sábado, 16 de agosto de 2025

Ozymandias

Nada termina Nunca

En lo que se recuerda como una de las más ilustres representaciones de la vanidad y la prepotencia frente a la inevitabilidad de la decadencia por el paso del Tiempo, Percy Bysshe Shelley nos habla del Poderoso Ozymandias, un Rey que creyendo ser más Eterno de lo que le correspondía, dejó como testamento de su idea de sí mismo una imponente estatua. En la inscripción a los pies de la misma, en el pedestal que servía como su base, podía leerse: 

«Mi nombre es Ozymandias, Rey de Reyes: ¡Contemplad mi obra, vosotros los Poderosos, y desesperad!

Lo que Ozymandias desconocía es que si bien esa inscripción sobreviviría al paso del Tiempo, no sucedería lo mismo con el coloso que debía acompañarla, del cual solo quedaban ya unas piernas sin nada que sostener y un rostro desgastado y semihundido en las insondables arenas del desierto, cuya inmensidad se extendía más allá del límite de la vista. Una ironía que solo podía ser meticulosamente fabricada por la crueldad del Destino y el difícilmente soportable sentido del humor del Universo. Una vida de ambiciones y deseos, sin importar la presunta Grandeza de quien las tenga, sucumbe ante el paso del Tiempo como lo hace cualquier otra Cosa, de forma ineludible y, por supuesto, inapelable. Y el Legado material que dicha vida pueda llegar a dejar, sobra decir, también lo hace. 

Ozymandias es, en realidad, Ramsés II, uno de los habituales por aquí y un fijo de Una de las míticas. Pocos personajes del Mundo Antiguo tienen un Nombre más reconocible y un Legado mayor que el suyo. Y el poema en mi queridísimo pentámetro yámbico que porta su nombre trabaja con uno de los temas centrales del Pensamiento Preliatórico: La Impermanencia del Mundo Material. Una impermanencia que es simbólica además de física. No solo lo físico y material es impermanente, también lo son las abstracciones que a esto se adhieren. Por tanto, el mensaje que una obra quiere transmitir acaba indudablemente perdiéndose cuando esta obra deja de existir o -como sucede en el caso de la colosal estatua de Ozymandias- diluyéndose, transformándose. Llegando a veces al punto que aquí hemos podido presenciar, el de la ironía, el del contraste. Contraste entre lo que era y debió ser o haber sido y lo que ha terminado siendo a pesar de que solo una cosa ha pasado entre un punto y otro: Tiempo. 

Los hechos descritos prueban que la solución que Preliatore propone para la Impermanencia del Mundo Material es superior a la que normalmente se suele preferir. La Significancia de la Memoria Individual es superior a la Memoria Colectiva y/o venidera, al Recuerdo ajeno de lo que fuiste e hiciste. Lo que el Colectivo y los Otros piensan de ti es fluctuante, maleable y susceptible a la erosión y la reinterpretación; pero lo que la propia Conciencia considera es algo que siempre estará contigo. Lo que dejas para los demás será consumido. Ozymandias tiene su legado consumido por las arenas del desierto, pero también por otras arenas que no son visibles, las Arenas del Tiempo, y ya no será algo que dependa de ti. Lo que piensas para contigo mismo, sin embargo, es algo que tendrás por siempre y para siempre, y dependerá exclusivamente de ti. Porque en el Mundo Material, un Hombre solo es dueño en Realidad de sus Pensamientos, y si un hombre no es dueño de sus pensamientos, ¿De qué lo es? ¿No es así? La forma más potente de sometimiento, la sumisión última, es la de no controlar los propios pensamientos, de no ser dueño de lo que se piensa. Entregárselos por completo a algo o alguien, o perderlos ante algo o alguien. 

Tras este necesario aunque elongado introito, el Maestro Preliatore nos va a hablar de algo que puede parecerse a su reflejo en fondo y forma. Una Historia que sigue la línea de aquellas que enfrentan al Hombre con el Destino, con la Naturaleza, o con los mismísimos Dioses. Algo que necesariamente obliga al Hombre a convertirse en algo más que un Hombre. Los mayores activos para conseguir aquello que no se puede conseguir; los mayores activos que uno tiene para lograr lo Imposible, son aquellos que no tienen forma material, y por ende no se pueden destruir: Pensamiento y Voluntad. La Determinación para lograrlo por cualquier medio necesario. 

Ozymandias es también el nombre elegido por Adrian Alexander Veidt para su alter ego Vigilante en la novela gráfica Watchmen, en la que cumple el rol de antagonista principal. Adrian es el Hombre más Inteligente del Mundo. Pero un Hombre ante todo. Dotado de más dones de los que cualquier mortal podría desear, pero afectado por las mismas calamidades que éstos pueden llegar a sufrir. Su intelecto no era su única Virtud. Veidt era un hombre muy rico; en excelente forma física, de características óptimas para un humano y al borde de lo sobrehumano; experto leyendo las emociones y el pensamiento de los demás, así como su lenguaje corporal (cualidades propias de los mejores manipuladores); gran ingeniero y especialmente un experto historiógrafo, lo cual define mucho su personalidad. Es alguien carismático, versado en negocios y política, de eidética memoria y, por encima de todas las cosas, de una Voluntad férrea, indomable, inquebrantable. 

Ozymandias demostró ser no solo alguien precoz y talentoso, sino también versátil. Su conglomerado empresarial abarcaba desde la juguetería hasta los cosméticos, como su famosa línea de perfumería "Nostalgia"


Adrian demostró sus cualidades a una edad muy temprana, obteniendo unas notas perfectas en sus exámenes de la escuela. Esto hizo que sus padres y profesores sospechasen de su intelecto, por lo que Veidt decidió obtener deliberadamente calificaciones que se encontrasen en la media desde entonces para ocultar su inteligencia manteniendo un perfil bajo. Cuando Veidt reveló esto, se preguntó a sí mismo qué fue lo que ocasionó esa precocidad, estimando que sus padres no destacaban en intelecto y que no tenían ventajas genéticas de tipo alguno, respondiéndose a sí mismo que tal vez simplemente el decidió ser inteligente. 

Sus padres fallecieron cuando él aún tenía 17 años, heredando una buena fortuna que él mismo decidió entregar en caridad. Incapaz de socializar y considerando que el único humano con el que podía llegar a sentir afinidad murió 300 años antes de Cristo, Adrian se embarcó en un viaje espiritual siguiendo los pasos de aquel que era su ídolo y al que se hace mención previamente: Alejandro de Macedonia. Es tras esta búsqueda de visión cuando Veidt comprendió que Alejandro simplemente era un reflejo de una gloria anterior, en este caso la de los Faraones y, concretamente, aquella de Ramsés II, del que tomó su nombre en griego Ozymandias. 

Adrian se percató así de un linaje histórico e ideológico que en el Pretor no ha pasado desapercibido. Desde que entre el siglo primero y el segundo Plutarco escribiera Vidas Paralelas, el Hombre y su interminable búsqueda de significados y significantes, acompañada de la incomparable pero maldita habilidad para reconocer Patrones, han tratado de construir y reconstruir Significados y Reflejos en la Diacronía. Y eso es algo que desde mi privilegiada posición en el Tiempo puedo decirles que nunca ha cambiado y nunca cambiará. Esto es algo que puede hacerse hacia delante, como propuso Plutarco, con griegos y romanos cuyas vidas eran un paralelo; o hacia atrás, como comprendió Adrian Veidt en su experiencia espiritual. Plutarco considera que Iulius Caesar era el reflejo de Alejandro. Veidt interpreta que Alejandro refleja a Ramsés II. 

Ozymandias es, llegado cierto punto, una Idea más que un nombre. Una Recurrencia en las Eras, otra de muchas, veo. Ozymandias es la decadencia entre el contraste y la ironía de Shelley. Ozymandias es la vida que es un paralelo del paralelo. Ozymandias es, para los más seriéfilos, uno de los más aclamados episodios de la historia de la televisión, y el que pone a Breaking Bad en su climática recta final, con su protagonista, White, enterrando el rostro en las arenas como el coloso de Shelley; y con él, toda su obra termina por derrumbarse en una escena que la cultura popular ha convertido ya en meme. 

Relieve que muestra a Ramsés II capturando a sus enemigos, en este caso un nubio, un libio y un sirio. Ramsés es ampliamente considerado como el más poderoso de los faraones del periodo más poderoso del Antiguo Egipto, y también uno de los nombres más reconocibles de la Antigüedad incluso para aquellos poco o nada familiarizados con la Historia. 


Alan Moore, en las habituales formas de Alan Moore, hace bien en dar a Adrian Veidt un trasfondo histórico y en convertir al propio personaje en alguien obsesionado con la Historia. La Historia siempre está dando forma a lo que nosotros somos. Y esta vez me incluyo junto a ustedes, rara avis, porque todos tenemos una Historia. La Historia da forma a lo que somos, sin importar que seamos Animales, Humanos, Dioses, Alienígenas o cualquier tipo de entidad Mística o Cósmica que se les ocurra; incluso sin importar si Somos o no. Todo tiene una Historia, Nada también, incluso el Tiempo en sí mismo la tiene. Mi elección no fue meramente vocacional, nunca lo ha sido, ¿Saben? 

También en las habituales formas de Moore, incluso tratándose de una obra con un fondo más filosófico y metafísico de lo habitual, el bueno de Alan no puede pasar sin implementar comentario social y político en sus obras. Sucede más notablemente en la distópica V de Vendetta, pero aquí no se queda corto. Sin entrar en lo acertado o desacertado de sus opiniones, la inclusión del contexto político y cultural y, en última instancia, histórico en sus obras es algo que rara vez está mal implementado. En el caso de Watchmen, todos los elementos narrativos e incluso la historia en sí misma están absolutamente condicionados por el contexto histórico y la Historia. Watchmen tiene como punto de partida y elemento central uno de los grandes traumas del siglo XX: La Bomba. Tanto es así que su protagonista o al menos su personaje más icónico es literalmente la Bomba hecha Hombre. Y más en profundidad, Hombre convertido en Dios. 

Vemos como eventos históricos que sucedieron en esta línea temporal como el Asesinato de Kennedy, la Guerra de Vietnam, la Crisis de la Embajada en Irán o la Invasión Soviética de Afganistán son representados en la obra y son muy relevantes para la misma, aún cuando algunos de ellos, más notablemente la Guerra de Vietnam, tienen un resultado significativamente distinto al que tuvieron aquí. Todos estos sucesos se enmarcan en el contexto de la Guerra Fría, quizá el periodo más esquizoparanoide de la Historia de la Humanidad, y el que define lo que es Watchmen y toda la Historia que nos cuenta. La serie de cómics de Watchmen fue publicada por DC Comics entre 1986 y 1987. La Guerra Fría estaba por terminar, pero quienes vivían en ese entonces aún lo hacían en la incertidumbre. Tan solo dos años después de su publicación, en 1989, caía el Muro de Berlín en lo que para muchos uno de los actos más significativos y simbólicos de la Historia Contemporánea. Pero antes de eso, y a pesar de los indicios de agotamiento soviético desde principios de los 80, la amenaza nuclear seguía latente y la sombra de la Destrucción Mutua Asegurada aún era alargada. Apenas tres años antes de la publicación de la serie, Stanislav Petrov evitaba una represalia nuclear por un ataque que nunca sucedió tras la falsa alarma nuclear del 26 de septiembre de 1983, por lo que de forma efectiva previno una guerra nuclear. 20 años antes, durante la Crisis de los Misiles de Cuba, Vasily Arkhipov evitaba la guerra nuclear negándose a disparar un torpedo nuclear T-5 desde el submarino B-59 en que se encontraba. 

El Fin del Mundo, o al menos de gran parte del mismo, estuvo cerca más veces de las que debería durante la Guerra Fría. Y eso son solo algunos de los casos públicos y más conocidos. Como de costumbre en estos asuntos, aquello que se conoce públicamente es solo una parte del total. Es de esperar que durante buena parte del siglo XX hubiese muchos que acabasen sucumbiendo a la paranoia. Estamos hablando de un siglo repleto de traumas, en el que unos cuantos movimientos totalitarios, dos Guerras Mundiales y dos Bombas después no debía ser fácil conciliar el sueño. Un siglo donde las demostraciones simbólicas eran la norma, donde se vencía por la imagen. En la primera mitad del siglo, todos los grandes descubrimientos en Física y Ciencia o, al menos, todos los grandes nombres de la Física y la Ciencia trabajaron directa o indirectamente para un mismo fin. Todos conducían hacia la Bomba. Y en el primer tramo de la segunda mitad todos hicieron lo mismo hacia otro distinto: la Conquista del Espacio. No se trataba, realmente, de lograr grandes hitos científicos o avances por el bien de la Humanidad. Se trataba de enviar un Mensaje. 

Hasta el señalado 1969, la Unión Soviética estaba apalizando escandalosamente a Estados Unidos en la Carrera Espacial. Estaban ganando la guerra por el relato o, en este caso, la Disputa por el Mensaje. La Unión Soviética había mandado el primer dispositivo al espacio, los primeros animales al espacio, el primer Hombre y la primera Mujer. Los Estados Unidos estaban muy por detrás, por lo que pusieron todo su empeño en lograr algo que aún no había sido logrado, llegar a la Luna. Dotando de una cartera con fondos ilimitados y las mejores mentes disponibles. Tenían que mandar un Mensaje y así lo hicieron. La Carrera Espacial terminó y de repente las conquistas espaciales pasaron de nuevo a un segundo plano, ya no era relevante, ya no importaba, el mensaje había sido enviado. Simbólicamente, los Estados Unidos habían ganado la Carrera Espacial, y así ha quedado en el Imaginario Colectivo, a pesar de que el Sputnik, Laika, Gagarin y Tereshkova ganasen sus respectivas categorías. Entre el sesgo de recencia y lo impresionante de la hazaña, Armstrong es lo primero que se viene a la mente de la memoria colectiva. 

Poster propagandístico soviético de 1962. En la inscripción puede leerse: "Gloria al Pueblo Soviético, los Pioneros del Cosmos". Se trataba de enviar un Mensaje, y desde luego que lo hacían. No se puede obviar el contenido ideológico dentro y detrás de toda conquista científica.


Pero no pasó lo mismo con la Bomba. La Carrera Espacial dejó de estar en el primer plano. La amenaza de la Bomba siempre estuvo ahí. Desde que durante la Segunda Guerra Mundial fuese algo que obsesionase a todo el mundo que supiese de su posibilidad de existencia siquiera, la Bomba se convirtió en una cuestión de importancia capital. Esta vez tenemos un escenario distinto y más complejo al de la Carrera Espacial. El temor a que sus enemigos se hiciesen con ella antes que ellos hizo que los Estados Unidos se apresurasen a producirla. El Proyecto Manhattan se encargaría de producir algo más que la Bomba, engendraría la fuente de la epidemia de paranoia de la segunda mitad del siglo XX, cuyos coletazos se viven aún hoy día. Y junto a esta epidemia un Mensaje, el de la Destrucción Mutua Asegurada y, ante todo, la Disuasión. Paz a través de la Bomba. Una paz que la Historia ha probado fue al menos efectiva aún si extremadamente frágil, pero que en aquel entonces, para quien vivió esos años, no hacía más que alimentar el miedo y el pavor al fin del Mundo que conocía. 

Las tensiones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética nunca cesaron. Eran solo eso, tensiones, pero la amenaza de la Guerra Nuclear siempre estaba ahí. Esto es lo que Adrian Veidt temía y lo que terminó por llevarle a su objetivo, su visión final, salvar al mundo de su propia destrucción y de la guerra nuclear, logrando como consecuencia la paz mundial. Ideó un plan meticulosa y minuciosamente diseñado y para ello. El plan de Adrian se basaba en una brillante premisa: fabricar un nuevo problema, un nuevo enemigo que uniese a todas las naciones del mundo, especialmente a la Unión Soviética y los Estados Unidos, contra él. Para llevarlo a cabo, se deshizo de todos aquellos que pudiesen llegar a suponer un problema o a delatarlo, pues el éxito del plan dependía íntegramente de que su ejecución fuese limpia, sin que nada ni nadie sospechase que alguien había fabricado esta amenaza. La película y el cómic difieren en la forma que toma esta amenaza, y es una de las cosas que la película parece mejorar respecto al material original. En el cómic, la amenaza fabricada por Veidt es un monstruo alienígena artificial que es teletransportado a Nueva York y destruye buena parte de la ciudad. En la película, esta amenaza toma la forma de la detonación de numerosas explosiones similares a una de tipo nuclear en distintas ciudades clave del mundo. Cuando el plan se lleva a cabo, los efectos fueron los deseados, los Estados Unidos, la Unión Soviética y el resto de naciones olvidaron sus hostilidades para centrarse en una nueva amenaza. Veidt logró la paz, aunque no fue algo libre de costes. 

Otros personajes de la obra se interponen o tratan de interponerse en el plan de Adrian. Los más notables son el Comediante, al cual asesina y el protagonista de la obra, el doctor Jonathan Osterman, ahora conocido con el mismo nombre que llevaba el proyecto que fabricó la Bomba. Deshacerse de un humano no es algo complicado para Veidt, pero hacerlo con alguien prácticamente trascendente y quasi-omnisciente no era algo tan simple. Ante la incapacidad de destruir o vencer a Osterman, lo único que quedaba era la manipulación. 

Desde su accidente, Osterman obtuvo unos poderes más allá de toda comprensión. Su visión del mundo cambió. Podía hacer prácticamente cualquier cosa, y experimentaba el Tiempo de forma simultánea. Podía percibir y formar parte simultáneamente de su Pasado, su Presente y su Futuro. Lo primero que hizo Veidt fue bloquear su capacidad de percibir el Futuro empleando generadores de taquiones, partículas que operan a velocidades supralumínicas y que algunos teorizan que podrían desplazarse hacia atrás en el Tiempo. Incapacitando esta habilidad, Adrian lograba que Osterman se desconectase del Futuro, pero eso no era suficiente. A pesar de que Osterman parecía ajeno a las emociones y sentimientos propios de los Hombres, mostrándose incapaz de comprenderlos o asimilarlos; Veidt, leyendo su perfil psicológico y analizando su lenguaje corporal, entendió que si bien no podía expresar o comprender las emociones de la misma forma que los demás, esto no significaba que fuese insensible o imperturbable, sino que más bien no lo mostraba con tanta facilidad. Para empujarlo a su auto-exilio, Veidt hizo que Osterman estuviese sobrecargado de emociones, haciendo que en una entrevista televisada fuese acusado de provocar cáncer a todas las personas que le rodean. Superado por la culpa y los reproches, y atosigado por periodistas sedientos de titulares, Osterman se exilió a Marte, dejando vía libre para el plan de Veidt. 

Veidt llevó a cabo de forma metódica lo que había planeado, fingiendo incluso su propio intento de asesinato para alejar toda sospecha de su figura. Hacia el final de la obra y entrando en su momento climático, el plan de Veidt es descubierto por dos de sus antiguos compañeros vigilantes, que van en su busca a la Antartida, donde se encuentra esperando para ver los resultados de su obra. Veidt se aísla en su fortaleza, llamada Karnak en honor a aquella del Antiguo Egipto, y se sienta a mirar decenas de pantallas con distintos canales que cambiasen periódicamente, asegurando que necesita Información en su forma más concentrada debido a la cantidad abundante de eventos en esos Tiempos, en los que ninguno de ellos era verdaderamente insignificante. Cuando uno de sus ayudantes le pregunta si no teme que tanta cantidad de Conocimiento concentrada le haga acabar ebrio, Veidt simplemente responde que no lo cree, alegando que el Conocimiento, la Información, es la poción más sobria que conoce. 

Veidt compara la contemplación de múltiples pantallas con las pinturas impresionista o abstractas. Esta práctica le permite ver pistas sobre el Futuro cuando los significados surgen de una breve coalescencia antes de regresar a la Incoherencia. Una emergente Visión del Mundo comienza a ser discernible a partir del ruido blanco de los medios. Es entonces cuando su observación es interrumpida por la llegada de sus viejos compañeros a la sala en la que Adrian les espera. En el cómic, dicha sala está gobernada por la presencia de un cuadro de Alejandro cortando el Nudo Gordiano en lo que Adrian llamó un claro caso de pensamiento lateral muy adelantado a su Tiempo. En la película, más en línea con el resto del complejo y la figura de Veidt, la sala está gobernada por un busto de Ramsés II, bajo el cual puede leerse la inscripción de Shelley. En cualquiera de los casos, ambos tratan de reducir a Adrian, pero son fácilmente derrotados por este. Entre tanto, decide revelarles su plan con todo detalle. Conmocionados por la revelación, tratan de detenerle, evitarlo y decirle que debe dar marcha atrás antes de hacerlo. Pero en uno de los mejores recursos narrativos del género, Veidt responde: 

"No soy un villano de cómics. ¿De Verdad crees que te habría revelado mi Plan si existiese la mínima posibilidad de que alteraseis su resultado? Lo hice hace 35 minutos."

Adrian lo hizo. Mató a millones para salvar a billones. Cuando Osterman regresó a la Tierra convencido por Laurie, con quien tenía una relación, ya era demasiado tarde. Osterman iba a pedirle explicaciones, pero Veidt lo desintegró con una máquina similar a la que creó su nuevo Ser. No sirvió de mucho, ya que Osterman tenía la capacidad de reensamblarse sin mucha complicación. Estando lo más furioso que podía estar, que no es mucho, confrontó a Veidt, espetándole en unas líneas que tienen destellos del Things you wouldn't Believe de Tears in the Rain de la mítica Blade Runner

"He caminado sobre la superficie del Sol, visto eventos tan pequeños y rápidos que difícilmente podría decirse que han sucedido, pero tu... tu solo eres un Hombre. Y el hombre más Inteligente del Mundo no significa para mi más que la termina más inteligente."

Veidt tenía un último recurso. Un simple mando a distancia. Con él, simplemente encendió los televisores, y todos mostraban una misma cosa: Resultados. El plan de Veidt funcionó, se alcanzó la Paz y las tensiones entre superpotencias desaparecieron. Solo hacía falta que todos los presentes se comprometiesen a guardar silencio. Osterman dio la razón a Veidt. Pero uno de ellos, Rorschach, se negó. Osterman tuvo que matarlo. Después de eso, Osterman habló con Veidt una última vez. Adrian le preguntó si había hecho lo correcto y si había logrado lo que se propuso al Final. Osterman se limitó a responder que Nada termina Nunca. Veidt quedó meditativo. 

Adrian termina la obra con muchas dudas. Su última conversación con Osterman no fue del todo satisfactoria. Como contraste, en Doomsday Clock, Osterman le reconocería a Adrian que estaba equivocado cuando le dijo que nada termina, asegurando entonces que Todo termina. Ni siquiera la proximidad a la Omnisciencia te da la capacidad de tener todas las Respuestas o la garantía de que estas sean las mismas para siempre. 


Sus razones tenía para ello. La obra termina con unos últimos paneles que dan pie a un final abierto. El diario de Rorschach, en el que apuntó todo lo que descubrió sobre Veidt, estaba en manos de la prensa, que en Tiempos de paz necesitaba algo para cubrir titulares y páginas. Eventualmente el Plan de Veidt sería descubierto. Siempre he preferido quedarme con esta historia y no añadir la reciente Doomsday Clock, crossover de dudoso canon, que hace por servir de secuela a Watchmen. Hasta este punto el final abierto al Mundo Post-Plan de Veidt, cuyo éxito quedó patente, era una conclusión satisfactoria. Doomsday Clock no trabaja tan bien con el personaje de Veidt, pero sí que ofrece una conclusión consecuente al Legado de Veidt, en la que una joven chica huérfana obsesionada con él llamada Cleopatra será quien continúe sus pasos tras el Ascenso y la Caída de Ozymandias, esta vez bajo el nombre Nostalgia

El Plan de Adrian conllevaba un crimen de enorme magnitud, pero al mismo Tiempo necesario. Es la materialización del Fin justificando los Medios y la tortilla que no se puede hacer sin romper unos cuantos huevos. Lo logró, triunfó. Al menos así fue hasta que el Destino decidió que hacer con aquel diario. Al final, como siempre, la única vulnerabilidad de algo Perfecto es la Imperfección a su alrededor. Veidt lo tenía todo estudiado, incluso los componentes emocionales y psicológicos -algo que los villanos no suelen hacer- pero no podía controlar todo lo que le rodeaba. Logró incluso exiliar a alguien con los Poderes de un Dios. Pero no podía ejercer control total sobre las acciones y el pensamiento de los demás 

Ozymandias trató de enfrentarse a algo mucho peor que los mismísimos Dioses, trató de enfrentarse a la Naturaleza Humana. Codiciosa, violenta, mezquina... difícilmente redimible. Le queda eso sí el consuelo de haber evitado eso sí la guerra nuclear y el Fin del Mundo, aunque al final la codicia y la guerra volverían a aparecer, porque así es la Naturaleza Humana. El Legado de Ozymandias, como en el poema de Shelley, fue erosionado por el paso del Tiempo, pero pervive fruto de su Determinación, su Voluntad y la capacidad de cargar a sus espaldas con el sacrificio necesario para salvar a la Humanidad. Una Humanidad que no tardaría en volver a su cauce habitual tras establecerse la paz mundial. Una victoria temporal, al menos. Un Oasis en el Desierto. 

Notad que cuando he hablado de Osterman y Veidt rara vez he usado el nombre de sus alter ego. Tiene un sentido, es para preservar el aura y la significancia histórica de la que están cargados. Manhattan por el Proyecto que engendra a la Bomba. Ozymandias por la figura que inspira incontables paralelos. A pesar de que Manhattan ya ni siquiera se identifica con el Osterman que un día fue. Y a pesar de que Veidt es un hombre entregado y consumido por su propia Visión, aquella de Ozymandias. 

En cierto modo, esta entrada es una Apología al personaje de Adrian Alexander Veidt. Del Hombre contra los Dioses, el Destino, la Naturaleza... Pero también una forma de enviar un Mensaje. Y también algo para ayudar a entender aquello de que Nada termina Nunca. Para Shelley, las Arenas del Desierto consumían el erosionado por el Tiempo Legado de Ozymandias en una de las muchas pruebas del cruel sentido del humor del Universo. Y sin embargo ahí estaban las Ruinas, para atestiguar al menos lo que alguna vez fue. Y ahí estaba él, escribiendo sobre su figura. Aquí estoy Yo, haciendo lo mismo sobre la Idea adscrita a su Nombre. En el Mañana, alguien hará lo propio con ello. Si el satírico Decimus Junius Juvenalis escribió aquello de quién vigila a los vigilantes; ¿Quién continuará con esta Línea de la que hablo?

Hablando de la sátira de Juvenal, cuyo significado también ha cambiado con el Tiempo, la línea que marca a esta y otras tantas obras. Esa de los vigilantes. Hace alusión a la dificultad que existe para controlar las acciones de aquellos en posiciones de Poder. En un sentido más amplio, también podría acercarse a lo difícil, quizá imposible, de controlar los actos ajenos. Y esto fue lo que se interpuso entre Veidt y la perpetuidad de sus resultados. O quizá no la perpetuidad, pero sí la prolongación. El sometimiento necesario para que alguien pueda tener sus actos controlados por algo o alguien, ese que afecta a los Pensamientos del que os hablé antes, con frecuencia es Voluntario. No basta con la Manipulación, por buena que sea. 

En cualquier caso, si Nada termina Nunca, tampoco lo hacen las Ideas o los Significados. Simplemente quedan ahí para quien esté dispuesto a verlos o interpretarlos. Porque lo inagotable de todas, el No-Fin, no hace referencia a su Legado o consecuencias Materiales, que eventualmente serán destruidas. Tampoco a su Continuidad, sea o no bajo la misma Forma y Significado. Todo eso tiene su Fin, porque Todo tiene realmente un Final. Lo que marca la diferencia es, al final, y como siempre, lo que significa para ti. Todo termina, pero resuena a su Final. Nada termina Nunca pues, porque Todo resuena al terminar, como Ecos en la Eternidad

Como Ozymandias, Preliatore tiene un Plan. Nadie sabe cuál o siquiera para qué realmente, solo se aprecian algunas fugaces Ideas. Pero al final del Tiempo, al Final de Todo, Preliatore, ante lo Desconocido, se preguntará y se preguntó a sí mismo: ¿Ha valido la pena? Aún no tiene Respuesta. No siempre la hay. No siempre llega. Tal vez solo Yo pueda dármela. Contemplad, vosotros los Poderosos, y desesperad. Tengo un Plan. 

Nos vemos en la próxima, mortales.


domingo, 4 de mayo de 2025

Una Historia de Amor

«La de los libros»

La travesía del Autobús es interminable, y por el camino hace muy pocas paradas. Si acaso, solo lo hace para repostar. No son para nada habituales ni las entradas ni las salidas de pasajeros, y de entre estas, lo son mucho más las entradas, porque cuando uno sube al Autobús es bajo la premisa y la promesa, no siempre cumplida, de no bajar. Porque, a diferencia del Infierno, aquí si hay libre salida, ¿Pero para qué subir en primer lugar al Autobús si tienes pensado bajar? Como pasajero puedes estar aquí todo el Tiempo que quieras y bajar en cualquier momento, pero como Conductor no se tiene esa buena o mala Suerte. Todavía habrá quien se piense que esto iba a ir de libros... pero no, va a ir de algo mejor, hoy hablaremos de una Historia de Amor que nunca sucedió. Una Historia de Amor que será muy difícil de entender. Pero deposito mi confianza en todos aquellos que la necesiten para ello. 

La Vida en el Autobús es durísima y no se la recomiendo a nadie que no esté convencido por sus ventajas. Por supuesto es una de Paz y Tranquilidad, pero el precio del Viaje es alto, quizá demasiado. Y pocos hay que estén dispuestos a asumirlo. Los caminos transitados por el simpático vehículo son solitarios, por lo que rara vez existe perturbación alguna, y a unos pocos nos basta con eso.

Pero hay algo en Preliatore de Hopeless Romantic, de irremediable Enamorado del Amor, aun sin ser por sí y para sí. Es conocida por algunos la tradición shipper que arrastro y que evidencia que algo de disfrute en el Amor que se produce entre los Otros. Porque por supuesto que las personas y personajes que yo digo tienen que estar juntos y amarse profunda y verdaderamente, es Ley Natural. Es conocido por otros el extraño gusto por la música de temática romántica, especialmente la más delulu posible, que con frecuencia domina mis listas sin ser única razón de ello lo pegadizo de sus melodías. 

En la Infinidad que es Preliatore, existe un lugar para el Amor. Pero es un Amor que por supuesto, y en un acto de osadía y rebeldía para con algunas de lo que él denomina sus divinas hermanas y hermanos, solo destina para sí mismo, como debe ser dicho sea de paso. No sería si no fuese así un sujeto tan insufrible y arrogante, especialmente en lo relativo a sus propias abstracciones, las cuales sostienen -legítimamente debo decir- el culto a su(s) propia(s) persona(s). Esto se debe a que en el Teatro que es el Mundo todos cumplimos con un papel en la función, y a algunos, dice, les toca interpretar un Solo. Aquellos que nunca conocen el amor o reniegan del mismo suben en la parada más cercana a este entrañable transporte con dirección a un oasis de paz y tranquilidad, caracterizado por su Serena Belleza. 

¿Puede algo cambiar este Destino? Cree Preliatore siempre en su propio designio por encima de aquellos del Theatrum Mundi, pero es sabedor de lo Imposible de su quimera. Preliatore tiene su propia Historia de Amor, y no por Imposible deja de Creer en ella

Acaeció hace ahora dos años que Preliatore fue preguntado por un buen hombre asolado por la desdicha en el Amor acerca de las posibilidades que tenía el común de los mortales para conseguir algo mínimamente próximo a una relación sentimental en los Tiempos que corren. Muy fácil, replicó el Maestro, lo único que debes hacer es tentar tu Suerte al girar una esquina y chocar de frente con una chica mientras ambos lleváis -por ejemplo- unos cuantos libros en las manos entre otras cosas, propiciando así que se os caigan al suelo. Después de una pronta disculpa, os ayudáis mutuamente a recogerlas y os las vais dando hasta que ambos alcanzáis al mismo Tiempo el mismo libro, haciendo que vuestras manos se superpongan durante un instante tras el que -tímidamente- ambos las retiráis con presteza sonrojados. Además, por algún azar ingobernable, tú te quedas con uno de sus libros y ella con uno de los tuyos sin que os deis cuenta hasta pasado un rato, libros que casualmente os hacen comprender que tenéis afinidad y compartís intereses e inquietudes. Esto conducirá irremediablemente a un segundo encuentro en el que surgirá la magia. 

La respuesta de quién me interpelaba ante semejante explicación no se hizo esperar: «Claro, en Estados Unidos jajajaja». La Verdad es que no puedo culpar al muchacho por su poca fe al respecto. Si bien la probabilidad de que suceda algo tal y como lo que yo expuse nunca es cero; sí que admito que son francamente bajas, máxime en esta parte del mundo. La Historia de Amor que propuse es más un Deseo que una Posibilidad, y poca Posibilidad hay para tal Deseo. No ya para mi mismo, sino para cualquiera. 

Esta Historia, que pasó desde entonces a ser universalmente reconocida como «La de los libros» en alusión a la chica que la protagoniza, nombrada mediante esa misma metonimia. La de los libros, como la vamos a llamar a partir de ahora, no es precisamente el ideal último y óptimo de compañera que tengo, como quizá recuerden algunos; pero es una chica llena de encanto, o así es como la veo en el recóndito rincón de mi Mente en el que fue entendida y descubierta. Presumiblemente con lentes por el contexto, tímida, dotada de gran intelecto y una belleza acorde al mismo, aunque bastante “sui generis”, seguramente rubia -más sobre esto a continuación- y ante todo y por sobre todo noble, pero de espíritu. Pareciera que, incluso en la moderación, el estándar está fuera de toda lógica. Y la historia que la rodea, por espontaneidad y conexión, no es concebible en un Mundo que Preliatore cataloga Sin Amor. 

Recordarán los más fieles y los que en su Omnisciencia me tengan presente que hace un lustro les hablaba un Preliatore del Pasado de ese Mundo Sin Amor. Allí explicaba mi hipotética relación ideal por consenso general, ¿No es cierto? Una basada en la lealtad, la confianza, el respeto y la libertad. Pero una en la que mi compañera debía ser -para ser digna de tal honor- mínimo igual de Poderosa que Yo, siendo realmente ese igual al menos un mínimamente superior e idealmente un ampliamente superior para superar ese mínimo. A mayor diferencia, mejor. Quien hizo la Ley, hizo la Trampa. Preliatore bajo ningún concepto reconocerá en este Mundo a alguien como su Igual, mucho menos como Superior. 

Y no es porque no me gustaría que así fuese, estoy seguro de que sería divertido. Sino porque el estándar es por defecto absolutamente inasumible, es una Diosa en la Tierra. Pero Preliatore, tú decides el límite de tu estándar; pueden ustedes cuestionar. Y sí, es correcto. No obstante, no es el único perfil por el que he mostrado cierta inclinación. Ya en su día, en uno de los legendarios Buzones -volverán, pido calma- expuse los distintos perfiles de persona que pueden ganarse en un momento dado mi atención. Y algunos de ellos no son tan inalcanzables. Para empezar vamos a explicar con más detalle antes de continuar a qué hace referencia eso de ser igual de Poderosa o más que Yo. Porque es una terminología difusa y poco entendible si no tienes mucho trato con el genio extraordinario. Realmente no hace alusión a un poder físico o literal, sino a una capacidad superior. La búsqueda de una compañera de mayor intelecto y Sabiduría, con una personalidad tan Fuerte como o más que la mía, y con una Presencia que me resulte muy difícil resistir o superar, un Aura si lo prefieren y como dicen ahora. Necesito alguien con quien pueda, de hecho, desarrollar un sentimiento de rivalidad. El perfil ideal, creo recordar que expuse allá en Loveless World hace ya años, era poco menos que una Princesa -Noble, recuerdo de hecho que he llegado a insistir alguna vez-, alguien a quien -recuerdo con exactitud esto- poder servirle el té para compartirlo con ella... ¿Más té, mi señora? Jajajajaja, ¡Por supuesto que no es viable! Tal cosa solo es posible en la Historia, en la Ficción y más allá de los Límites de este Mundo, porque el estándar de Preliatore está en aquello que le supera, y aquello que le supera no es en esta Tierra. No para él, al menos, que es lo que verdaderamente define. 

Pero otros perfiles hay que sé que por consenso ellos aclaman. La de los libros, encantadora donde las haya, es una de ellas; pero también está la rubia bubbly, porque Preliatore ama una personalidad burbujeante que contraste y combine con la suya, que también puede llegar a serlo en sus estallidos eléctricos. Delata esto además su preferencia por los dorados cabellos, quizá vinculada a la rareza y la nobleza que ansía en su máxima expresión, o quizá a aquello que ha visto dondequiera que lo haya visto. Por contraposición, es sabido que una mujer fría y profundamente esotérica (Ah, ¿Cómo tienes la audacia, muchacho? Tu y tu Infinita Contradicción) también es de agrado, por supuesto de intensa y marcada personalidad, y esa ha de ser morena, ¿Verdad?... Mas no hay Princesa para Príncipe destronado, y menos hay Reina para Rey sereno, dice Preliatore. 

El Autobús ha sido claro y es claro, venga quien venga. La Princesa, la de los Libros, la Burbujeante, la Esotérica... Las puertas están cerradas a la influencia de Venus. Sí, mi relación con ella pueden tener por seguro que ha mejorado mucho y nunca estuvo rota. Por Afrodita, como tengo por preferencia llamarla, solo siento respeto y... Amor, incluso, aunque del tipo correspondiente, por supuesto. Sin embargo, hay quienes tenemos un Alma que anhela Paz y Tranquilidad, que suspira por la Serena Belleza. El Autobús es mi Pastor, nada me falta. Y es en el Autobús además donde nacen las maravillosas Historias de Amor que nunca sucedieron, pero podrían a otros sucederle. Es aquí donde las contamos, y donde ella las escucha. Porque hay lugar en mi para su Don. Incluso cuando éste no sea para mi. 

La de los libros, quizá más factible en Estados Unidos como cree aquel chaval, es una de ellas. Y yo amo a la de los libros. Sin nombre, sin Ser pero aun Siendo. La chica con la que nunca tuve ese encontronazo al girar la esquina, con la que nunca intercambié libro alguno, a la que nunca vi, ni volví a ver. Y yo me pregunto cómo es posible, ¿Cómo es posible amarte tanto... sin ni siquiera haberte conocido?

Yo soy un Enamorado del Amor, y por eso estoy Solo. La de los libros no ha pasado por mi Vida, pero quizá lo haga por la tuya. O por la de algún otro afortunado que lo merezca. Tu que a ratos por mí has hablado puedes dárselo a quien por capricho desees, trayendo al fin un poco de Love al Loveless World. Confío en ti, en tu criterio, y me gustaría confiar en aquellos que elijas, pero le dejaré eso a quienes por ventura estén ahí para apreciarlo. El embrujo de tu Don no surte el efecto que debiera detrás de estas puertas, pero desearía que lo hiciese más allá de ellas. 

Soy un Enamorado del Amor en un Mundo sin Amor. Y solo quienes comparten mi Pasión entienden mi Locura. Que lo Evocador de mis palabras os sirva de guía. Daos vuestro Corazón, hacedlo Real, o de lo contrario olvidaos de ello. 

Por ahora esto es todo cuanto del Querer tengo que decir. Pero es algo sobre lo que volveré. Hasta la próxima, mortales. Hasta más ver, Amores que nunca tuve. Y hasta la próxima, Querida. 




viernes, 13 de diciembre de 2024

El Mal en la Otredad

 El Bueno soy Yo

Continuaremos próximamente con la serie de entradas, todavía sin catalogar, que permiten tener un mapa de qué y quién es Preliatore, de quién les habla a través de este medio, básicamente. Pero antes de eso, es importante explorar un tópico muy Poderoso, pero también muy peligroso. El Yo o el Nosotros frente a la Otredad y la identificación respectiva del Bien y del Mal con dichas partes. Y no hablo de mi en este caso, sino de la Narrativa subyacente en esta idea. Igualmente, existe una relación con lo que he estado tratando las entradas anteriores. 

Esto que se presenta aquí no es ninguna tontería y de hecho es mucho más complejo de lo que puede parecer de entrada. ¿Quién es el bueno? Yo, por supuesto. ¿Quiénes son los malos? ¿Pues quienes van a ser? ¡Los otros! ¡Claro! ¡Los Malos son Ellos! No voy a ser yo, ¿No?

Definir por contraposición y antonimia es una de las formas de asociación mental más primitivas pero rígidas y sólidas que existen en la Mente humana. Siguiendo una línea de pares conceptuales contrarios, los humanos tienden a entender su Realidad en clave dual. Este Dualismo que, insisto, es rígido y muy sólido, perdura y persiste por una sola razón: Porque funciona. El Mundo se entiende en un modelo de Blanco y Negro, y solo de vez en cuando y más recientemente aparece la idea de la Escala de Grises; pero esa Escala de Grises solo existe por y para cumplir una función intermedia en un par de conceptos contrarios cualesquiera, no puede existir sin ellos y, lo que es más, existe para adherirse a uno u otro en función de la posición que se considere dentro de la escala. Es decir, que fundamentalmente lo único que importa es el par conceptual en torno al que se articule la escala. 

Esto, y permítanme que empiece a dar espectáculo haciendo de las mías, no es ni Bueno ni Malo. Simplemente Es. Y es limitado, claro. Es impreciso también. Es inapropiado, tal vez. Es imperfecto, por supuesto. Está lejos de ser óptimo, ideal, absoluto... Pero es lo que hay, es lo que Es. Y siempre ha sido así. Y no parece haber algo mejor en el Horizonte de Posibilidades. Desde que el humano Piensa se ha tomado este modelo como referencia estructuradora fundamental, y no vas a venir tú ahora a cambiarlo por algo que habría que ver si funcionaría, ¿No te parece?

A la hora de elaborar un Discurso o Narrativa, sin ir más lejos, es estrictamente Necesario tener una Idea que se identifique con el Bien, con lo bueno; y otra contrapuesta que se identifique con el Mal, con lo malo. Generalmente existirá una oposición o incompatibilidad entre lo primero y lo segundo, un antagonismo o carácter antitético para establecer esa relación contrapuesta. Lo mejor de todo es que no necesitas que las Ideas sean genuina o verdaderamente contrarias, ¡Basta con identificarlas como tal! No se necesita siquiera ser coherente. Y es por esto que esa estructura dual funciona a la perfección. Fíjense, por ejemplo, en que Ideas toman los grandes pensadores y filósofos de la Historia de la Humanidad y con qué las identifican. Siempre hay una Idea que es la Buena y otra que es la Mala. El ejemplo que lleva esto al paroxismo lo tenemos precisamente en los padres de la Filosofía, que toman como base de su modelo la Idea del Bien en sí misma como Fin último en torno al que se articula todo su Ideario. Y por extensión, por supuesto, aplica a todos los que siguieron su estela. 

Pensadlo por un momento. Todo discurso (Político, social, ideológico... lo que quieran, realmente) precisa de un Bien y un Mal. ¿Quiénes son los buenos? Nosotros. ¿Quiénes son los malos? Los Otros. Lo que decimos o hacemos nosotros es una pasada brutal, mientras que lo que hacen los otros es una puta mierda que no vale para nada. Y lo mejor de todo es que en caso de que hagamos lo mismo no pasa absolutamente nada, porque si lo hacemos nosotros está Bien y si lo hacen ellos está Mal. Porque nosotros somos los Buenos, y los Otros los Malos. 

Mirad, construir una Identidad no es para nada fácil. Tanto es así que muchos humanos no tienen una identidad propia y personal, sino que forman parte de lo Colectivo y no pueden entenderse a sí mismos sin ello. Y eso es algo sobre lo que vamos a volver ahora, pido calma. Pero el caso es que como resulta que es muy difícil construir una Identidad, hay que empezar por algo sencillo sí o sí. ¿Y qué hay más sencillo que empezar por lo que no eres? ¡Pues nada! Obvio que es lo más fácil. 

Cuando yo te pregunto quién eres -en profundidad, no tu nombre y apellidos, mongolo- lo más probable es que me respondas en base a dos cosas. La primera es con etiquetas y nomenclaturas que ayuden a identificar lo que NO eres y la segunda con exactamente lo mismo paro aplicando a Colectivos (en sentido general y más amplio de la palabra, no en lo particular) de los que formas partes. Etiquetas que esencialmente cumplen una doble función muy clave. Venga va, ¿Qué tienen en común estas dos cosas? Que es indispensable que exista una Otredad para que funcionen. Es imposible que una Identidad se sostenga en términos humanos si no existe un Otro. Les pongo un ejemplo rápido, y sin entrar en polémicas o debates. 

Supóngase que tu te identificas como -me lo invento para no personalizar el ejemplo- canadiense porque por lo que sea has nacido en Canadá o vives allí desde que tienes uso de razón. Y que por lo que sea tu te identificas como mujer, no me meto, insisto. De entrada ya sabemos que eres una mujer canadiense, pero para poder atribuir una identificación o Identidad consistente a esto es necesario que exista un Otro que sostenga estas dos denominaciones. Es necesario que exista algo que no sea canadiense, es decir, el resto de nacionalidades. Y ser mujer (insisto, no entro en el debate eh, me encantaría pero no es lo que toca) nos indica que no eres hombre. Por otro lado, estas etiquetas nos dicen que perteneces a dos grupos con una serie de caracteres, cualidades y elementos comunes que son los que hacen que formes parte de dos colectivos. El cuales son esos elementos comunes ya se lo dejo a cada uno. 

Nótese que, en un estado de presunta neutralidad, estos identificadores tienen otro u otros contrapuestos. Pero no existe una carga de rechazo o antagonismo real. No hay uno que esté Bien y otro que esté Mal. Lo mismo da que seas canadiense que kazajo. Y lo mismo da que seas mujer u hombre. Es así, ¿No? No, ¿Por qué no? Porque eso no es del todo factible y las cosas no son tan simples como parecen. El problema viene cuando se empieza a construir una Narrativa o Discurso en torno a cualquier forma de Identidad e identificación. Que, por cierto, es prácticamente siempre salvo que te encuentres en un estado de ignorancia o desconocimiento total sobre el concepto de turno. Porque siempre habrá cualidades, elementos o caracteres, incluso estereotipos o prejuicios, que asocies con el identificador que corresponda, y por ende la imagen o el mapa mental que tengas al respecto va a estar viciado de salida, atribuyendo cargas negativas o positivas a la Identidad de turno. Por supuesto, ¡y como no! las identificaciones e identidades que yo asocie como más próximas a la mía o a las que atribuya más cargas positivas son las que voy a entender como Buenas; y ni que decir hay que las que tengan mayores cargas negativas o sean más lejanas y ajenas van a ser las Malas. 

Es que incluso concediendo que los identificadores básicos tengan una carga neutra de base (algo objetivamente inasumible, pero hagamos el ejercicio, va) pasa que en algún momento tu mismo, alguna de tus referencias ideológicas, o el mismo Colectivo con el que te identifiques según toque va a construir en torno a ellos una Narrativa que en algún momento va a atribuir una carga positiva o negativa. Y el contrapuesto va a tener, como no, la carga opuesta. 

Va, vamos un paso más allá, supongamos que esto último nunca sucede -risa nasal- y te quedas en un estado neutral. Está bien, perfecto. ¿Pero qué hay de todo lo demás? En algún momento tendrás una ideología de corte político, ideológico, filosófico, social... Lo que tú veas, no importa. Aquí ya no hay otra opción, no hay alternativa. Los Buenos siempre van a ser los que tu apoyes, y los Malos los contrarios por supuesto. Siempre habrá algo que sea la caña y otra cosa que sea una mierda. Algo que es malísimo y otra cosa que es la más buena que hay. 

No hay mejor forma de vender un Discurso. Suponte que yo te quiero vender mi ideario, mi ideología, sobre todo en un sentido político. Como es lógico, yo te voy a decir que yo soy el bueno, o mejor aún, que nosotros somos los buenos. Porque no hay mejor forma de manipular a alguien que hacerle sentir que forma parte de algo más grande y que no se encuentra en un estado de Soledad. Y por otro lado que los malos son Ellos. Los malos son los Otros por el mero hecho de ser los Otros. Son lo contrario, lo ajeno, lo externo. Si yo quiero venderle un Discurso a alguien no le voy a decir que yo soy el Malo, ¿No? Es que si lo hago a ver si voy a ser yo subnormal o algo. Vamos ya hay que ser gilipollas. 

Puesto que a un mortal lo primero en lo que se le educa cuando nace es en un código estructurado en el que hay un Bien y un Mal que definen lo que debe y lo que no debe hacer; lo más fácil para convencer a alguien es conducirlo a identificar lo que te interesa como Bueno y lo que no te interesa como Malo. Desde niños, los humanos crecen aprendiendo a separar el Bien y el Mal en función de las referencias que les proporciona su entorno y los estímulos y la experiencia personal que les acompaña como bagaje. Por ello, es extremadamente fácil convencer y retener a una persona ideológicamente siempre que identifique una postura como Buena y otra como Mala. Curiosa la trampa del código moral y ético de las sociedades humanas. 

Esto que estoy diciendo aquí no es solo el más básico abecé de la Política, es el punto de partida de la estructura mental de la Humanidad y la forma en la que esta organiza sus Ideas. No hay alternativa. El Humano tiene una Naturaleza en estado base dual, y su identificación de las cosas siempre se hará en función de un Dualismo. Fuerte, dominante, rígido, sólido, pero ante todo y por encima de todas las Cosas: Funcional. Claro, esto acarrea no pocos problemas. 

No hace falta decir que esta es la razón por la que tras millones de años de Evolución los mortales siguen destripándose a las primeras de cambio por sus intereses, ideales o creencias. Y es la razón por la que existen todas los principios e ideologías enfrentadas. La razón por la que existen todas las formas de odio en base a una Identidad o identificación, sin importar que esta sea de nacionalidad, raza, género, credo, clase, ideología... Siempre se encuentra el Mal en la Otredad. Pero... ¿Acaso se puede existir sin ser la Otredad de Otros? Realmente no. Tú siempre vas a ser el Otro para Otros, para los demás. Incluso en términos de Colectivo siempre seréis el Otro de vuestra o de otra Otredad. 

No obstante, no hay alternativa. Pero yo tengo la Solución. ¿Cómo se relaciona esto conmigo? Bien, vamos a recapitular un poco. Si recuerdan el último episodio, les expliqué que Preliatore es Uno, y al mismo Tiempo muchos. Esto consigue una genialidad sin precedentes: Tener y reconocer la Otredad en Uno mismo. Y por si fuera poco Preliatore es el Ser y la Idea al mismo Tiempo. Y esa simultaneidad logra suplir la Necesidad de Identificar al Ser por adhesión a otras Ideas y Conceptos. Preliatore no necesita adherirse a algo o asociar ese algo al Bien o al Mal. Inclusive, y a ser posible, él es el Malo de la Película o, el clásico, el Villano de una Historia mal contada. Ah, tan brillante como siempre. 

Desgraciadamente, esta solución no funciona con vosotros porque Preliatore no es humano ni se identifica o define como tal. Que sí, amigos que sí, que esto os parecerán o bien los delirios de grandeza de un loco o bien el evidente síntoma de un trastorno mental irreparable. ¿Pero a quién le importa lo que a ustedes les parezcan Las Cosas? El Bueno soy Yo y ustedes amigos son los Malos, ¿No funciona así? Perdonen, no puedo resistirme a jugar un rato con mis escritos y sus lectores. Considero que hacen que la lectura sea más amena inmersiva, ¿No les parece?

Pero no pasa absolutamente nada. Hay otro tipo de soluciones que conducen a esto sin tener que exigirles que tengan ustedes un carácter Transdual. Y es que ustedes no pueden ser Transduales porque es algo que no forma parte de vuestra Naturaleza ni de sus Posibilidades*, a menos que tengáis un punto de ruptura con ella o estéis genuinamente locos. Pero para algo estoy yo aquí que soy el que sabe. A problemas, soluciones. Anoten. 

[Nota: Personalmente, sí que considero que casi todos y cada uno de ustedes tienen la Otredad en sí mismos, pero no los medios o las cualidades necesarias para reconocerla]

Primero, todo pasa por tomar conciencia y reconocer la ausencia de Neutralidad en la Mente humana. Yo siempre me presento como una entidad objetiva, imparcial, neutra y justa. Pero ustedes no son nada de eso. Pero pueden llegar a serlo reconociendo en qué, cuándo o dónde no lo son. Es extremadamente complicado porque implica hacer ciertas renuncias, pero le toca a cada quién valorar si merece la pena hacerlas o no. 

Y segundo, esta escala dual, este Dualismo del que les hablo solo aplica en ausencia de la Verdad. Cuando existe una Verdad, no aplica eso de identificar algo como Bueno o Malo en función del interés o la postura. Por desgracia, la Verdad es a menudo una gran ausente en esta Realidad, E incluso en caso de estar ahí, el acceso a la misma suele estar imposibilitado en la mayoría de casos. Pero suele estarlo por la falta de medios y/o Conocimiento para acceder a ella. Dicho de otra manera, para que lo entendáis mejor, tener la Sabiduría y el Juicio necesarios para acercarse a la Verdad evitará directa e indirectamente la caída en la aparentemente ineludible escala del Bien y el Mal. 

Y ya está. Qué fácil ¿no? Soy un máquina. Claro, parece fácil, pero esto que les digo es poco menos que un brindis al Sol. Casi nadie tiene los recursos, el Tiempo, los medios o las capacidades para hacer este ejercicio. Y tampoco han perdido la suficiente cordura para ello. A veces pasa. Si esto fuera tan fácil la práctica totalidad de los problemas que tiene la Humanidad y que suceden en este Mundo serían cosa de un pasado muy remoto. Es cierto que nunca es tarde, y que sin duda la Política del Presente es la Historia del Futuro, y quizá en algún momento haya que dar el paso de dejar atrás el Vosotros Buenos y el Ellos Malos. En términos más generales, el Pensar del Hoy es la Historia del Mañana, y para algo que todavía estáis a Tiempo de escribir, qué menos que tratar de hacerlo bonito. 

El Entendimiento es algo a lo que se accede. Y hablo de todos los tipos de Entendimiento. Cuando los mortales no entendéis a los Dioses y sus acciones y designios es por vuestra incapacidad de Transduales. Cuando el Loco es Preliatore, es por la carga ya autogenerada, la Herencia de vuestro Prejuicio. Pero por entender a los que, llamando Otros, son como Vosotros, no perdéis nada. No podéis escribir Vosotros sin el Otros. 

Vosotros hacedme caso a mi, que el Bueno soy Yo, y los Malos son ustedes. Porque si el Mal siempre está en la Otredad, entonces Todos y cada Uno de ustedes son el Mal. Pero me gusta pensar que son ustedes más que lo que reflejáis o dejáis de reflejar en los demás. Que su Identidad, en resumen, tiene un mínimo de Personalidad. Como siempre y para vuestra desgracia, hasta la próxima, mortales.