como positivos. No cabe duda de que Augustus era alguien con Inteligencia y cierto grado de Talento; ¿Pero qué son la Inteligencia y el Talento sin Suerte y Fortuna? 


Pareciera, y lo dice alguien que colecciona Nuevos Augustus a través del Tiempo y siempre busca alguno para cada época, que para tener un grado de éxito equivalente al del Primero de los Emperadores se necesitase no solo una Suerte descomunal y una capacidad óptima para aprovecharla (si es que no es eso también Suerte acaso); sino también que se sucediesen una serie de condiciones completamente ajenas a las propias igualmente favorables. Entiendo que eso explica por qué mi colección no es tan amplia como a mí me gustaría. Imaginen (sin ser esta mi colección, pero para que tengan una referencia) un linaje de estas características similares. Si Augustus se miraba a sí mismo en el sobrevalorado Alexander, éste hacía lo mismo con el Legendario Aquiles y el siempre fiable Cyrus, como luego Carlomagno trataría de emular a Augustus, que se convertiría en el estándar dorado y el espejo en el que todo líder del futuro haría por mirar. Elijan a su favorito. Frederick II, Napoleón, Mussolini, Hitler… De alguna forma, cada líder ha hecho por mirar al Pasado para encontrar una referencia en un sentido u otro. Y algo que caracteriza, por cierto, a todos los nombres que les estoy dando es que, si ustedes analizan con detenimiento su biografía, apreciarán que todos tuvieron un curioso grado de Suerte. Incluso Aquiles, cuyo Destino parece desafortunado si uno no conoce su Historia, tuvo la incomparable dicha de elegir la suya (entre opciones limitadas, claro), y escogió la Memoria por sobre el Olvido bajo sus términos. 


Personalmente no creo que el hecho de que tengan Suerte le reste valor a su trabajo o sus figuras (Excepto a Alexander que le carreó su padre). Y por supuesto algunos tuvieron mucha más que otros. De hecho, a algunos se les terminó agotando, ya fuese por su propia incompetencia (Mussolini) o por lo desmedido de sus ambiciones (Napoleón, Hitler). Después de todo, insisto, necesitas unos requisitos mínimos para poder sacar provecho de esa Suerte. Ahí radica el criterio de mi valoración para todas estas figuras. Si aquel que fue tocado por Fortuna supo materializarlo, entonces su Obra será mejor valorada. Si por el contrario el tamaño de su Ineptitud superó al de su Suerte (y créanme que esto ya es decir), entonces solo me queda por decir lástima. Si en lo que una Vida da para jugar sucedieron ambas Cosas, porque una Vida da para mucho jugar, se valoran entonces otros parámetros, entre los cuales hay que mencionar, también, a la Mala Suerte. Porque claro está, LOS son caprichosos para esto, y tanto te dan, tanto te quitan. Lo mismo que te catapultó a la cima puede ser lo que termine por empujarte desde ella. 


Pareciera que todos los grandes nombres que pueblan las páginas de vuestra Historia hubieran sido escogidos para serlo. Y así lo entiendo Yo, para no mentirles. Existe un guion escrito, con ligeras variaciones disponibles. Y por eso en el Espejo de Augustus quienes pretendan mirarse deberán primero apuntar a tener su Suerte. El Orden importa. La misma fórmula con la que se buscaba augurarle un buen Futuro a los Emperadores novicios anteponía las Bendiciones de Augustus a la Destrezas de Trajano. No sólo porque Augustus precedió a Trajano cronológicamente, sino porque son esas Bendiciones las que propiciarán y posibilitarán los Resultados para tus Destrezas. Eso, claro está y reincido, si es que no son ya de por sí dichas Destrezas una Bendición. 


Algo a lo que también debe hacerse Justicia en relación a esos grandes nombres de la Historia es que siempre han estado bien acompañados por individuos tan talentosos y agraciados como ellos o incluso más. Pero rara vez se habla de ellos, porque la lumbre de los focos está reservada solo para unos pocos. Ya sea porque su Suerte no ha sido tan grande o porque cargaban con una importante carencia de otras aptitudes que les ha impedido ocupar el sitio que merecen en las páginas de vuestras crónicas, aún cuando al menos un pie de página les ha sido reservado. Para Augustus hubo un Agripa; para Justiniano un Belisario; para Alexander un Parmenión; para Napoleón un Berthier. Y no hay tampoco un Genghis sin Subotai o Solimán sin Pasha. Con frecuencia no es solo la Historia la que ha maltratado a estos actores secundarias, sino también las propias personas a las que ayudaron a encumbrar y a las que quizá en algún momento de sus vidas pudieron llamar amigos. Ya fuese por una infundada sospecha de traición o por un arrebato de envidia, en un acto de amarga ingratitud muchos actores secundarios acabaron siendo desplazados, marginados, condenados o incluso asesinados, y en muchas de estas ocasiones usando como pretexto crímenes y delitos que, como diría la intro del Equipo A, no habían cometido. Otros, por supuesto, tuvieron una vida próspera, pero siempre a la Sombra del Elegido. 


“Belisarius pidiendo limosna”, Jacques Louis David, 1781. A pesar de haberle dado todo cuanto pudo al Imperio; Belisario fue condenado por el Emperador Justiniano sin fundamento alguno. La Leyenda dramatiza algunos hechos de la Historia y narra que Belisario fue cegado. Viejo, caído y ciego, al antiguo general solo le quedó vivir de la limosna ante el estupor del que fue uno de sus hombres, que en la escena parece reconocerlo. Tantas vueltas como quieran Fortuna y su Rueda da la vida.


Belisarius, el general más competente de la Historia del Imperio Romano de Oriente fue condenado por Justiniano por poco más que su propia paranoia. Belisarius reconquistó medio imperio de lo que décadas antes se había perdido, y por su nivel de competencia y alta popularidad, Justiniano terminó acusándolo de conspiración, arrebatándole todos sus honores y posesiones. Parmenión, general primero bajo las órdenes de Filipo II y de Alexander después fue condenado a muerte por este último porque su hijo (el de Parmenión) había conspirado contra él. Temiendo represalias de Parmenión tras condenar a muerte a su hijo y siguiendo la tradición de aquella época en la que la familia de los traidores tenía una condena por la del traidor, Alexander lo mandó asesinar sin que éste hubiera hecho nada. Ibrahim Pasha, Gran Visir de Solimán, fue asesinado en su lecho tras haber adquirido un Poder y riqueza considerable, que por supuesto siempre vienen de la mano con una cantidad importante de enemigos. Ibrahim Pasha tuvo la mala Suerte de despertar la inquietud de la esposa de Soliman, la también influyente Haseki Hurrem Sultan, conocida por muchos como Roxelana. Visto como un incordio para ella y como su rival en la corte, planeó una intriga para eliminarlo. Es una Historia que he visto mil veces, con distintos protagonistas. Fernando el Católico siempre pensó que González de Córdoba (el Gran Capitán) le traicionaría y por ello fue destituido de su cargo de Virrey y marginado progresivamente. Thomas Cromwell (pariente lejano de Oliver), puntal de la Reforma en Inglaterra, fue acusado de Alta Traición y herejía por Enrique VIII tras el fracaso del matrimonio del Rey con Ana de Cleveris, suceso aprovechado por sus rivales en la corte y su oposición política para alimentar el enojo del monarca y forzar la ejecución. 


Fíjense que a pesar de todo, podría decirse que todas estas figuras tuvieron Buena Fortuna. Hasta que dejaron de tenerla, claro. Porque LOS, insisto, son caprichosos. Al menos unos cuantos de ellos. Pero dentro de lo que cabe, no está nada mal ocupar un lugar de cierto orden en la Historia aunque no sea en la primera plana de sus diarios. Lástima, eso sí, que su destino final sea ser traicionados tan vilmente o, por el contrario, odiados por tantos otros que, de igual forma, también tuvieron un papel interesante en la trama. 


Retrato de Roxelana, autor desconocido. Haseki Hürrem Sultan fue una de las mujeres más atractivas y poderosas de su Tiempo. Curiosamente, tuvo el recorrido inverso a muchos de los aquí mencionados. Oriunda de Europa del Este, la Haseki Sultan comenzó teniendo una Suerte horrible, siendo esclavizada desde niña y eventualmente entregada a los otomanos. Entró al harén imperial desde joven y progresivamente fue ascendiendo hasta convertirse en la concubina favorita de Solimán el Magnífico y finalmente en su esposa, con la que tuvo bastante descendencia, convirtiéndose así en la ancestro de gran parte de la dinastía otomana posterior. Podría decirse que Hürrem tuvo buena Suerte a partir de su mala Suerte, aunque normalmente suela ser al revés. 

Con esto quiero llegar a que, con todo, no hay Emperador y Rey sin Canciller; Sultán sin Gran Visir; Líder sin General (en la forma de Mariscal, Jefe del Estado Mayor…). Visto así, las condiciones para ser un Augustus en sentido literal son casi imposibles de replicar estadísticamente, y por ello no es que precisamente abunden. No obstante cuando Yo hablo de un Augustus lo hago en sentido figurado. No se necesita estar tocado por los Dioses Inmortales. No precisa de la compañía de otros individuos talentosos y extraordinarios. Y no hace falta tampoco que una serie sumamente improbable de acontecimientos favorables consagre su figura.


Si alguien precisa de una imperecedera Buena Fortuna para establecer su lugar en la Diacronía, entonces su lugar es por propio Derecho inmerecido. La Suerte es importante. Quizá lo más importante como se suele decir por estos lares. Pero que algo sea lo máximo en calidad de determinante para con uno no lo convierte en lo que más voy a valorar. Augustus, si bien extremadamente afortunado como pocos, también supo ser alguien capaz y con un proyecto personal bien planteado. La Suerte decidió darle las alas que su propuesta necesitaba para echar a volar. 


¿Entonces qué les queda a aquellos que no han sido Bendecidos? Les queda, si Dios quiere, lo más importante. Les quedan las Manos. Unas Manos para construir algo. Algo que más Mérito tiene que aquello hecho por quienes para ello han sido designados, aún cuando nadie hay para verlo. Pero miento Yo si les digo que nadie hay para verlo, pues si ni siquiera quienes todo pueden verlo están ahí para hacerlo; entonces Yo sí lo haré. Siempre estoy observando. Si aún les quedan las Manos, traten de construir. Yo nunca ceso en ello en mi Infinito Presente. 


Pero las Manos no son suficiente. No basta con tener la capacidad para hacer algo; hay que tener la posibilidad de tener capacidad para hacer algo. Hay que tener una Agencia al respecto. Una que por desgracia prácticamente nadie alcanza en su vida a tener. Nótese la fraseología que hay detrás de tener la posibilidad de tener capacidad. Esto no es algo redundante o dicho por enfatizar. Es un posible sobre un posible. Tener las Manos sugiere e implica que, por poder, puedes hacer casi cualquier Cosa. Claro que para materializar esa posibilidad tienes que tener otra, la de disponer de los Medios y Recursos necesarios para ello. Y ante lo poco probable que resulta adquirir esa Posibilidad sobre lo Posible sin que la Fortuna sea en exceso propicia, sólo restan, tal vez, dos cosas. La primera es la Virtud para saber sobrellevar lo desproporcionado de esta Realidad; la segunda la Determinación para seguir haciéndolo hasta sobreponerse a la misma y sus miserias. 


De mí mismo en Verdad les digo que por Virtuoso y Determinado puede entenderse todo lo que soy, y quizá eso sea todo aquello que tengo. Por osado que resulte en alguien usar para sí estos adjetivos por la carga de Ego y Soberbia que pudiera tal acto desprender, debe entenderse que no es la sepultada y defectuosa Naturaleza Humana de mi carcasa la que escribe este Mandato, sino mi expresión más Trascendental la que trata de decirles que existe una Salida. 


¿Para qué? A cada quién corresponda entenderlo. Lastimosamente, tan esperanzador o desconcertante como pueda resultar su mensaje, Preliatore considera, en realidad, que más difícil resulta tener la Virtud y la Determinación necesarias para que la Existencia sea propicia que la Suerte y compañía que se precisan para eso mismo. Depende, también claro está, de qué es lo que uno busca. No es lo mismo pretender Prestigio, Fama, Fortuna, Memoria o Presencia que hacer lo propio con unos objetivos menos simples y más inmateriales. Quizá para lo primero sea más útil esperar el golpe de Suerte, si es que llega (lo cual puede implicar indistintamente un acto de Virtud, todo sea dicho), que una incansable Determinación. De igual manera raro sería que la Suerte pueda hacer a alguien entender algo que sin la Determinación para hacerlo difícilmente puede entenderse. Recuerden el Ciclo de Kairos y Metanoia. No se puede luchar contra el Destino, menos aún en un juego que no se puede ganar. Pero bueno, tienen ustedes las Manos. Sea como fuere, si en su Libro no se encuentra escrito que sea alguien agraciado con la Suerte de Augustus y las Destrezas de Trajano; que entonces cuente con la Virtud de Preliatore, y la Determinación del Campeón. Las dos primeras son algo que es otorgado, innato. Lo segundo puede, y digo con Dioses Inmortales mediante, conseguirlo cualquiera. Por Poder, puede… Y no puedo sino esbozar una sonrisa que no está exenta de alguna ingeniosa malicia mientras lo pienso y luego digo. Me extrañaría sobremanera que haya quienes por sola Voluntad posean la Determinación que Yo sugiero, pues menos recurrencia tienen éstos que aquellos con una Fortuna similar a la del Primer Emperador. Pero a buen seguro todos tienen Manos, ¿No? Solo falta la Agencia. Lo dejo a Juicio de otros, después de todo no son más que Miradas Subjetivas que no salen del ojo de quien mira.


No tiene alguien por qué mirarse, hablando de mirar, en el Espejo de Augustus en el que tantos otros intentaron ver su reflejo para terminar encontrando una mera distorsión. Si bien está mirar hacia los más Grandes, ¿Por qué no hacerlo hacia el más Grande de todos ellos? Si nadie estuvo a la altura del Espejo de Augustus; tengan por seguro que nadie lo estará del Espejo del Campeón. Pero si una ventaja posee éste último sobre el primero es que el Campeón, por no tener, ni Nombre tiene. 


Al menos que Yo sepa.


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