Partir con ventaja
La Suerte es por mucho el factor más decisivo y determinante en la trayectoria vital de cualquier persona. No es el único, claro. Tampoco es una Sentencia o una Condena en sentido estricto. Pero sí algo que se le parece. Tener mejor o peor Fortuna en una serie de cuestiones hará que tu vida sea un infierno en la tierra o un paraíso terrenal. Por supuesto, y gracias a los Dioses, es algo contra lo que uno puede luchar, aunque las probabilidades nunca van a estar de cara. Suena algo pesimista, pero a mi modo de ver sólo estoy siendo tan realista como puedo ser.
En el Póker, en su variante Hold’em claro está, la mano más fuerte de salida antes del flop (las tres cartas que se colocan en mesa) recibe el nombre de Ases de Bolsillo. Y es exactamente lo que parece ser por su nombre, una pareja de ases. Si tienes la Fortuna de que tus cartas sean unos Ases de Bolsillo tus probabilidades de ganar crecen enormemente. Aunque no debe engañarte el hecho de que la pareja de ases sea la mejor mano inicial posible, no son invencibles y el riesgo de perder siempre está ahí si no juegas con cautela.
La Vida en cierto modo guarda bastantes parecidos con ese juego. Ya saben que la vida en este Mundo también es un juego muy perverso. A mi me lo parece, desde luego. La Suerte, que muchos se empeñan en desacreditar como factor de primer orden en lo que se refiere a determinación para la Vida, está presente en muchos de los aspectos básicos y esenciales de vuestra existencia. No elegís ni la familia en la que nacéis, ni el lugar, ni las condiciones socioeconómicas, ni la genética, ni la estética, ni las aptitudes y cualidades físicas y/o mentales que vais a tener o dejar de tener a lo largo de vuestra vida. Eso es algo que os viene dado y sobre lo que no tenéis ningún tipo de control, autonomía, efecto o capacidad de decisión. Tampoco lo tenéis sobre la herencia que os acabará llegando, pues esto depende de las decisiones y acciones que quienes vinieron antes que tú tomaron o no tomaron. Y no hablo solo de la herencia material o económica, aunque esta sea la más importante a efectos prácticos. En el juego perverso que todo el mundo debe jugar, cada persona tiene diferentes manos iniciales, y aunque todos quieren ganar, es indiscutible que quienes han tenido mejor mano inicial disponen de una ventaja significativa sobre aquellos que no.
Si has tenido buena Fortuna en varios de los aspectos antes mencionados o solo en uno pero de forma desmesurada, entonces tu “mano inicial” puede considerarse buena. Si la has tenido en todos ellos, y encima has tenido la buena Suerte de recibir una gran herencia, entonces tu mano inicial puede decirse que son unos Ases de Bolsillo. Aquellos bendecidos por la pareja de ases y otros muchos con otras buenas manos tienen la buena Fortuna de partir con ventaja.
La Suerte no lo es Todo, por supuesto. Simplemente ocurre la desgracia de que es tremendamente importante. Pero como en todo juego que se precie, incluso aquellos con unas malas condiciones iniciales pueden ganar. Entran aquí (precisamente) en juego la habilidad y la estrategia. Alguien que tenga unas pésimas condiciones iniciales puede dar la vuelta a su situación si tiene la maña necesaria. La cantidad de tanto esfuerzo como Talento (para el cual también se precisa de Suerte) necesarias para ello dependerá de cuán malas fuesen esas condiciones iniciales, a más mala la salida, mayor lo requerido para su remontada. En función de la dedicación que se ponga y las decisiones que se tomen, los resultados pueden dar un vuelco hacia una buena meta a pesar de lo mala que fuese la posición inicial. Lo mismo sucede a la inversa, quien tuviese unas condiciones iniciales idóneas puede, si toma las peores decisiones, terminar en un doloroso derrotero hacia una meta incierta. Mucho deberá, claro está, esforzarse para ello. Tanto como lo hace quien está en una mala posición inicial para salir de ella. Y también necesitará de Talento, aunque se trate de Talento para obrar siempre en la dirección equivocada.
Pero fíjense cómo incluso en esto vuelve a incidir la Suerte. En algunos casos no será necesario que esto suceda. Las cualidades de los sujetos y su dedicación serán suficientes para la consecución de sus objetivos. Pero en la mayoría, un golpe de Suerte aquí o allá será preciso para que los resultados sean favorables. Y lo mismo en dirección contraria, lo que la Suerte te ha dado también te lo puede arrebatar. Partir con ventaja no significa necesariamente que vayas a ganar, pero sí que tienes más posibilidades de hacerlo.
Exactamente eso mismo sucede en el póker. Si tú partes con la mano inicial más fuerte -esos Ases de Bolsillo- tu Suerte antes del flop ha sido increíble. Si tú partes con, convengamos, un 2 y un 7 de distintos palo y color (una de las peores manos posibles) entonces has sido muy desafortunado. Pero todo puede cambiar durante el transcurso de la partida. Supongamos que después del flop, las tres cartas en mesa son más beneficiosas para quien tiene la mano más débil. En nuestro ejemplo particular, entiéndase que sean un 2, un 7 y un -por ejemplo- 4. En esta situación, el que tiene la peor mano inicial pasa a tener una mejoría significativa, con dobles parejas. Y el que tenía la mejor mano inicial sigue teniendo unas posibilidades sólidas de ganar, pero no tiene esa ventaja inicial que era tan grande. Aquí ya ha incidido la Suerte de nuevo, dando esta vez una segunda vida a quien empezó mal y poniendo ahora dificultades a quien empezó bien. Pero más allá de la Suerte, también serán decisivas, a falta de dos cartas más, las decisiones y la estrategia tomada por quienes tienen ambas manos. Si una de las dos cartas restantes es un as, entonces quien tenía la ventaja inicial terminará ganando. Si por el contrario no sale ese as, entonces ganará quien tenía la peor mano. Pero las Estadísticas y las Matemáticas nos dicen que, por lo general, este supuesto no se va a dar con tanta frecuencia, y aun dándose debemos considerar que las probabilidades siempre van a estar en contra de quien tenía la peor mano. Antes del flop, matemáticamente hablando y estimando que hay -como suele pasar- más de dos jugadores (8 por ejemplo y solo para la referencia) el jugador con la pareja de ases tiene muchas probabilidades de ganar, mientras que el del 2 y el 7 lo tiene francamente difícil. La baraja tiene 52 cartas, de las cuales se reparten 16 para los 8 jugadores. Hay 4 ases, de los cuales el que ha recibido los Ases de Bolsillo tiene la mitad. Suponiendo que ningún otro jugador ha recibido un as, los otros dos siguen estando en el monto restante. Con el 2 y el 7 no sucede lo mismo. Teniendo en cuenta que se reparten entre 16 cartas, y restando las dos propias y las dos del que tiene los ases (aunque ningún jugador sabe las cartas del otro) hay 12 cartas restantes en las que puede haber un 2 o un 7 (o varios en ambos casos) en las manos de otros jugadores. Teniendo en cuenta que para vencer una pareja de ases el que tiene el 2 y el 7 necesita como mínimo dobles parejas, sus posibilidades son muy bajas. Después del flop (suponiendo que salga como en el ejemplo que he utilizado), a pesar de que el que posee el 2 y el 7 tiene ahora dobles parejas, las probabilidades de que el que tiene los Ases de Bolsillo reciba otro as para tener trío (y superar las dobles parejas) siguen siendo relativamente altas, y las que tiene el del 2 y el 7 de obtener un full serían mínimas. Obviando el notoriamente importante factor psicológico y estratégico que hay en una partida y centrándonos solo en lo puramente estadístico y matemático, este ejemplo nos sirve para ilustrar cómo tener un buen o mal punto de partida es extremadamente importante en el devenir de los acontecimientos. Dicho de otra manera, para perder, quien tiene la pareja de ases tiene que tener tomar una serie de malas decisiones (ahí entraría ya lo psicológico y estratégico) y tener además de eso una Suerte horrible. Para ganar, quien tiene la mano inicial mala debe tomar las mejores decisiones posibles y, además, tener una Suerte considerable.
Este extenso y detallado ejercicio mental que les he propuesto me sirve para demostrarles que lo mismo sucede en el videojuego divino que es la Vida. Quien tiene las mejores condiciones iniciales deberá obrar siempre de la peor manera para empeorar su situación; para perder, básicamente. Y aun con todo deberá incidir la mala Suerte para ello, especialmente si las condiciones iniciales son óptimas. Y quien tiene las peores condiciones deberá ejecutar siempre a la perfección las mejores estrategias y tomar las mejores decisiones para mejorar su posición; para ganar, en esencia. Y aun con todo necesitará de una muy buena Fortuna para ello. Ambas cosas son factibles, pero probabilísticamente atípicas, por decirlo de forma sutil.
Hasta qué punto puede sonreír o fruncir el ceño a una persona la Emperatriz del Mundo es algo que solo sabe ella misma. Pero estos son los Hechos. Mi mano inicial en mi presente Forma está lejos de ser la ideal, y aun así dudo mucho que pueda quejarme teniendo en cuenta lo miserable de otras muchas a lo largo y ancho de todo el Mundo. No puedo hablar de las vuestras, porque no conozco la totalidad de sus circunstancias. Aunque algo me dice que en su mayoría serán más buenas que malas. Teniendo en cuenta eso, aquellos que tienen la Suerte de partir con ventaja solo tienen que preocuparse de una cosa, y es mantenerla. Si bien no existen garantías en ninguna de las direcciones, ni hacia la Prosperidad, ni hacia la Ruina; los caminos en ambos casos están muy bien marcados y definidos por los caprichos del Destino.
Eso desde una perspectiva neutral, claro, no desde la mía. Como alguien que por lo menos a ratos se debe a la precisión matemática y estadística, y por supuesto a los Resultados; no puedo si no volcarme hacia un fuerte Fatalismo. No se puede luchar contra el Destino. Puedes decidir qué hacer con tu mano, pero no cambiar las reglas del juego. Ya sea yendo desde lo próspero a lo miserable o desde la ruina hacia la holgura, siempre lo harás formando parte de un juego con posibilidades limitadas, predefinidas y preestablecidas. Por lo que tener éxito o no termina siendo simplemente irrelevante. Si se tiene, es porque ha sido posible. Si no se tiene, es porque no lo ha sido, y al mismo Tiempo porque existe la posibilidad de no tenerlo. Pero bueno, ignorando esta cuestión podría decirse que lo más importante es vuestra Suerte con la mano inicial, y luego lo que hagáis con ella. La única variable es la dificultad que corresponde a unos y otros prosperar con ella. En definitiva uno se debe durante su Vida a las Oportunidades que le son concedidas, tras las cuales, de no haberlas aprovechado, solo resta el Remordimiento.
Dicho todo esto, consideren a la hora de jugar sus cartas qué clase de juego están jugando y por qué lo están jugando. Tanto los que tienen la Suerte de partir con ventaja como los que por el contrario tienen la mala Fortuna de tener el viento en contra ignoran que, al final, por el mero hecho de jugar, todos son perdedores, pues todos juegan a un juego en el que no se puede ganar.
Hasta la próxima, jugadores.


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